Pumuky (Sala Maravillas) Madrid 22/04/21

Es imposible evitar la sensación de tristeza y de rabia con la que uno se dirige a un concierto hoy en día. Una sensación que jamás debe evitarse o normalizar; asumirlo, vaya. Como escribí una vez acostumbrarse es aprender a morir.

Muy por encima de esta creencia, se encuentran las citas ineludibles, los pequeños grandes imposibles milagrosos que logran el tesón, la generosidad, el arte más puro y la voluntad. Todos esos factores convergieron para volver a ver a Pumuky en Madrid este pasado jueves a través de dos pases consecutivos en la mítica y acogedora Sala Maravillas.

Los canarios, convertidos en dúo hermanado, contaban con el reto de defender un cancionero portentoso que, en su momento, pude admirar con banda al completo en la gira del ya mítico El Bosque en Llamas (09) y su lógica continuación, aún más orgánica en su concepción si cabe, que fue Plus Ultra (11). No obstante, contaban con una reciente obra que se adaptaba como un guante al formato: el inquieto y electrónico Castillo Interior (20), revelador y de múltiples texturas.

Pues bien, la reencarnación a cuatro manos de Pumuky logró la hazaña de reconstruir un sonido ampuloso y rico a través de secuencias, bases, pedales, guitarras tan bonitas como flamígeras (exquisita la ejecución de Noé Ramírez) y un apasionado Jaír Ramirez dando forma sobre el escenario a su particular universo lírico, tan frondoso como personal.

La primera parte de la velada tuvo como protagonistas rescates memorables de Justicia Poética (15), ese disco bisagra que despedía a los Pumuky más post-rock/slowcore y daba la bienvenida a los más sintéticos. Conmovedor inicio con “La venganza de Rubik” que dio paso a una “Escritura automática 9mm” emocionante, culminando con la impresionante y cruda “La culpa y el librepensador”, un momento realmente conmovedor e íntimo.

La parte central del show se basó en la ejecución íntegra de su reciente EP, destacando una rocosa “Castillo interior” y las encendidísimas interpretaciones vocales de Jaír en la cimbreante “Realidades aumentadas” y la oscura “Doppelgänger”.

Para terminar, un repaso a viejas glorias, su clásico “El eléctrico romance de Lev Termen y la Diva del Éter”, inusitadamente eléctrica, y un colofón de altura suprema: la letanía infinita que es “La metamorfosis”, provocando una tormenta de fuego capaz de reducir a la nada cualquier intento fatuo de convertir lo anteriormente conocido como vida en el más inane sucedáneo. Imprescindible y sanador.

 

 

 

 

 

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