Conciertos

Standstill y la Bonaparte Ensemble – Teatros del Canal (Madrid)

Con la solemnidad que acontece cuando una banda de pop-rock se fusiona con una orquesta, a pesar de que en rigor aquella tarde se  trataba de un ensemble, Standstill, los nuevos predicadores de la música en español, se hicieron acompañar (más acertado sería decir “integrar”) por la Bonaparte Ensemble, lo que vino a ser un cajón desastre donde cupo desgajar todo tipo de asociación musical, despedazando una orquesta.

Con fe ciega nos arrodillamos en las butacas, vendidas al 80%, para ver como Eric Montefusco explicaba que la noche iba a ser muy especial y que íbamos a disfrutarlo, supongo que haciendo alusión tanto a la segunda como a la tercera persona del plural.

Empezó aquello con un madre del amor hermoso, la versión potente de la angustiosa “Todos de Pie (Prefacio)”, sirvió de buena presentación sobre las virtudes del cuarteto de cuerda, dando cuenta ya desde la primera canción de la magnificencia que acampaba sobre las tablas del teatro. Y a continuación una amalgama de rugido, una obertura triunfal de ópera cruda, una potencia aclamada por los golpes de la introducida percusión, que desplazó la catarsis final de teclados de las versiones de estudio y que sobrecogió a tanto corazón anhelante, el de los fieles seguidores del grupo.

Continúa la gala con “Ayer Soñé Contigo”, y mi subsconciente pronuncia Radiohead, pero en seguida es corregido por mi raciocinio, el poco que me queda ante tanta emoción bien dirigida, que me habla de These New Puritans y su Hidden live! (aquel espectáculo que vimos en la pasada edición del SOS 4.8, compartiendo cartel con Standstill)
 
¿Recuerdas la impresión que da la primera caída de una montaña rusa? Eso fue el concierto. Una luminosidad exacerbada, a pesar de la oscuridad de sus letras. La banda y el grupo supieron abandonar la etiqueta de arty, que aturulla en sus discos, para en el directo arremangarse los bajos del pantalón y meterse de lleno en la música: pura, simple, llana, compleja y potente puesta en escena de canciones.

Entre tanta retórica y épica, a la realidad nos devolvió la anécdota en la que Piti Elvira tuvo que ser llamado a la atención por Montefusco de una manera muy solvente, para que ocupara  su sitio, ahora baquetas en mano, otrora guitarra al hombro. Gajes del oficio cuando hay once músico deambulando con pasos cambiantes en un escenario: Todos hacen todo, Todos hacen poco y Todos saben hacer mucho.

Cuando pasada ya la mitad de la noche, Standstill abordan su “1,2,3 Sol”, el público agradece su trabajo con un aplauso improvisado y ellos responden quedándose solos en el escenario, sin la Bonaparte Ensemble, diciendo aquí estamos con vosotros, porque somos por vosotros.

Recuperada la formación de la Bonaparte Ensemble, rescataron también alguna canción de su primera época, aquella en la que todavía cantaban en inglés, llenando de ropajes de cuerdas una composición suave que sin duda ganaba en cuerpo. Sin embargo cuando le tocó el turno a  “La Familia Inventada”, una de las más esperadas, el acompañamiento especial de la “orquesta” no supuso un valor añadido para la canción. Pero seamos positivos, eso demuestra la perfección que ya logra la versión de estudio.

Llegando ya al final, Standstill hicieron cierre “à la Franz Ferdinand”, todos en torno al batería, para tras un par de tentativos bises (entre los que se incluyó una ejecución magistral del “Adelante Bonaparte” que puso al teatro literalmente de pie) acabar con una bella “Canción Sin Fin (Epílogo)”.

Esa noche Todo fue belleza. Belleza carente de inmediatez.

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