Si algo ha caracterizado a la rica carrera de Bunbury desde que iniciara su andadura en solitario, es ese ese afán de búsqueda, esa incesante inquietud por explorar nuevos sonidos y continuar creando cambiando de piel con habilidad, para terminar sonando siempre a sí mismo (recuerda aquí el especial 30 años de Bunbury).
El shock que supuso la desaparición de Héroes del Silencio en 1996 se acrecentó un año después con la publicación de Radical Sonora (1997), debut de un Enrique Bunbury decidido a romper con el pasado transitando por caminos opuestos al rock contundente de su banda, con la que había conquistado el mundo. Su disco de presentación abrazaba el rock electrónico, tan en boga en la época y fue coetáneo de productos con los mismos planteamientos como el Pop de U2 o el Earthling de David Bowie. Radical Sonora funcionó bien en ventas y canciones como «Salomé» o «Alicia expulsada al país de las maravillas» se convirtieron en grandes éxitos, pero la gira de presentación fue una pequeña decepción. Muchos fans de Héroes no entendieron los nuevos caminos de su cantante y se rasgaban las vestiduras ante el rescate de algunas piezas de su banda, más cercanas a los sintetizadores que a las guitarras. El esfuerzo interpretativo no se vio correspondido con la afluencia de público y el tour terminó siendo deficitario. El salto sin red había sido importante, se habían puesto los cimientos para el inicio de una carrera como solista, pero algo no terminaba de funcionar.
Sin precipitarse, Enrique decidió buscar dentro de sí mismo el próximo paso creativo y se inspiró en la música latinoamericana y mediterránea, no solo para volver a reinventarse, sino para construir un discurso propio y evolucionar hacia el Bunbury mestizo que hemos conocido estos últimos 20 años. Pequeño (1999) no solo marcaba un punto de inflexión en su trayectoria dejando atrás la experimentación electrónica, a la que volvería puntualmente, sino que casi sin quererlo configuró una de las piezas más importantes de su carrera.
Pequeño era diferente a todo lo hecho anteriormente. Producido por él mismo, con la ayuda de su inseparable Ramón Gacías, se grabó en los estudios El Cortijo de Málaga alejados de toda presión y dio como resultado un trabajo minimalista, de carácter intimista, en el que el amor tomaba protagonismo. Ese amor arrastrado que tan bien reflejaban las rancheras de José Alfredo Jimenez y que tanto habían marcado a Enrique en sus visitas a México años antes. Pero no solo las rancheras eran la inspiración, también había guiños al tango, el flamenco o a la canción popular española y latina, además de arreglos circenses, fanfarrias y delicados arreglos. «El Extranjero» era quizá el mejor reflejo de las intenciones planteadas, una canción que llegó como anticipo y que desconcertó y cautivó a partes iguales, marcando ese punto de partida hacia el Bunbury errante y universal.
Radical Sonora había sido un disco muy sofisticado, una investigación y una búsqueda hacia nuevos caminos más allá de los populares Héroes del Silencio. Pequeño sin embargo se convertía en algo más humano y cercano, en las composiciones más personales escritas por el artista maño hasta la fecha. Canciones desnudas y letras desnudas y sinceras, lejos de sus hasta entonces habituales crípticas historias, que nos abrían su corazón para mostrar sus sentimientos como nunca antes. «Infinito» era quizá la prueba más patente de ello.
Sorprendía el tono sosegado de un Bunbury tan dado a hacer demostración de su portentosa voz aquí en un perfil bajo, ajustándose al tempo de cada canción, acompañado por secciones de metales y cuerdas o grandes percusiones, además de por invitados como Eva Amaral, Morti, Shuarma o las guitarras de su amigo y productor de otros discos tanto en Héroes como el solitario, Phil Manzanera (Roxy Music). El resultado fue un álbum tremendamente inspirado y atemporal, que hoy 20 años después de su lanzamiento sigue sonando tan vigente como entonces.
En su contraportada las canciones venían agrupadas en tres bloques: Pequeño («Algo en común», «Solo si me perdonas», «El viento a favor», «¿Dudar? quizás») haciendo referencia al tono intimista del disco, Cabaret («Infinito», «Lejos de la tristeza», «De mayor», «Bailando con el enemigo») remarcando su toque mestizo y nocturno y Ambulante («El extranjero», «Demasiado tarde», «Robinson», «Contradictorio»), en las que dejaba clara la intención cosmopolita de su propuesta. Un guiño que dio nombre a la gira con la que fue presentado, ese Pequeño cabaret ambulante que trasladó al directo la magia de esos temas.
El tour se alargó durante casi dos años y cien conciertos memorables. Este disco y la gira no solo fue la reconciliación de Enrique con el público y crítica, sino que ganó nuevos adeptos atraídos por su esos nuevos caminos. Todo ello se plasmó en Pequeño Cabaret Ambulante (2000), el primer directo del cantante, grabado durante un concierto en México DF. En el disco aparte de encontrarnos temas del disco, se recuperaban momentos de Radical Sonora interpretados con nuevos bríos.
Dada la buena acogida de Pequeño, se editaron cinco CD-singles que contenían varios temas, inéditos, remixes, pruebas de sonido y maquetas de la época [El Extranjero (1999) / Infinito (1999) / El Viento A Favor (1999) / De Mayor (1999) / El Jinete (1999)]. Todas esas canciones fueron recopiladas en las conocida «Caja de singles». En total eran cinco discos que contenían más de treinta cortes, entre los que destacaban momentos como «Luna», “Feliz año”, “Nada”, “Servidor de nadie”, “El jinete” o «Voy a perder la cabeza por tu amor».
Escucha aquí Pequeño:
Escucha aquí Caja de Singles:
Escucha aquí Pequeño Cabaret Ambulante:




















