The Jim Jones Revue + John J. Presley – Sala Arena (Madrid)

Es muy sencillo hacer un resumen de la noche. Lo es porque aquella noche fue una estampida de rock´n´roll sin disfraces ni tapujos. Además estaba el añadido de una despedida por todo lo alto, de modo que el adiós de The Jim Jones Revue a los escenarios fue un directo sin fisuras ni parones que estalló desde el primer momento con volumen y grosería, como debe ser.
La velada fue abierta por el rubicundo John J. Presley que, junto a un batería y una teclista que también le daba al armonio, con escasa fortuna, presentó unas canciones que, apuntando buenas maneras de rock crudo y reminiscencias blues , no desentonaba en la noche. Por eso es que un buen sector de la gente no pasó del todo de su actuación y supo aplaudir un repertorio que fue ascendiendo hasta un final que no cansó en absoluto.
Tras las maniobras de escenario de rigor por parte de los técnicos de turno, saltaron los capos de la reyerta y, desde el principio, soltaron fuego. “It´s gotta be about me” plantó las credenciales de los británicos en la frente de todos con una actitud que tenía toda la pinta de mostrarles como los ganadores de la noche. Y así fue.
Desde que empezaron su set, y hasta la última canción, The Jim Jones  Revue antepusieron su sonido y sus canciones con una actitud avasalladora. La táctica fue tocar y enlazar canciones sin dejar mucho tiempo para tomarse un respiro. Entonces el concierto se convirtió en una trepidante muestra de rock, garage, soul, blues, punk y demás dardos que supieron clavar con verdadero convencimiento.
Argumentos no faltaron, su discografía se ha sostenido en una ascendente vitalidad que, bebiendo de la tradición, se ha compuesto para sudar y hacer sudar a quien la escuche sin tener que recurrir a adornos. Por eso, era imposible quedarse clavado en el suelo de la sala, porque sus guitarras, el pulso del bajo, el trote de la batería y el trajín del piano disparaban por los aires a un Jim Jones que arengaba moviendo la cintura y señalando de tú a tú al público.
“Shoot first”, “Chain gang”, “Rock´n´roll psychosis”, “Righteous wrong”, “Collision boogie”, “Dishonest John”, “Another daze” o “Princess and the fog, entre otras potencias, sonaron con la chulería necesaria para mantener el ritmo sin que hubiese fisuras y sin bajar el componente carnal que siempre ha bullido en su música.
Evidentemente el respetable entró en el juego de la banda y, de una manera graciosa, se montó una especie de pogo, que parecía hecho por gente que nunca había participado de uno. Esto parecía enternecer a los músicos que contribuían con mayor intensidad al festín. Y, nuevamente, Jim Jones supo conducir los tiempos para que, finalmente, y tras una veintena de hits y varios bises, llegase el momento del adiós.
Ese adiós que nos dejo The Jim Jones Revue tuvo un sello de fiera dignidad. Lo importante quedó dicho, sonó y movió a los asistentes. Lo importante fue dejar que su rock´n´roll hablase por sí solo. Con rabia y deseo. Bien por ellos y por los que tuvimos la suerte de verles.
 

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