Nudozurdo + Modelo de Respuesta Polar – Wah-Wah Club (Valencia)

Mismo lugar, misma hora. Y, casi un año y medio después, misma sensación: Nudozurdo lleva ya una buena temporada paseando el que posiblemente sea uno de los tres mejores directo de este país. Aun con los cambios en la batería (ahora con Josechu Gómez), la cosa fluye de una manera asombrosa en vivo; entrar en Nudozurdo debe ser como subirse a un tren en marcha.

Una de las mejores bandas valencianas del pasado año, Modelo de Respuesta Polar, sirvió de perfecto preámbulo para lo que nos esperaba. Lo auguraba el compañero Iñaki Espejo en la crónica de su concierto en Barcelona: si la acústica de la sala acompañaba, con el disco más asentado, el próximo concierto podía ser “histórico”. Yo creo que, al nivel que están, cualquier concierto de Nudozurdo puede ser glorioso. No necesitan nada de su parte. Ayer, sin ir más lejos, no necesitaron ni al 100% del público de su lado. La verdad, me cuesta entender a la gente que va a conciertos y le da la espalda al escenario. Ayer había unos cuantos, que además hablaban a gritos y daban bastante vergüenza ajena cuando solapaban sus voces con “Dosis modernas”. Aunque el premio a la mejor denostación de la raza humana fue para los individuos que asaltaron el escenario antes del bis. Lamentable acto de zafiedad trasnochada.

Vergüenzas aparte, el concierto fue sensacional. Abrieron con “El diablo fue bueno conmigo”, “Prometo hacerte daño” y “Golden gotelé” para volarlo todo por los aires a las primeras de cambio con “Ha sido divertido”. Es asombrosa la capacidad que tienen Leo Mateos y compañía para versionar sus propias canciones y darle mil matices distintos en cada ocasión. Ayer, además de defender muy bien canciones de cierta dificultad en directo (“El diablo fue bueno conmigo” o “Mensajes muertos”, por ejemplo), desmontaron más de una canción para reconfigurarla a su antojo.

De su último disco, Tara Motor Hembra (Everlasting Records, 2011) cayó todo salvo “No me toquéis” (igual por eso no la tocaron), “Conocí el amor” y “Sueño demo”. Preciosa y especialmente estimulante fue “Golden gotelé”, con un atrezo sonoro a su alrededor ideal para la elevación del alma. Algo parecido ocurrió con “Prueba/Error”, abanderada de esa actitud más ruidista con la que Nudozurdo se planta ahora en los escenarios. Fue de las más celebradas de la noche, junto a la efervescencia femenina en “Mil espejos” y, por supuesto, la versión de once minutos de esa barbaridad con la que cerraron el grueso del setlist que es “El hijo de Dios”.

Tras ella volvieron al escenario para irse de verdad con “Láser love” y “Negativo” (su distorsión siguió con ellos en el camerino). Y volvieron, seguramente, porque disfrutan tocando y les sobra la vergüenza que les faltó a algunos durante el concierto. Quedarse en el backstage como arrebato hubiera sido bastante razonable.

La vocación jam de desparramar electricidad, junto a la enormidad interpretativa de Leo, hizo saltar la sorpresa de la noche: una canción de su nunca suficientemente bien ponderado primer disco se llevó el galardón a la mejor de la noche. No fue “Utilízame”, en la que Leo se comió alguna frase, sino “Dentro de él”. Quién lo iba a decir. Mientras Meta machacaba el bajo, Leo hizo lo de siempre, mirar al horizonte y autoexorcizarse delante del micro. Lo suyo con Ian Curtis debe pasar de moda ya, Leopoldo Mateos es Leopoldo Mateos. Y el directo de Nudozurdo es, ahora mismo, un acontecimiento que nadie debería permitirse dejar pasar. Imperdible, señores.

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