Band of Horses – Things are great (BMG)

Tal y como está el mundo, llamar a un disco en 2022 Things are great puede sonar a broma, pero Band of Horses nunca han sido un grupo dado a dobleces ni ironías. Ben Bridwell es el tipo que en 2007 cantaba lo de “The world is such a wonderful place” con tal convencimiento, casi candidez, que tenías que creerlo. Ha llovido mucho desde entonces, tras sus dos primeros álbumes para Sub Pop, firmaron por Columbia y por el camino perdieron parte de su identidad: lo que comenzó siendo una banda con un pie en el indie rock de los noventa y otro en los Crazy Horse más desbocados se adentraba sin demasiada fortuna en una suerte de americana con tintes AOR. Ni Infinite Arms (2010) ni Mirage Rock (2012) eran malos discos, ambos tenían momentos disfrutables, pero por encima de todo quedaba la sensación de que habían perdido la frescura de sus inicios.

Things are great supone una vuelta a esa fórmula que les convirtió en una de las bandas más queridas del indie americano en la primera década del siglo: rock directo y pegadizo, guitarras inflamadas y estribillos eufóricos. Nada excesivamente complicado. Bridwell parece haber entendido que el punto fuerte de su banda no es el virtuosismo ni la autenticidad sureña, sino la emoción contagiosa que ponen en cada tema. Si te gustan sus canciones, es imposible no cantarlas a viva voz.

Esos son los Band of Horses que encontramos en Things are great. Quizá la vuelta a los orígenes esté motivada por el tibio recibimiento de sus álbumes anteriores, pero en cualquier caso todo suena fluido y natural, como si esta fuera la música que Bridwell y compañía componen sin esfuerzo y antes se estuvieran conteniendo para fingir ser quienes no son. Solo con escuchar el comienzo de “Warning Signs” uno siente que se está adentrando en terreno familiar: la canción va creciendo poco a poco hasta estallar a base de guitarras marca de la casa y cambios de ritmo algo efectistas. “Crutch“, el single que adelantaron en octubre, es el tema más pop de su carrera, la constatación de que siempre estuvieron más cerca de The Shins que de Jason Molina. La parte central del disco la componen tres medios tiempos que no caen en la monotonía gracias a melodías pegadizas y, otra vez, la intensidad de las guitarras (“In need of repair”). El rock buenrollero de “Lights” puede parecer una reformulación de “Casual Party”, que a su vez recordaba peligrosamente a “Weed Party”, pero qué importa, si al escucharla entran unas ganas tremendas de ponerse a dar saltos. La sorpresa del disco es “You’re nice to me”, que con sus ritmos juguetones y voces distorsionadas nos presenta unos Band of Horses inéditos hasta la fecha, más densos, casi atmosféricos, pero sin perder su tono épico.

En una primera escucha, algunas letras del álbum pueden parecer especialmente oscuras: la mayoría habla de momentos difíciles, con referencias a la depresión y rupturas sentimentales (“Warning Signs” trata de esas señales que alguien emite antes de colapsar emocionalmente, mientras que la gente a su alrededor no puede hacer nada por evitarlo; “In the hard times” suena como el reproche a una pareja que se marchó en el peor momento), pero la sensación final siempre es la de sobreponerse a esas dificultades, ya sea gracias a la amistad, el amor o simplemente un paso hacia la luz. En ese sentido, el título Things are Great parece más un mantra que una ironía.

Cuando parece que la actualidad no puede traer peores noticias, Ben Bridwell llega para cantar que ya estamos “dejando atrás la mayor mierda de la historia” y quizá sea esa la actitud necesaria. La primavera ya está aquí y los mejores Band of Horses vuelven con un disco que invita a disfrutar, centrarse en los buenos momentos, abrir una cerveza y ponerse a bailar. En noviembre los tenemos por la península. Después de todo, el mundo sí puede ser un lugar maravilloso.

Escucha Band of Horses – Things are great

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