Foals – What Went Down (Warner Bros. / Transgressive )

En su ya consistente trayectoria, Foals empezaron jugando a mezclar influencias funk y ramalazos post-punk con bajos robustos en primer plano (Antidotes, 2008) para, a continuación, sorprender con un osado y escapista Total Life Forever (2010) que los reforzó en su apuesta por el riesgo y la aventura, dando la espalda a una posible plataforma hacia el éxito. Confiados y seguros de que podía ser su momento, apostaron a caballo ganador con su álbum más ambicioso a nivel comercial y de sonido menos personal (Holy Fire, 2013).

Puestos a buscar una ubicación para este nuevo y flamante What Went Down (2015), podríamos encontrarla entre la extrañeza opaca de Total Life Forever y la inmediatez de Holy Fire, con las virtudes y defectos de ambos. Ya sea inclinados hacia los desarrollos largos y evocadores en los que rozan la épica contenida, directos a por el gancho melódico sin apenas sudar una gota o corriendo desatados mientras tiran de los cables y recurren al grito, los de Oxford son poseedores a estas alturas de un sonido característico y personal (que no rompedor).

Sus diferentes caras vuelven a estar aquí presentes y bien diferenciadas. Por un lado, el arranque con la titular “What Went Down” supone una especie de “Inhaler” llevada al extremo que pone las cartas sobre la mesa y que los acerca a un sonido industrial dentro de sus parámetros, que volverá a asomar en  “Albatross” o “Snake Oil” y que enseña un camino que seguramente disgustará a los que prefieren su vertiente más pop.

Tras ello, los niveles de contención se activan en las directas y melódicas “Mountain At My Gates” y “Birch Tree”, que recogen el testigo donde lo dejaron “My Number” o “Out Of The Woods” y que demuestran su capacidad para elaborar singles con pegada y potencial para ser radiados. Como ya sucediera con anterioridad, se suceden las referencias a la naturaleza en las letras en una especie de juego que enlaza con las relaciones humanas. El tercer vértice en su triángulo particular se materializa en momentos como “Give It All”, “London Thunder” o el magnífico cierre “A Knife In The Ocean”, que indagan en agradecidos terrenos marcados por la calma y las subidas y bajadas. Es aquí donde han ganado en concreción, dejando atrás las dudas que sembraban los momentos más relajados de sus discos anteriores (“Spanish Sahara” aparte).

El guiño al debut de “Night Swimmers” (algo empañado por la pirotecnia guitarrera que sacrifica matices buscando acercarlos a la meta por el camino más corto) y la intensa “Lonely Hunter” acaban por redondear el que posiblemente sea su trabajo más equilibrado, a lo que ayuda una acertada secuenciación que permite mantener la tensión y el interés hasta el final. Hasta aquí poco que objetar, pues han perfeccionado la fórmula y han encontrado una zona de confort en la que se mueven como pocos. Sin embargo, es de esperar que la capacidad de seducción y la personalidad que sin duda poseen les hagan asumir algo más de riesgo en futuras entregas evitando así la tan temida autocomplacencia.

 

 

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