Bart & The Bedazzled – Blue Motel (Lovemonk)

Que todo pasa y todo queda es algo que ya sabemos, lo escribió Machado y posteriormente lo cantó Serrat. Simon Reynolds añadiría, además, que todo lo que se va acaba volviendo. Los ochenta, a pesar de su mala prensa, no podían ser una excepción. Claro que los que vivimos aquella extraordinaria década sabemos que hablar así en general de «los ochenta» es atrevido y arriesgado. ¿De qué ochenta hablamos? ¿De los del hair metal, los de las hombreras o los del college rock? ¿Los ochenta de Michael Jackson y Madonna, de Violent Femmes y Hüsker Dü, de Bon Jovi, de Europe, de Rick Astley, de Depeche Mode, de U2?  Si por algo se caracterizaron los 80 fue por la gran cantidad de estilos que convivían unos con otros, porque todos ellos tenían posibilidades de escalar en las listas de éxitos y, sobre todo, porque en todos los géneros y estilos se podían encontrar propuestas de gran calidad.

Bart Davenport ha echado sus redes en esa década, tal como nos contaba en una reciente entrevista, para ponerle música a este Blue Motel junto a su banda The Bedazzled. Una red, eso sí, tejida con esmero para que los pezqueñines puedan escapar a ellas y capturar solo buenas piezas que valgan la pena. La mirada de Bart & The Bedazzled se ha posado concretamente sobre el pop sofisticado de aquellos años; quizás también en el llamado blue-eyed soul que tantos éxitos comerciales, no siempre de una gran calidad, nos dejó como legado. El nombre que más suena a la hora de encontrarle referencias a este motel azul o triste, quién sabe, es el de Prefab Sprout. Es lógico, pues es el primero que viene a la cabeza al escuchar temas como «Life under water», pero por ahí circulan también referencias a Blue Nile, Go Betweens, Aztec Camera o China Crisis. Si al mejor pop de ese periodo, como el de los grupos mencionados u otros similares, le quitamos los sintetizadores y algunos arreglos demasiado deudores de aquella década, lo que queda es esta maravilla de disco.

Esas guitarras sincopadas que suenan durante «What’s your secret (Cleo)», así como el saxo que asoma altivo en algunos momentos, remiten sin complejos a los olvidados Haircut 100 que nos alegraron la juventud con pocas pero excelentes canciones. Guitarras que se vuelven cristalinas, casi etéreas, en «Halloween by the sea» (¿ya dije Blue Nile?), y que consiguen dotar de ritmo junto a la espléndida sección rítmica a temas como «Your sorrow», que podría haber sido un éxito de Simply Red o UB40. La única pieza que parece desentonar en ese ambiente de pop lujoso es «Time machine for two», principalmente porque arranca sobre un mullido colchón de sintetizadores y se desarrolla en el estilo de ciertas baladas de Alan Parsons. Nada que no puedan arreglar repetidas escuchas, tras las que se aprecian sus celestiales punteos de guitarras y las espléndidas melodías vocales.

Una delicia de pop elegante, quizás algo nostálgico y, desde luego, brillante en su concreción. Si es un ejercicio de estilo, que me den cada año una docena como este.

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