Bush – Black and White Rainbows (Caroline)

Si intentan buscar medios que se hagan eco del nuevo lanzamiento de Bush, Black and White rainbows (2017), van a encontrar muy pocos. Si, ya en un ejercicio de delirio, buscan medios en el que alguien, además, pueda llegar a afirmar que su nuevo trabajo es uno de los discos del año, creo que sólo van a encontrar éste, y porque cuenta con un loco como yo, dirán muchos.

Para un fan del sonido alternativo de los años 90’s, del cajón de sastre denominado grunge más concretamente, era difícil por entonces tomarse en serio a una banda como Bush. Los ingleses parecían una mala copia de los tics más manidos del género, en especial de Nirvana siendo su falta de personalidad plausible.

Sin embargo, extrañamente, tras su regreso en el año 2011 con The sea of memories, la banda regenerada de Gavin Rossdale no ha hecho otra cosa que ir sacando mejores discos uno a uno de manera meritoria y sorprendente.

Con Man on the run (14) ya ponían en sobre-aviso de que la cosa iba en serio: un disco abigarrado, sólido, duro y con mucho sentimiento dentro. Ahora, tres años después, Black and white rainbows rebaja el octanaje de los temas, apostando por una sensibilidad extrema, fruto de la ruptura sentimental -después de veinte años juntos- de su frontman con la líder de No Doubt, Gwen Stefany – que llega a colaborar a los coros en el fabuloso adelanto y apertura del disco, “Mad love”.

Las melodías de Bush nunca alcanzaron mayor techo, aderezadas de ciertos destellos electrónicos que en ningún momento resultan invasivos. Así, canciones –además de la mencionada- como ”Peace-s”, “Lost in you”, “All the worlds within you”o “The beat of your heart” están entre los momentos más inflamados y emocionantes del ejercicio 2017.

Una auténtica sorpresa, o confirmación cabe decir ya, de que aún quedan auténticos supervivientes de hace dos décadas con muchas cosas que decir, quizá los últimos con un discurso netamente propio y conmovedor. En su contra juega el anacronismo de un sonido absolutamente fuera de onda para cualquier menor de 30 años y el excesivo número de canciones, quince, en una época tan efervescente como olvidable para nuestra especie animal.

 

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