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Billy Nomates – CACTI (Invada Records)

Recuerdo que la primera vez que escuché a Billy Nomates (más o menos a finales del fatídico 2020) pensé igual que cuando descubrí a  Sleaford Mods: “esto es realmente excitante”. Y además, no era en vano identificar a una con los otros, según supe después. Ella había decidido salir de un autoimpuesto letargo musical tras un concierto de los de Nottingham y ellos la invitaron, tiempo después, a cantar en su “Mork’n’Mindy”. Y es que tienen en común la cualidad de que despliegan como nadie la fuerza de su cabreada lírica en canciones urgentes, sin concesiones y que gritan a los cuatro vientos las inmundicias de un mundo pandémico asolado por el clasismo, el racismo y, en el caso de su país, el puto brexit.

En base a eso, Tor Maries, verdadero nombre de Billy, se ha ido labrando una carrera que ha acumulado todas las miradas. Su descubrimiento a cargo de Geoff Barrow, de Portishead, que la fichó sin pestañear para el sello que regenta en Bristol, Invada Records, se tradujo en un disco debut que fue colmado de parabienes -y con razón- por la prensa especializada. Aquél primer álbum situaba el listón bien alto, pero pronto llegó el EP Emergency Telephone (2021) para demostrar que lo suyo no había sido un golpe de suerte. No obstante, quedaba superar otra prueba: un nuevo disco largo que confirmara todas esas virtudes.

Y para eso llega ahora CACTI. Un álbum de nuevo publicado a través de Invada Records y bajo supervisión de sus inseparables Barrow y el ingeniero James Trevascus. Tor, sin  embargo, coproduce el álbum con el último, pero esta vez ha controlado mucho más el proceso. Su intenso trabajo previo en casa sirvió para que llegara al estudio con un producto casi terminado. Quizá por eso la crudeza de las bases y la dicción que Maries exhibía en su debut, aunque aquí aún subyace, se ha convertido en algo mucho más elaborado. Tor canta más, toca más y busca unas melodías que en el anterior, aunque estaban, no eran tan importantes.

En CACTI, las bases electrónicas o analógicas siempre dejan paso a espacios más abiertos, donde los sintetizadores y demás instrumentos generan matices que diversifican la paleta de géneros que esto abarca. Más cerca del pop, sí, pero la intensidad y la amplitud de miras vuelven a hacer que lo que escuchamos no pueda encuadrarse fácilmente. Quizá por eso ni quienes la pretenden encasillar en la corriente post-punk ni ella misma, que suele autocalificarse como no-wave, aciertan. Billy Nomates es un estilo en sí misma. Y un estilo tremendamente evolutivo, además.

No hay más que reparar en los que para mí son los dos triunfos absolutos de este disco. “Roundabout sadness” y “Fawner” hacen de la escasez de elementos que las adornan una tremenda virtud que las destaca en el conjunto que da forma a CACTI y, así, lo convierten en mucho más diverso. Una clara evolución respecto al mucho más uniforme Billy Nomates. Pero es que, además de eso, las caras que la autora muestra aquí son muchas: las furiosas guitarras que escuchamos al inicio de “Spite” se abren hacia un estribillo colorista; algo que también ocurre con la inicial, “Balance is gone”, que un poco sirve de puente entre las viejas y las nuevas maneras, que superponen el pop y la melodía -hasta con cierto halo ochentero- por encima de lo punk.

Así lo escuchamos en la reposada y atmosférica “Black curtains in the bag”, o en las razonablemente bailables “Blue bones (deathwish)” o “Vertigo”, aunque se presenta de una forma más plausible en la recta final del disco, con “Same gun”, “Apathy is wild” y “Blackout signal”, todas ellas muestra de un sentido especial para que la evolución de los arreglos vaya generando atmósfera. Un colchón más sutil y elaborado que para nada significa domesticación, sino todo lo contrario.

La intensidad -y la gran baza- de Billy Nomates volvemos a encontrarla, como ocurría en su debut, en un discurso lírico que sigue siendo especialmente contundente. Lo único es que ahora, en lugar de mirar tanto hacia fuera, mira hacia su interior. Son letras de una reflexión, de una desnudez emocional y de una brutalidad emocional bastante ajenas a lo que cualquiera sería capaz de plasmar en una canción. Su interpretación, además, a ese nivel, sigue siendo soberbia. Más reposada y calculada, claro, pero igualmente efectiva. Ha dejado de necesitar decir las cosas cabreada, simplemente. Pero lo que es seguro es que todo lo que dice sabe convertirlo en importante, en urgente. Y es que eso es, precisamente, lo que hace de este disco uno de los primeros realmente relevantes del año. Y ya de paso confirma a su autora como uno de los valores artísticos más al alza de esta tercera década del siglo XXI.

Escucha Billy Nomates – CACTI

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