Mudhoney (Sala La Paqui) Madrid 18/09/22

Al igual que ocurrió con James, The Waterboys o New Model Army (que, de hecho, actuaban en la ciudad justo el mismo día), Mudhoney aprovecharon su paso por el Visor Fest de Murcia para ofrecer sendas fechas en Barcelona y Madrid. La veterana banda liderada por Mark Arm formó parte de aquella escena grunge que, a finales de los ochenta, llegó a todo del mundo desde Seattle y con el empuje del mítico sello Sub Pop. Tres décadas después, Mudhoney continúan publicando nuevo material de manera regular –su último lanzamiento hasta la fecha, Digital Garbage (Sub Pop, 18), data de hace cuatro años– y girando con la intención de ofrecer convincentes conciertos, como el que completaron la pasada noche del domingo en la sala La Paqui (hasta hace poco conocida como sala But).

Tras el animoso calentamiento que supuso la actuación de Los Chicos en su papel de artista invitado, el paso de Mudhoney por Madrid quedó certificado como un revival en toda regla, de esos sin trampa ni cartón y que trasladó a los asistentes a una época en la que no existían móviles ni Internet, en la que la música se consumía de una manera física, romántica y tenía más peso propio en las vidas de quienes se sintieron fascinados por esos sonidos primigenios que llegaban desde el otro lado del charco. El combo demostró, a su vez, que continúa albergando la mala baba suficiente como para que sus actuaciones resulten expresiones realistas y creíbles de esa rabia inherente a su personalidad. Una manifestación expresada en forma de canciones agresivas, asfixiantes y sin concesiones del tipo de “I’m Now”, la más reciente “Nerve Attack”, “Good Enough”, el trío de ases consecutivo formado por “Touch Me I’m Sick”, “Sweet Young Thing (Ain’t Sweet No More)” y “Suck You Dry” o, ya en los bises, “In ‘n’ Out Of Grace” y “Here Comes Sickness”.

Apenas noventa minutos fueron suficientes para que el grupo desplegase todas su electricidad noventera, en una velada tan contundente como bien manejada a través de un sonido incuestionable. Un retorno a otra época en base a composiciones que, de paso, apuestan por una aspereza y visceralidad adicionales cuando Arm deja su guitarra para centrarse es un desgañite vocal importante, con la inesquivable sombra de los Stooges de Iggy Pop apareciendo en escena con frecuencia. Mudhoney dejaron pocas quejas entre sus fieles –los mismos que habían rescatado sus camisetas de Hüsker Dü, Soundgarden o Nirvana– y tiraron de oficio y aspereza para definir un concierto que, en la práctica, ofertó justo lo que de él se demandaba, sin sorpresas adicionales ni extraños giros fuera del guion.

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