Yo La Tengo (Sala La Riviera) Madrid 11/02/19

Yo La Tengo se encuentran girando de nuevo por nuestra geografía, para presentar en directo las canciones de There’s A Riot Going On (Matador, 18) justo cuando la referencia está a punto de cumplir un año desde su publicación original. El reencuentro con el trío viene siempre garantizado en términos de satisfacción, calidad y cantidad, y su paso por Madrid volvió a encumbrar a los de New Jersey como una de las bandas más incorruptibles y necesarias de la música contemporánea. A lo largo de más de tres décadas, la banda seminal del indie-pop/rock norteamericano ha conseguido desarrollar una amalgama propia de consecuencias inconfundibles e influencia infinita. Una generosísima muestra de ese catálogo atemporal de hasta 22 temas fue, a la postre, el motivo de otra velada para el recuerdo.

La primera parte del set resultó protagonizada en exclusiva por la faceta más intimista, delicada e introspectiva de la formación, desplegando un telón sonoro onírico y casi orgánico sobre el que exponer melancolía y una belleza casi extraterrestre, con la que cautivaron a unos asistentes en respetuoso silencio. Sesenta minutos desarrollados con calma y ajenos a cualquier otro mundo que no fuese el de sus canciones, que se abrieron y cerraron con “You Are Here” y “Here You Are”, tal y como sucede en el mencionado There’s A Riot Going On (Matador, 18). Un tramo que contó además con inmaculadas paradas en “One PM Again”, una ralentizada “Big Day Coming”, “Ashes”, la vaporosa “Forever”, una revisión del “Gentle Hour” de Snapper o “She May, She Might”.

Tras una anunciada pausa de quince minutos, Ira Kaplan, Georgia Hubley y James McNew volvían al escenario con la intención manifiesta de cambiar el sentido de su actuación. Era turno para la faceta más eléctrica y contundente de la formación, con la que probar a todas luces que ellos fueron unos de los principales propulsores del asunto en origen, allá a mediados de los 80. Una descarga de adrenalina (de nuevo impecable) basada en pedales y distorsiones, concretada a lo largo de himnos como la punk “False Alarm”, “The Weakest Part” en la preciosa voz de Georgia, “Barnaby, Hardly Working”, el noise de “Deeper Into Movies”, “Autumn Sweater” o el single “For You Too”. El final del grueso del concierto fue reservado para al mítico Painful (Matador, 93), con la recuperación de “Double Dare” y una “I Heard You Looking” alargadísima, salvaje e hipnotizante que, con sus quince minutos de disfrute absoluto, ya justificaría por sí misma la asistencia. Como epílogo, la banda se despidió con un trío de antojos que incluyó versiones del “Somebody’s Baby” de Jackson Browne y del “What Can I Say” de NRBQ, además de la increíblemente deliciosa “Our Way To Fall”.

Yo La Tengo fueron La Bella y La Bestia durante la misma velada, apostados tras los cambios de ritmo y esas estructuras poco habituales que trabajan. Un concierto tan jugoso y relevante que sólo permite su completa asimilación al día siguiente. Es entonces cuando se asume que lo visto está al alcance de muy pocos, tras mantener el grupo intacto el interés y la conexión con su público a lo largo de casi dos horas y media. Superaron el reto con una solvencia acongojante, en una muestra de vigencia, poderío y presencia manifestada desde la aparente discreción de unos músicos que disfrutan tocando honestamente. Y eso, precisamente eso, genera una inconfundible magia que ellos tienen a bien compartir generosamente.

Foto: Blanca Orcasitas

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