The Libertines: el orgullo de la pérfida Albión

En un FIB de marcado acento británico como es éste que disfrutaremos en breve, no podíamos dejar de repasar la trayectoria del grupo más controvertido de todos los que formarán parte del cartel. Una carrera corta pero intensa a más no poder, marcada por los desfases, los abusos, el descontrol… y la música, esa música cristalizada en himnos que forman parte de la cultura musical británica más reciente. Porque se podrá acusar a The Libertines de muchas cosas, pero no de haber entregado un legado absolutamente arrebatador, fiel reflejo de una escena siempre efervescente, que sabe beber de sus clásicos como nadie y que recrea en sus letras los desvaríos emocionales de una generación en constante búsqueda de sí misma.

LOS INICIOS

Nos tenemos que remontar a finales del siglo pasado para encontrar los primeros indicios de actividad de ese binomio de irreductibles formado por Pete Doherty y Carl Barat, amigos para lo bueno y para lo malo, que se conocieron en la universidad y que forjaron una relación que a la postre acabaría degenerando también en el final de sus días como grupo. En sus primeros pasos, formarían una banda conocida como The Strand, para poco más tarde pasar a llamarse The Libertines y reclutar a otro ilustre, Johnny Borrell, líder y cantante de los también presentes en el cartel Razorlight, que prestaría sus servicios al bajo durante un corto periodo de tiempo.

EL PRIMER GRAN CONTRATO

Sería el año 2001 el que vería los primeros progresos importantes en la carrera del grupo, puesto que entraron en la nómina de Rough Trade y completaron la banda con Gary Powell a la batería y John Hassall al bajo ya que Borrell decidió hacer la guerra por su cuenta y formar su propia banda. Sería también ésta la época en la que se mudarían a vivir en lo que ellos bautizaron como “The Albion Rooms”, auténtico hervidero de disputas, robos y adicciones varias que acabarían estallando años después.

Y LLEGÓ EL ÉXITO

Sería el himno “What a waster” con “I get along” como acompañante, producido por Bernard Butler de Suede, y publicado el 3 de junio de 2002 el que catapultaría a la banda y los llevaría a la primera plana de publicaciones y radios británicas, que veían en ellos a unos dignos herederos de esa orgullosa serie de bandas con indudable sello británico, desde The Clash o The Jam a Oasis. Era la época del Is this it? de The Strokes, y los ingleses no querían quedarse atrás. Fue éste un single rotundo, lleno de rabia y energía post-adolescente que serviría de aviso para lo que vendría después.

“UP THE BRACKET”, UN DEBUT CON SABOR A CLÁSICO INSTANTÁNEO

¿Qué mejor para un grupo que quiere ser recordado desde el principio que dejarse guiar por una auténtica leyenda como Mick Jones de The Clash? Pues eso fue lo que ocurrió en su debut en largo, “Up the bracket”, que se publicaría en 2002 y con el que ganarían el premio a Mejor Banda Novel en los NME Awards. Fue un disco sin desperdicio, con una energía y una vitalidad que hacían pensar que estábamos ante una banda destinada a recoger el testigo de los grandes iconos del rock británico y marcar una época. Canciones como “Death on the stairs”,  “Time for héroes”, la propia “Up the bracket”, “Boys in the band” o “Tell the king” suenan aún hoy frescas y descaradas, como un azote para toda una generación de jóvenes perdidos en un mar de confusión y descontrol, de incertidumbre por un futuro que se presenta negro y angustioso. Lo tenían todo para triunfar: carisma, imagen y, sobre todo, canciones. Qué digo canciones, himnos orgullosos y perdurables.

2003: EMPIEZAN LOS PROBLEMAS

Pete Doherty nunca fue lo que se dice un ejemplo de estabilidad y equilibrio emocional. Sus constantes problemas con las drogas y el alcohol hicieron de la grabación del disco y la posterior gira un auténtico infierno del que Carl Barat sufriría las peores consecuencias, hasta el punto de abandonar la vivienda común. Para el recuerdo quedará siempre aquella famosa historia del cumpleaños de Barat y la fiesta que Doherty le organizó a la que Barat nunca asistiría, y que supondría el abandono provisional de la banda por parte de Doherty. Ésta sería la época de “Don´t look back into the sun”, otro auténtico clásico que además alcanzaría el puesto más alto que nunca han alcanzado en las listas británicas, en concreto el número 11.

Será este un punto clave en su carrera ya que Pete Doherty comienza a trabajar con su grupo paralelo, Babyshambles, mientras que The Libertines continúan su gira mundial sin él. Poseído por la rabia y el odio, Doherty es acusado de robar en el piso de Barat y se declara culpable, siendo condenado a seis meses de prisión. Se empieza a escribir la leyenda negra…
Afortunadamente, esta primera gran crisis se solventaría tras la salida de Doherty de prisión y la consiguiente gira de reunión (la primera de ellas), que supuso un auténtico éxito y reafirmó la popularidad de una banda tan necesaria como polémica.

SEGUNDO DISCO Y FIN DE UNA ERA

En el 2004, nuestros protagonistas escribirían nuevos capítulos en su tortuosa relación. Doherty lanzó el single “For lovers”, una delicada canción escrita por su amigo y poeta Peter “Wolfman” Wolfe que alcanzaría el número 7 de las listas, y la banda empezaría a grabar la continuación de su aclamado debut, con Bernard Butler. Para añadir una pieza más al puzzle de caos y desorden vital que siempre ha rodeado a la banda, las relaciones entre Butler y Doherty siempre fueron bastante malas. Es por ello que volvieron a reclutar a Mick Jones, y con él dieron forma a las canciones que formaron parte del homónimo The Libertines. Las tormentosas experiencias de Doherty con las drogas seguían impidiéndole seguir los compromisos de la banda y dejaría de grabar con ellos en ese mismo año.

Mientras tanto, Carl Barat, cansado de las idas y venidas de Doherty, quiso poner tierra de por medio y empezó a dar rienda suelta a su talento con su banda Dirty Pretty Things (posteriormente rebautizados como Bright Young Things). Doherty emprendió un viaje a Tailandia para limpiarse de sus adicciones y la banda realizó un último concierto sorpresa que supondría, a la postre, su último concierto juntos en seis años. La banda siguió sin él y el lanzamiento de su segundo disco y del single de presentación “Can´t stand me now”, con un mensaje bastante explícito sobre la relación entre los líderes de la banda, supuso un punto de inflexión en la relación no sólo ya entre Doherty y Barat sino entre Doherty y el resto de la banda. El disco alcanzó el número 2 en las listas y fue un auténtico éxito. El binomio seguía en forma, aunque su relación ya no existiera.

BABYSHAMBLES-DIRTY PRETTY THINGS: NUNCA FUE LO MISMO

Los proyectos paralelos de Doherty y Barat depararon alguna que otra alegría, como ese single al límite que fue “Fuck forever”, demostrando en general que Doherty siempre estuvo varios cuerpos por delante en cuanto a talento musical, algo que demostró con un notable debut con su banda y con un trabajo en solitario delicado y sensible, mostrando diferentes registros y siempre evidenciando una sensibilidad extraordinaria. Nunca fue lo mismo tenerlos por separado pero al menos pudimos seguir disfrutando del caos por separado y, sobre todo, pudimos tener la suerte de seguir escuchando a Doherty, ese pequeño genio torturado, cantar sus poemas rotos manchados en sangre y bañados en vino y rosas.

REUNIÓN Y ESPERANZA

Pocas veces una banda con apenas dos discos y varios singles en el mercado ha despertado tanta expectación ante una posible reunión como en el caso de Libertines. Fue en 2010 cuando, en el marco del festival Reading/Leeds la banda decidió volver a lo grande y saldar ciertas cuentas pendientes con sus seguidores. Poco importaba ya si su forma era la mejor cuando el palpitar de esos himnos imperecederos seguía latente y vigente, removiendo emociones que probablemente nunca se fueron.

La incógnita de nuevo material seguía en el aire y aunque hubo rumores de que llegaría a producirse lo cierto es que todavía seguimos esperando buenas nuevas.

EL PRESENTE

Este año ha visto como la banda ha decidido volver a juntarse para una serie de conciertos en Hyde Park, seguidos de su aparición en el Festival Internacional de Benicássim, de la que os daremos detallada información en nuestro blog, y en el Optimus Alive de Portugal además de una gira europea, la primera en diez años, que esperemos nos los traiga con ganas de hacernos sentir de vuelta a 2002, cuando todo estaba aún por suceder. La relación entre Doherty y Barat parece encauzada pero ya no sabemos qué esperar. El tiempo está en sus manos y sólo podemos soñar con que esta vez vaya la vencida para que podamos ver una nueva aventura, esta vez estable, de una banda de las que surgen cada mucho tiempo.

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