Lecturas musicales: Cuatro libros relacionados con la música que nos han acompañado este invierno

A finales del pasado verano recomendé algunas lecturas musicales que me habían entusiasmado durante las vacaciones. Tras medio año ampliando la familia, con más fortuna en algunos casos que en otros, es el momento de revisar qué ha dado de sí el invierno que está a punto de terminar por lo que respecta a libros y música.


Mil violines, Kiko Amat

Editorial Mondadori

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Este es un libro sobre música pop. Todo el que no sea fan de esta entra aquí por su cuenta y riesgo“. Cuando abrí el libro y leí esta advertencia, ya supe que iba a disfrutarlo. Kiko Amat ha creado un personaje que no deja indiferente a nadie, pero es difícil no cogerle cariño cuando se dedica a glosar sus andanzas junto a su inseparable y entrañable Naranja. Mil violines es todo lo que debería ser siempre un libro de estas características: apasionado, inteligente, entretenido, desprejuiciado y comprometido. Una crónica de varios tiempos y lugares, de diversas modas y modismos, pasado todo por la visión parcial de su protagonista. Con sus filias (¡Astrud!) y fobias (¡Dylan!). Pero lo de menos son los nombres: lo verdaderamente importante es el intenso amor a la música que se desprende de sus páginas, un sentimiento sublime y tan contagioso que no puedes evitar marchar corriendo a ordenar tu colección de discos o a escuchar tal o cual canción después de terminar cada capítulo. Imprescindible para todo aquel que sufra (o quiera entender a los que la sufren) esa enfermedad llamada melomanía: cómo lo que para el resto de la humanidad es sólo una canción o un disco nos puede afectar emocionalmente durante unos minutos, unas horas, unos días o por toda nuestra existencia. 


Mujer y música, Toni Castarnado
66 rpm

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Olvidemos por un momento la corrección política: en general, los hombres y las mujeres no somos iguales, al menos no en todos los aspectos de la vida. Eso es algo que particularmente se nota en el mundo del arte, y tal vez especialmente en la música. Toni Castarnado lo sabe, y por eso lleva años indagando en las obras musicales hechas por o para mujeres, sin limitaciones temporales, comerciales o de estilo. Desde el blues al hip hop, desde los años 30 a la actualidad, la inspirada pluma de Castarnado revisa y pone en contexto 144 discos de otras tantas artistas con un denominador común: desarrollaron su carrera principalmente (al menos en el momento de la publicación del álbum en cuestión) como cantantes solistas. No faltan los nombres que tenemos todos en mente (Madonna, Bjork, Bille Holiday,Aretha Franklin, Nina Simone, Carole King, Patti Smith…), pero abundan también las sorpresas agradables (Ann Peebles, Natalie Merchant, Suzi Quatro, Jesse Sykes…) Como en todo libro de estas características, la discusión sobre ausencias y presencias es inevitable. ¿Es “Hounds of love” el disco más representativo de Kate Bush? ¿Realmente La Mala Rodríguez o Russian Red han hecho ya méritos para figurar en una obra como esta? ¿Por qué Jane Birkin, pero no Françoise Hardy? Todos estos interrogantes, sin embargo, son la guinda para un libro que no calificaré de inmejorable porque estoy ya babeando solo de imaginarme su continuación: Grace Slick,Debbie Harry, Stevie Nicks, Chrissie Hynde

 


Tenemos la bomba de neutrones, Marc Spitz & Brendan Mullen.

Munster Books 

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Tras la estela de Por favor mátame, se ha popularizado el formato oral a la hora de abordar determinadas épocas musicales, dando voz a los protagonistas aunque huyendo de las típicas entrevistas. Si la obra citada repasaba los orígenes del punk neoyorquino, aquí se hace lo propio con la escena de Los Angeles a finales de los años 70, entre el punk, la new wave y el proto hardcore. Partiendo de unos orígenes que los autores (uno de ellos el fundador del legendario club Masque, o sea que estuvo allí) sitúan en la particular personalidad de Jim Morrison en los 60 y en la posterior llegada del glam (glitter rock) a L.A., se da la voz a unos nombres que, a priori pueden resultar menos interesantes que los Ramones, Television o Patti Smith, pero que no por ello fueron menos influyentes: The Runaways, The Go-go´s, Black Flag, The Germs…Todos ellos formaron parte de una escena quizás no tan intelectual como la de NY, pero igual de decadente. Historias impregnadas del especial aroma a California, a Hollywood, a sus barrios, sus colinas, sus amplias avenidas, y también a sus pequeños clubs donde groupies y futuras estrellas estaban empezando a dar forma a la semilla de la música underground norteamericana de la siguiente década.

 



Después del rock, Simon Reynolds
Caja Negra

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Simon Reynolds es uno de los más prestigiosos nombres del periodismo musical en las últimas décadas. Muchas de sus columnas en medios como The Wire o Melody Maker son hoy legendarias, como aquella en la que bautizó al post-rock y que da título al libro que nos ocupa. Un libro que es, en realidad, una selección de textos ya publicados anteriormente (salvo la entrevista del final), aunque se agradece la comodidad de tenerlos todos reunidos en un mismo volumen. A lo largo de los artículos seleccionados el lector es testigo de la evolución de Reynolds, de su aproximación a la electrónica, de su progresivo desapego por el rock, de su particular aversión al lirismo “inteligente”, de su concepción hedonista del pop y de su amor por las texturas y los ambientes. Todo ello, sin embargo, en plena contradicción con su afán por buscar en la filosofía moderna las explicaciones que necesitaba para analizar, entender, destruir y volver a construir las obras musicales que, a su entender, merecían tal esfuerzo. A pesar de su relativa densidad – es casi imposible encontrar un párrafo en Después del rock que no invite a una profunda reflexión – se trata también de una obra muy amena a la vez que instructiva. Resulta sorprendente comprobar la lucidez con la que Reynolds se adelantó a algunos de los fenómenos que hoy dominan el panorama musical en todo el mundo, como la difusión de los límites entre el underground y el mainstream, o la continua revisión del pasado que parece haberse convertido en una de las señas de identidad más claras del siglo XXI.

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