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Mandela: La música negra sudafricana en tiempos de 46664. Un homenaje diferente al premio nobel de la paz

46664 fue el número con el que el sistema penitenciario sudafricano conoció a Nelson Mandela durante su larga condena de 1964 a 1990, un periodo de tiempo que abarca la mayor parte del sistema de exclusión racial conocido como apartheid. Como este artículo no quiere ser otra relación más de todas las canciones que especialmente a partir de los años ochenta empezaron a proliferar como medida de presión para la liberación de Mandela y el fin del régimen del apartheid, preferimos centrarnos en la música sudafricana de esos años y en la forma en que los músicos de color combatieron el racismo institucional para descubrir que mucho antes de los tótems de la música popular occidental ya había artistas sudafricanos que jugándose su libertad denunciaban abiertamente al régimen racista.

Antes de pasar al periodo concreto que nos interesa, es necesario resaltar que durante los años cuarenta y cincuenta la música ya fue utilizada por la población negra y mulata en forma de canción protesta y como elemento de aglutinador social. En esos años salieron poco artistas conocidos y la mayoría de las canciones eran tonadas populares de origen incierto que cantaban las multitudes en sus manifestaciones y mítines. Una forma de popularización de estos temas fueron los bailes que organizó el Congreso Nacional Africano (CNA) como forma de recaudar fondos y transmitir su mensaje. Huelga decir que la mayoría de las letras usaban ambages y dobles sentidos para eludir la censura.

Muchas de estas canciones fueron posteriormente grabadas, como esta versión de «Ndodemnyama» («Prestad atención a los negros que avanzan») interpretada por Miriam Makeba y que el mismo Mandela reconoció cantar durante su juicio.

Otra canción imprescindible es «Senzenina» («¿Qué es lo que hemos hecho?»), una canción que toma la melodía de una canción funeraria zulú cambiando la letra por una denuncia del régimen del apartheid.

En 1962 Mandela fue arrestado por liderar la rama militar del CNA y dos años más tarde recibió la sentencia de cadena perpetua con trabajos forzados. El conflicto racial fue instrumentalizado por las dos potencias de la época para disputarse su preeminencia con la OTAN apoyando al régimen oficial y la URSS ayudando a las milicias rebeldes negras. Ese mismo año el joven pianista de jazzAdolph Johannes Brand, conocido como Dollar Brand y posteriormente como Abdullah Ibrahim, clasificado por los estándares raciales como «mulato», abandona Sudáfrica a pesar de su éxito cansado del apartheid que entre otras cosas impedía que blancos y negros asistieran juntos a un mismo concierto y vetaba a la audiencia negra hacer uso de los mejores recintos. Con Dollar Brand se iba probablemente el mejor músico de jazz del país; fuertemente influenciado por Thelonious Monk, en el exilio conoció a Duke Ellington que le ayudó a establecer y desarrollar su carrera. Dollar Brand solo retornaría brevemente a Sudáfrica a mediados de los setenta volviendo al exilio poco después asqueado por la situación racial. Su primer disco compuesto en 1965 fue un homenaje a su tierra natal, un leitmotiv que irá repitiendo a lo largo de su fructífera carrera musical:

Anatomy of a South-African Village

Si al aficionado medio a la música le obligamos a decir el nombre de un músico sudafricano, o bien nos dice el de los actuales Die Antwoord o bien dirá Miriam Makeba. Makeba publicó en EE.UU en 1967 «Pata Pata» un disco donde sobresalía la canción homónima, ya cantada por ella desde finales de los cincuenta, que es inmediatamente reconocible como un tema extraordinariamente vital y pegadizo. «Pata Pata» se convirtió en el primer hit global proveniente de tierras africanas y lanzó a la fama a su cantante. Pero haríamos mal en despachar a Miriam Makeba como una pop star sin ideología. En realidad ya desde muy joven se mostró políticamente muy combativa e incluso apareció en 1959 en un documental independiente, «Come Back, Africa», donde se señalaba la criminalidad del régimen del apartheid y cuya participación le valió la revocación de su pasaporte y la obligó a buscar asilo en EE.UU. Allí conoció a Harry Belafonte quien se convirtió en un defensor a ultranza del CNA. Su activismo negro y su matrimonio con un pantera negra la llevaron a ser expulsada en los años setenta de los EE.UU y quedó vetada hasta que Paul Simon la rescataría para el gran público con su participación en el mítico álbum «Graceland» (1986).  Su reconciliación con su país natal no se producirá hasta la salida de Nelson Mandela de prisión.

Pata Pata

Otro extraordinario músico sudafricano de jazz es Hugh Masekela. Cinco años más joven que Dollar Brand y discípulo suyo abandonó el país en 1961 conmocionado por la masacre de Sharpeville donde docenas de manifestantes negros fueron masacrados por la policía.  Establecido en EE.UU continuó allí su formación musical y es donde conocerá a la ya conocida Miriam Makeba a la que hizo los arreglos de «Pata Pata» y con la que contraerá un breve matrimonio. Masekela es un compositor que deja sentir con mucha más fuerza su origen africano, siendo uno de los pioneros del llamado afro-jazz  y presenta además una evidente influencia del soul. Siempre combativo contra el apartheid fue uno de los pioneros en exponer el problema racial sudafricano a las audiencias americanas y europeas. En 1968 publicó Masekela un disco imprescindible para los aficionados del afro-jazz.

If There´s Anybody Out There

problema en fusionarse y evolucionar hacia formas totalmente nuevas. Pero si hay un estilo autóctono reconocible en todo el país éste es el mbaqanga, una exótica mezcolanza surgida en los sesenta y setenta de la fusión de los ritmos tradicionales zulú y sotho con el blues y el jazz norteamericano. Fue creado en los campamentos mineros donde se agolpaban miles de trabajadores jóvenes que no tenían en qué gastar su paga más que en los colmados de las propias compañías mineras y en los numerosos bares ilegales donde vendían alcohol casero. Poco a poco se fue desarrollando un estilo de música que fue llegando a todos los rincones del país especialmente en los entornos urbanos. Sus músicos eran simples trabajadores que pocas veces podían permitirse vivir de su música por el veto que las radios más importantes del país imponían sobre los músicos negros. Hay pocos ejemplos disponibles de la época que nos interesa, entre ellos destacamos algunos temas.

Moses Mchunu – Qhwahilahle

Mahotella Queens – Jabulani Mabungu

Mahlathini – Ngicabange Ngaqeda

A principios de los setenta se asentó otro estilo de música autóctono de Sudáfrica que recibió atención internacional. Fue el llamado cape jazz, en referencia a Ciudad del Cabo, una ciudad portuaria que recibía múltiples influencias extranjeras. Fue un movimiento encabezado por el ya mencionado Dollar Brand e incorporaba elementos tradicionales como en el afro-jazz pero manteniendo un estilo más avant-garde donde primaba la improvisación.

Blue Notes For Mongezi – Fourth Movement (end)

La matanza de Soweto de 1976 donde murieron centenares de estudiantes negros marcó un punto de inflexión en el conflicto. Por primera vez el gobierno no pudo tapar el escándalo internacional y las posturas se radicalizaron en ambos lados con un brutal aumento de la violencia que alcanzó a los países vecinos. La música negra sudafricana tampoco se mantuvo al margen y empezaron a aparecer artistas que hablaban abiertamente de rebelión contra la clase dominante blanca. Uno de estos artistas fue Mzwakhe Mbuli a quien en 1986 vetaron su primer disco y posteriormente arrestado, sometido a torturas y su domicilio asaltado.

Mzwakhe Mbuli  – Now is the Time

Poco a poco la paupérrima industria musical negra se organizó tomando como ejemplo el DIY de las discográficas de música jamaicana. En 1980 la combatividad de Bob Marley en un concierto en la vecina y recientemente independizada Zimbabue supuso una inspiración para una generación de músicos sudafricanos. Es a partir de este período cuando el reggae se irá convirtiendo en el principal referente internacional en los shankytowns (barrios de chabolas) hasta que el hip hop haga su aparición algunos años más tarde.

Lucky Dube – Prisoner

No obstante también es a partir de finales de los setenta cuando la lucha contra el apartheid también recibe el apoyo de algunos músicos blancos sudafricanos aunque al principio el propio CNA los vetó y de igual manera la policía los mantuvo muy vigilados. Muchos de estos artistas se articularon alrededor del movimiento Voëlvry, que no solo estaba en contra de la discriminación racial sino también en desacuerdo con el carácter ultra conservador y aislacionista del régimen.

Johnny Clegg & Juluka – Akana

Johannes Kerkorrel – Halala Afrika!

Roger Lucy – Lungile Tabalaza

Los ochenta fueron la década donde la comunidad occidental por fin entró de lleno en la lucha contra el apartheid y una de sus medidas fue articular un enorme altavoz mediático con el que algunos músicos occidentales expresaron su deseo de un cambio político en Sudáfrica. El desafío musical fue contestado por el régimen con la iniciativa de la publicación de un single, «Together we will Build a Brighter Future», cantado en los principales idiomas del país y con el que pretendían unificar el país. Efectivamente consiguieron la unidad del país pero solo para que se exigiera la retirada de ese bochornoso ejercicio de hipocresía. Todas las copias del single fueron devueltas inmediatamente en medio del escándalo.

Mientras, en el mundo real, un grupo sudafricano activo desde los años sesenta conseguía atención mundial. Se trataba del grupo de música coral Ladysmith Black Mambazo con su álbum Shaka Zulú (1987), producido por Paul Simon, harían escuchar al mundo auténtica música popular del país. El mismo Nelson Mandela se declaró seguidor de la banda y el grupo no dejó escapar la oportunidad de convertirse en el principal referente musical del país.

Rain, Rain, Beautiful Rain

A mediados y finales de los ochenta el activismo político en el ámbito musical estaba dirigido por Jonas Gwangwa, otro músico de jazz que tomó las senda del exilio a principios de los sesenta junto a Masekela y Brand pero que decidió volver para luchar sobre el terreno. En 1987 compuso junto a George Fenton la banda sonora de la película de Richard Attenborough «Grita Libertad», con la que consiguió una candidatura en los óscar, y fue el director de «Amandla», el tour cultural y artístico que el CNA produjo en los ochenta como forma de publicidad en occidente a su causa. La incomodidad del régimen por Gwangwa quedó patente cuando una bomba explosionó en su casa matando a varios amigos suyos y dejándole a él malherido.

George Fenton and Jonas Gwangwa – Cry Freedom

En 1988 con motivo del septuagésimo aniversario de Mandela, y con el régimen sudafricano a la zozobra, se organizó en Londres un macro-concierto en el estadio de Wembley para exigir el fin inmediato del apartheid. Pocos músicos sudafricanos fueron capaces de acudir al evento, solamente Miriam Makeba, Hugh Masekela, Jonas Gwangwa y el grupo Amampondo. Pero el increíble line-up que se consiguió reunir logró un lleno absoluto y permitió recibir muchas donaciones que fueron destinadas a fundaciones de caridad en Sudáfrica. Evidentemente el cerrojo informativo en ese país fue absoluto.

Simple Minds & Peter Gabriel – Biko

Finalmente en 1990 Nelson Mandela fue amnistiado, el apartheid abolido y cuatro años más tarde en las primeras elecciones abiertas el propio Mandela sería elegido presidente de la República Sudafricana. El fin de la discriminación racista oficial no ha conseguido eliminar las tensiones raciales que siguen produciendo víctimas en ambos lados ni tampoco reducir significativamente las desigualdades sociales, hay la amenaza que se produzca un exilio blanco en los próximos años y se ha creado un racismo de los pobres contra los muy pobres focalizado contra los inmigrantes de otros países africanos. Pero al margen de las miserias de la realidad, continúa siendo un ejemplo esperanzador que a pesar de la represión, la censura y el aislacionismo internacional de esos años, los músicos sudafricanos fueron capaces de poder expresar perfectamente los sentimientos de una nación, hacer oír su voz al mundo exterior y al mismo tiempo crear una de las escenas musicales más vibrantes, originales y hermosas.

Nkosi sikelel´ iafrika

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