Núria Graham – Marjorie (Primavera Labels/Universal)

Siempre se ha dicho que el tercer disco de un artista es el más crítico, dado que el primero está formado por las canciones, digamos, “de iniciación”, el segundo, las canciones de aprendizaje y el que hace tres, en teoría, debe ser la confirmación de que el artista ha llegado para quedarse. Pero ¿Qué pasa con el cuarto disco? ¿Es un más difícil todavía? ¿Es una confirmación de la confirmación? ¿Debería ser acomodaticio con un estilo ya edificado?

Imagino que todas esas preguntas, esas ligeras presiones, han tenido que resonar en la cabeza de la cantautora de origen catalano-irlandés Núria Graham en el momento de gestar las canciones que conforman Marjorie, el que hace cuatro en una discografía más que impecable en la cual, el tercero, Does It Ring A Bell? (2017), resultó ser toda una celebración del gran talento de esta mujer, que lo tiene todo para ser uno de los nombres más relevantes en el panorama actual de nuestra península.

Por eso Marjorie es, ante todo, un disco eminentemente personal. Un ejercicio hasta de psicoanálisis, si me apuran. La Graham da, a través de su contenido, numerosas pistas geográficas, familiares, sentimentales, de lo que ha sido su recorrido vital desde su nacimiento en Vich en 1996 hasta estos días en que su carrera va viento en popa, incluso en estos tiempos inciertos que nos toca vivir. Hace tan sólo unos días, Núria emitía en streaming desde redes sociales uno de esos conciertos “desde casa” que tanto han proliferado durante la cuarentena y debo decir que ha sido uno de los más bonitos y por tanto, más balsámicos, que han contemplado mis ojos, precisamente por su desarmante sencillez.

Y es que ella nunca ha necesitado de gran artificio para resaltar. Sus canciones guardan el justo equilibrio entre lo clásico y lo contemporáneo, suenan tan próximas a Carole King como a Caroline Rose, a Bacharach como a Hand Habits; y están compuestas con tal precisión que una vez asumidas, se aposentan en el núcleo duro del cerebro para no abandonarlo en mucho tiempo. Su voz es atractiva, sin ser demasiado diferente a otras, pero sí usada con estilo y equilibrando perfectamente su exhibición. Su forma de interpretar es totalmente honesta, pone en ello todo el corazón y eso la hace digna de toda nuestra atención, sin estorbos.

En Marjorie, disco eminentemente pop, desde un punto de vista reposado, algo dreamy y con acento, como decíamos, en lo autobiográfico, han primado tanto la concisión -dura media hora- como una elaboración más cuidada en el estudio o, mejor dicho, algo más alejada de los elementos analógicos de lo que nos tenía acostumbrados en anteriores trabajos, para lo cual ha contado con la inestimable ayuda del bajista y productor Jordi Casadesús en el estudio que éste tiene en Vich. Antes, las grabaciones eran más la plasmación de lo que se había preparado en el local de ensayo y ahora se han preocupado más de generar atmósfera. Se nota desde que empieza a sonar la inicial “Connemara”, una de las piezas basadas en Irlanda, tierra natal de su padre, en concreto, el lugar de vacaciones de su familia paterna y donde residen sus tíos.

Connemara va desperezándose lentamente, como si fueran las siete de la mañana y empezara a amanecer. A medida que pasan los segundos va llenándose de luz y llegando al final resulta pletórica, un primer plato perfecto para lo que está por venir, que como es bueno, transcurre como una exhalación: el irresistible encanto melódico de un single de libro como es “Do you wake up for a while everyday” da paso a momentos de ensoñadora introspección como “Marjorie”, que está dedicada a su abuela paterna y no supone, además, el único título que lleva nombre de mujer. Tres son las canciones que hacen ejercicio de sororidad en un disco especialmente femenino: tanto “Hazel” como “Shirley” -van seguidas las tres- se nutren de historias contrapuestas. La primera es una joven de vida relativamente convencional que podría ser la misma Núria Graham y la segunda, una dealer. Ambas, cómo no, dotadas de una estructura melódica preciosa, de esas que hacen gala de una sensibilidad poco común.

La segunda mitad del disco se inicia con “Heat death”, de irresistible estribillo en el que su autora confiesa “buscar respuestas cuando sé que no hay”, cierta oscuridad que contrasta con lo cristalino de la composición, igual que ocurre también con “Another dead bee”, la más animada del conjunto la más reposada “The stable”, en la que habla de una difícil ruptura sentimental (“creo que no voy a tener pelotas para dejarte, creo que seguiré aquí en el establo”).

El disco finaliza, curiosamente, con dos versiones: “Toilet Chronicles” es la versión libre, trasladada al inglés de “Amor de garrafa”, un tema de Power Burkas, banda amiga más tendente al punk y al garaje. Núria Graham la ha hecho totalmente suya, como ha hecho también con un original de su tío Neil, hermano de su padre, que descubrió en una vieja maqueta. “On returning” da así el cierre perfecto a un disco que raya la perfección y transcurre como si fuera una sóla canción, pero con todos los matices necesarios para ir pellizcando donde toca para resultar uno de esos discos que hacen compañía cuando más preciso es.

El cuarto disco de Núria Graham trasciende, por tanto, la maniobra de confirmación, para convertirse en toda una obra de madurez de una artista sobresaliente. Lástima que lo de ver su presentación en directo, se hará esperar más de lo deseable. No obstante, un disco parido desde tan adentro puede ser ese gran amigo que necesitamos todos en estos tiempos de catástrofe y confinamiento para dar algo de luz a nuestra alma maltrecha.Nos quedaremos con eso, al menos por el momento.

Escucha Núria Graham – Marjorie

 

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