Triángulo de Amor Bizarro – Victoria Mística (Mushroom Pillow)

Está bien que el panorama indie español se vaya haciendo reconocible por esas voces que, fundamentalmente, hacen lo que les da la gana. Que lo vayan acaparando esos nombres a los que nadie se atreve a dictarles ni una coma. Triángulo de Amor Bizarro es uno de esos casos. Con sólo dos discos en el saco, los gallegos entraron en el estudio, grabaron y produjeron lo que les salió del alma, se espolsaron las manos a la salida, se lo mandaron a Manny Nieto (HEALTH) para que lo mezclara, y a otra cosa. Dentro quedaron nueve canciones y otra victoria.

Victoria Mística, con un Rubens enroscado en la portada, es, sin embargo, el disco menos retorcido de Triángulo. El menos esquizofrénico, el menos escurridizo. La broca menos ensortijada. A pesar de que su comienzo con “Robo tu tiempo” hace pensar otra cosa, la realidad es que todo está mucho más medido de lo que parece. Lo bueno es que uno no se da cuenta. Lo más probable es que la grandiosidad de Victoria Mística resida en que Caamaño, Cea, Mallo y Zippo han conseguido cribar lo mejor de cada una de sus anteriores referencias y le han dado un brillante baño de noise-pop con aspecto de grandes éxitos ficticio.

Esto es así: hay un viraje pop más que evidente. Lo que no justifica las comparaciones con The Pains of Being Pure at Heart más allá de la anécdota; que no os engañe el pop, ni la maravillosa conquista de este disco por parte de Isa Cea, voz mediante. En realidad, sigue habiendo mucho de todo lo anterior y este disco sólo se parece a Triángulo de Amor Bizarro. Victoria Mística vuelve a tener consignas mágicas como las de “Estrellas místicas” (“y sonríe, hostia, sonríe“), “Robo tu tiempo” (“guillotina“) o “Un rayo de sol” (“vamos a pudrirnos en la misma tumba“), cierto aroma a sexo en la ducha (“Ellas se burlaron de mi magia”) y esa especie de ruido peligroso que envuelve todas sus canciones en forma de densa nube de vapor.

Con mucho disimulo, Victoria Mística cede un poco de contundencia (pero muy poca, eh) en algunas canciones; no en “Robo tu tiempo”, cuyos sintetizadores deberían sonar en la ocupación del Congreso de los Diputados, ni en “Delirio místico” (qué bien les sienta a Cea y Caamaño el rollo Pimpinela), “Ellas se burlaron de mi magia” (sigue siendo una salvajada en disco), “Lo hispano marcha – la banca paga” (“rezad por la bandera“), una actualización del sonido pre-crisis de 2007, o “Clara”, cierre lisérgico con el minutaje más extenso y alucinógeno (“quiero mi sangre“). En el otro lado queda el olor a nuevo de “Estrellas místicas”, con Cea acaparando todo lo bonito de la canción tras una batería y guitarras ligeras, “Enemigos del espíritu”, “Un rayo de sol” (Disney visto por Kubrick con dos partes a lo bella y bestia) y “De la mano de las almas oscuras”.

Como dicen en “Estrellas místicas”, un pequeño sacrificio para una gran recompensa: disco del año.

 

 

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