Swans – The Seer (Young God Records)

Más vale no especular con qué objetivos se sentó Michael Gira con su acústica al empezar a dibujar estas once canciones y limitarse a disfrutar de uno de los discos más ambiciosos y ciertamente logrados del año. En la nota de prensa el mismo Gira informa que para realizar The Seer –vidente en inglés- han sido necesarios todos y cada uno de los treinta años de carrera de Swans. Ante una declaración así uno se siente tentado a querer afirmar que estamos ante la obra cumbre del grupo o el trabajo destinado a sublimar toda su carrera. La verdad es que en relación a la abundante discografía de Swans, The Seer queda no tanto como su culminación, no tendría mucho sentido compararlo con discos tan celebrados y diferentes como Children of God (1983) o Soundtracks for the Blind (1996), pero sí como otra nueva y  afortunada reinvención de una de las bandas con uno de los universos más personales y oscuros del panorama actual. Si de algo ha de servir este disco, aparte lógicamente de darnos algunos de los mejores momentos musicales del año, es para que Swans pongan con firmeza los pies en este nuevo siglo y atraigan hacia su establo esas nuevas generaciones adictas solamente a las novedades más rabiosas. 

Al intentar adjetivar el nuevo trabajo de los Swans –doble disco, casi dos horas de rodillo sónico -, la única palabra que viene una y otra vez a la mente es épico. Más allá de este término que consideramos inamovible los demás adjetivos vienen y van a medida que avanza un disco donde cada canción alberga un mundo entero para explorar. El mismo estilo se hace imposible de definir. Unas veces avanza por unos de los post-rock más contundentes desde Yanqui U.X.O (2002), otras sigue la senda del gothic rock con que el que ya nos acostumbró Gira con su otro proyecto The Angels of Light, y luego sigue por donde le sale en un disco donde las etiquetas de poco sirven. ¿Cómo hay que tomarse una canción como “The Seer”, homónima al disco, que dura tanto como muchos discos y donde sus larguísimos pasajes parecen la banda sonora de un western ambientado en un post-apocalipsis nuclear? ¿O “Mother of World”, que contiene al menos tres canciones diferentes cada una con una respuesta distinta? ¿O “A Piece of the Sky” donde un drone árido de más de diez minutos desemboca en una canción folk de afable continente aunque desoladas letras? La única experiencia válida ante un disco tan exigente como este solo es la rendición ante su desarrollo. No es mala idea tomarse un respiro entre las dos partes del disco. Resulta obvio y recurrente pero nunca está de más advertir que un disco de estas características solo puede ser amado o odiado, ambas posturas son válidas desde la experiencia subjetiva pero The Seer merece un respeto ante la propia exigencia desmedida de sus objetivos y resultados. Hay gente a la que no le gusta el fútbol pero disfruta con Messi. Sería algo parecido.

El status reverencial que inspira Swans se hace evidente, aún cuando resulta evidente su nuevo florecimiento tras una larga pausa de varios años, al chequear la lista de créditos donde encontramos colaboraciones como las de Low, Karen O, Akron/Family, Big Blood y una larguísima ristra de músicos que han participado en una producción que, de nuevo, solo puede ser calificada de épica. Producción a manos del propio Gira y en su propio sello como es habitual en sus discos.

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