Cuéntame una canción: Riders on the Storm

Cuando yo era niño – hace como cien años – en la escuela nos decían que los seres humanos somos “animales racionales”. Ahora, tiempo después y gracias a Internet, sabemos que eso no es del todo cierto; somos animales, sí, pero emocionales. Por eso reaccionamos tan bien ante la música y precisamente lo que define a una buena canción es la respuesta emocional que despierta en nosotros. “Riders on the Storm”, de The Doors, es uno de esos temas que tan pronto como comienzan a sonar nos evocan un estado de ánimo determinado y que, además, identificamos inmediatamente, en este caso gracias a esos primeros acordes que tan bien imitan el sonido de la lluvia primero, y el de una tormenta después.

El tema está firmado por el grupo al completo, es decir, John Densmore (batería), Robby Krieger (guitarra), Ray Manzarek (teclados) y Jim Morrison (voces), quienes lo compusieron a partir de la que pasa por ser la mejor canción country de todos los tiempos, “Ghost Riders in the Sky”, escrita en 1948 por Stan Jones y versioneada desde entonces por cientos de artistas (no se pierdan la del malote Johnny Cash) en una decena de idiomas. En todo caso, el grupo californiano se reunió para grabar a finales de 1970 en los estudios Doors Workshop, de Los Angeles, y se llevaron con ellos a los bajistas Marc Benno y Jerry Scheff. Allí, entre todos compusieron la canción, con Manzarek diseñando la melodía maestra y Morrison la controvertida letra.

The Doors

Manzarek contaba que empezaron improvisando, sin una idea muy clara de hacia dónde iban. Tocaban los primeros compases de “Ghost Riders” acompañados de la letra original, cuando Morrison les interrumpió diciendo que tenía algo mejor y allí mismo fue donde pasó de ser “riders in the sky” a “riders on the storm”. Inmediatamente, Manzarek replicó el ritmo del verso con el teclado, un Fender Rodes eléctrico.

Entonces Jerry Scheff preguntó: “Un momento, ¿cuál es el ‘baseline’?”.

Y Manzarek: “Fácil; Mi menor, La mayor”.

Fácil para ti, cabrón”, debió de pensar Scheff.

Lo que para Ray era un movimiento simple sobre el teclado con los dedos de su mano izquierda, a Jerry le exigía un considerable nivel de acrobacias digitales en los trastes de su bajo. Pero Manzarek estaba enganchado con la melodía e insistió, con lo que a Jerry no le quedó más remedio que esforzarse hasta lograrlo. El que paga, manda.

Canción Riders on the Storm

Así que ya tenemos al bajo estableciendo el vamp (ostinato) de una road song: estamos en la carretera, en la autopista, y empieza a llover. Es el órgano de Manzarek haciéndonos ver mentalmente la lluvia. A continuación, llegan los truenos, con lo que el efecto es ya total, estamos en medio de una tormenta, en el desierto.

Y entonces entra la voz grave de Morrison:

Riders on the storm
Riders on the storm

La canción se desarrolla con un ritmo monótono, hipnótico, como si estuviésemos conduciendo por una carretera interminable. A medida que se aproxima el final, los truenos y la lluvia vuelven a hacer su aparición, hasta que finalmente la melodía se difumina, se va apagando. La lluvia se vuelve cada vez más débil y ya solo queda alguna gota aislada, aquí y allá.

A mí, me parece genial, pero al productor, Paul Rothchild no le gustó nada. Dijo que aquello era “música de cocktail” y se largó del estudio. Así que le encargaron la producción al ingeniero de sonido Bruce Botnick: “Paul sentía que él era el responsable de que The Doors siguiesen siendo The Doors, porque ellos no eran capaces de hacerlo por sí mismos”. Todo un temperamento.

Esto en lo que concierne a la parte musical de la canción, ya que en lo relativo a la letra, a pesar de ser solo tres estrofas (con la primera repitiéndose al final), hay mucho que contar. Pero antes demos un paso atrás y pongámonos en situación, porque el contexto lo es todo. Estamos hablando de finales de los sesenta y principios de los setenta del pasado siglo, una época efervescente en la que no paraban de surgir auténticas revoluciones en los planos cultural y social.

Para empezar el propio grupo The Doors había tomado su nombre del título del libro The Doors of Perception, en el que el conocido místico inglés Aldous Huxley defendía el uso de drogas alucinógenas con el fin de “expandir la conciencia” y acceder a una realidad que no percibimos en nuestro estado normal. Y no era el único que estaba en esta onda, conocidos intelectuales como Jack Kerouac, Allen Ginsberg, Timothy Leary, (el Apóstol del LSD), o Ken Kesey (el de Alguien voló sobre el nido del cuco) llevaban años diciendo más o menos lo mismo. El problema de las drogas psicotrópicas, sin embargo, es que a veces te “expanden la conciencia” y, a veces, hacen que se te vaya la olla y empieces a hacer “cosas raras”, por eso la idea no acabó de cuajar. The Doors, con Jim Morrison y Ray Manzarek al frente, estaba en el centro de toda aquella movida, haciendo rock psicodélico de alto voltaje y convirtiéndose en el grupo de referencia en la Costa Oeste. Manzarek: “Nosotros dos éramos el equivalente a Dionisio y Apolonio. La parte de Dionisio es el blues y la de Apolonio la música clásica. Un artista debe combinar el rigor y la corrección de Apolonio con el frenesí y la pasión de Dionisio. Mezclas a los dos y tienes a un artista completo”. Creo que no hace falta decir quién era quién.

Pero vamos ya con la letra de la canción, que resulta muy interesante porque cada una de las tres estrofas que contiene habla de una historia diferenciada, aunque todas con sutiles vínculos entre sí. Veamos la primera:

Riders on the storm
Riders on the storm
Into this house we’re born
Into this world we’re thrown
Like a dog without a bone
An actor out on loan
Riders on the storm

El contenido de estos versos ha sido relacionado a menudo con una visión de la vida, según la cual los seres humanos somos “arrojados” a un mundo sin sentido ni propósito y sobre el que no tenemos ningún control. Jim Morrison – como muchos otros por aquel entonces – llevaba tiempo tonteando con la filosofía existencialista, con la que había entrado en contacto algunos años atrás, en su paso por la Universidad de Tallahassee, Florida. Por cierto, que el símil que introduce la figura de “un perro” para referirse a una vida “dura” o “miserable” ha sido siempre típica de la cultura anglosajona – “un día de perros”, “morir como un perro”, “trabajar como un perro” (en Lennon y McCartney) –, pero actualmente ya no tiene la misma fuerza. Muchos de nuestros mejores amigos son perros y viven mejor que nosotros.

Del existencialismo al nihilismo, esa actitud que considera (a grandes rasgos) que, si no existe Dios, ni referente moral, entonces “todo vale”, no hay más que un paso. Nada tiene sentido, ni el sufrimiento humano, ni la vida misma. Lo que nos lleva a la segunda estrofa, la del “asesino en la carretera”.

There’s a killer on the road
His brain is squirmin’ like a toad
Take a long holiday
Let your children play
If you give this man a ride
Sweet family will die
Killer on the road, yeah

Esto tiene miga; por un lado, Morrison se inspiró en el asesino en serie Billy Cook, que a principios de los cincuenta salió un día de casa a recorrer mundo haciendo autoestop y por el camino mató a seis personas y un perro (¿?), entre ellos, una familia con tres niños que iban de vacaciones y que le recogieron en la carretera. Una fea historia sin pies ni cabeza; si quieren se la cuento otro día.

Por otra parte, el propio Morrison había hecho autoestop durante algún tiempo y tenía montones de libretas llenas de notas con sus experiencias, lo que le había llevado en 1969 a iniciar el rodaje de una película experimental de metraje medio con el argumento de un autoestopista que se dedica a (¡adivinen qué!) cargarse a la gente. La película, HWY. An American Pastoral, se había rodado en el desierto de Mojave y Morrison siempre la había considerado “…como un ejercicio de calentamiento para algo más grande”, según declaró a la revista Rolling Stone. No llegó a estrenarse en los Estados Unidos porque justo por aquellas fechas a Charles Manson y a su cuadrilla de pirados les dio por matar a nueve personas en apenas dos meses y, como suele decirse, no estaba el horno para bollos.

Pero llegamos entonces a la tercera estrofa, sobre cuyos versos Manzarek dice: “Creo que cuando grabamos la canción y a pesar de que no se lo había dicho a nadie, Jim ya había decidido irse a vivir a París con su novia Pamela Courson, de la que estaba muy enamorado. Creo también que cuando los escribió estaba pensando en ella y en que, de alguna manera, su amor era lo que le mantenía en pie, lo que le hacía seguir adelante”.

Girl, you gotta love your man
Girl, you gotta love your man
Take him by the hand
Make him understand
The world on you depends
Our life will never end
Gotta love your man, yeah

Morrison no ha sido el primer poeta en afirmar que el amor es lo único que puede oponerse de manera eficaz a la angustia vital y hacer que sigamos levantándonos cada mañana. “Riders on the Storm”, sin embargo, finaliza con una cierta ambigüedad, porque tras estos versos, el cantante vuelve a recitar una vez más la primera estrofa, tal vez sugiriendo la lucha que estaba teniendo lugar en su interior.  Por supuesto es imposible saber qué estaba pasando exactamente por su mente en aquellos días, pero todo cobra un significado especial cuando tenemos en cuenta todo lo anterior y le añadimos el dato de que moriría muy poco después. Morrison quiso, además, superponer su propia voz a la grabación principal, susurrando los versos finales. Presten atención porque apenas se oyen, pero ahí están. Esos susurros que se desvanecen fueron lo último que grabó en vida. Luego, se fue a París y unas pocas semanas más tarde, el 3 de julio de 1971 fallecía, “oficialmente” a causa de un fallo cardíaco. La canción, que bien podría servir como su propio epitafio, entraba en el Billboard Hot 100 al día siguiente.

Jim Morrison

La discográfica Elektra la situó al final de la cara B del LP L.A. Woman (1971), el último que grabaría el grupo al completo. Hoy, es un clásico del rock que innumerables grupos y solistas han incluido en su repertorio y que entró en el Grammy Hall of Fame en 2010. Sin embargo, al principio y como es fácil imaginar, lo que la gente recordaba sobre todo era que estaba inspirada en un asesino en serie. Tanto es así que, durante algún tiempo, se hizo muy popular un chiste relacionado con el tema. Verán que gracioso: un tipo va circulando en su viejo Chevy Impala del 65 lleno de polvo por una solitaria carretera de Nevada y, en mitad de una recta interminable, se encuentra con un tipo haciendo autoestop. Se para y lo recoge. Aspecto de hippy, vaqueros gastados, camisa a cuadros, barba descuidada. Un poco demacrado; probablemente no ha comido caliente en varios días. Y callado, no habla mucho. Por romper el silencio, el conductor le pregunta

– ¿Sueles hacer autoestop?
– Sep – responde el autoestopista.
– Y, ¿nunca has tenido miedo? No sé, podrías encontrarte con un psicópata, un asesino en serie, ya sabes…
– No. Yo antes era profesor de matemáticas y sé que todo es una cuestión estadística.
– ¿Cómo es eso?
– Si, verás, es que las probabilidades de que dos asesinos en serie coincidamos en el mismo coche son realmente pequeñas.

Fundido a negro. Fin.

 

Riders on the Storm. Ficha Técnica.

The Doors

Jim Morrison.- Voces.
Ray Manzarek.- Teclados.
Robby Krieger.- Guitarra.
John Densmore.- Percusión.
Jerry Scheff.- Bajo.

Fecha de grabación: Diciembre, 1970.

Compositores: Ray Manzarek, Jim Morrison, John Densmore, Robby Krieger.

Estudio de grabación: Doors Workshop, Los Ángeles.

Productor: Bruce Botnick.

 

Riders on the Storm. Letra.

Riders on the storm, riders on the storm
Into this house we’re born

Into this world we’re thrown
Like a dog without a bone

An actor out on loan
Riders on the storm

There’s a killer on the road

His brain is squirming like a toad
Take a long holiday

Let your children play
If you give this man a ride

 Sweet family will die
Killer on the road, yeah

Girl you gotta love your man

Girl you gotta love your man
Take him by the hand

Make him understand
The world on you depends

Our life will never end
Gotta love your man, yeah

Riders on the storm

Riders on the storm
Into this house we’re born

Into this world we’re thrown
Like a dog without a bone

An actor out on loan
Riders on the storm

Riders on the storm

Riders on the storm
Riders on the storm

Riders on the storm

 

 

4 comentarios sobre “Cuéntame una canción: Riders on the Storm

  • el 16 Marzo, 2020 a las 11:09 am
    Permalink

    Uno de mis temas preferidos del mundo mundial.
    La letra es esquiva, pero junto con la música hace un tema sugerente del que es imposible escapar.
    ¡Gran artículo!

    Respuesta
  • el 16 Marzo, 2020 a las 1:21 pm
    Permalink

    Felicidades a Juan F. Trillo por tan completo reportaje sobre la canción “Riders on the storm” , la cual es una de las mejores y más espectaculares canciones de la historia de la música y firmada por uno de los más impresionantes grupos como son The Doors.

    Respuesta
  • el 21 Marzo, 2020 a las 3:02 am
    Permalink

    Muy bueno, Morrison era un gran poeta y realmente le daba una vuelta de rosca más a las cosas. Digamos un inconformista. Esta canción tiene una mística especial, creo que es, en buena medida, el ADN perfecto para identificar la esencia de The Doors : Buena música, poesía, misterio, melancolía, amor y muerte. Good job!

    Respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

error: Content is protected !!