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Entrevistamos a Leo Mateos (Nudozurdo)

Existen artistas a los que sin saber por qué admiras de una manera casi instintiva, no exenta de un misterio proyectado por un capricho netamente personal. También por su actitud incorruptible y por dejarse las entrañas dentro y fuera de lo que hacen. Es el caso de Leo Mateos, alma máter de los añoradísimos Nudozurdo. No podíamos dejar pasar la oportunidad de entrevistarle celebrando su deslumbrante debut en solitario, Demasiado bellos para ser esclavos (21) de su próxima presentación en Madrid (10 de diciembre, Sala El Sol) y, de paso, nos desentramara algunos aspectos de su universo musical.

«Ahora mismo el hip hop o el trap/reguetón pueden llegar a parecer más peligrosos que el ‘indie’. Supongo que es la decadencia propia de un estilo. Puro ombliguismo por otro lado»

La primera pregunta que se me ocurre hacerte es si a la hora de encarar este disco en solitario, buscabas más conscientemente seguir la senda creada con Nudozurdo o desmarcarte en parte de ella.

No tracé ningún camino en concreto, por lo menos conscientemente. Me he dejado llevar. Reuní las canciones que más me gustaban.
De hecho, algunas canciones las compuse cuando estaba todavía en Nudozurdo. Buscaba simplemente sentirme satisfecho con el resultado. Sabía que iban a compararlo con Nudozurdo, pero eso fue algo que me motivó más que otra cosa.

¿Qué diferencia motivacional y de fondo, más allá de estilística la cual es bastante obvia, separan tu anterior aventura personal con Acuario de este primer disco firmado con nombre y apellido?

Para mí, Acuario siempre fue un proyecto de experimentación sonora dentro del mundo analógico (sintes, bases, etc.). Fue lo primero que hice fuera de la banda, pero en mi cabeza era más un juego que otra cosa. Si alguna vez lo retomo será diferente, con otro sonido.

¿Podrías tratar de sintetizar en pocas palabras el camino artístico e inspirador que te llevó desde la disolución de Nudozurdo hasta el nacimiento de Demasiado bellos para ser esclavos?

No sabría muy bien qué decirte. Tener una banda durante tanto tiempo fue sublime, pero también puede ser muy intenso. Es una pequeña familia. Soy más un corredor de fondo. Un tanto solitario. Me imagino que era cuestión de tiempo dar el paso y volverme solista aunque siempre me pareció un poco extraño no tener una banda con la que verme regularmente. La ruptura del grupo también tuvo algo de liberador y recogí esa energía para levantar las nuevas canciones.

Me llama muchísimo la atención positivamente que, pese a ser un disco bajo un apelativo unipersonal, suena tremendamente a banda. ¿Era una de las intenciones al elaborarlo? 

Sí. El mérito de esa energía recae en Jorge y Felipe (baterías) que le imprimieron este carácter. Otro de los aspectos es que trabajé mucho en la producción del disco. Hay infinitas capas de guitarras y teclados que generan ese paisaje dinámico. Me gusta trabajar con los efectos que consiguen dar movimiento al sonido como el phaser, vibratos, filtros, etc… Es un campo que empecé a trabajar en Voyeur Amateur (17) y que he ampliado aquí. Texturas que dan una dimensión viva del sonido. Antes era más lineal con la respuesta acústica y me centraba más en su profundidad con delays y reverbs pero ahora busco más esa intermitencia dinámica. Son como fogonazos sonoros donde cada sonido añade su propio movimiento.

 

La atmósfera opresiva que desprenden tus trabajos como compositor considero que han ido fluctuando, pero en líneas generales creo que se ha ido matizando sin perder el núcleo de ese interesante universo inquietante y terriblemente veraz. ¿Aprende uno con el tiempo a convivir con sus demonios y domarlos en cierta manera para tenerlos como aliados de cara al proceso creativo?

No planifico mucho los temas que voy a tratar en una canción. Suelen llegar de manera natural. La melodía en muchas ocasiones es el canal para que todo fluya. Tampoco sé muy bien qué podría escribir si fuera una persona completamente feliz todo el rato. Para mí, tratar todos estos temas supone una manera de abordarlos y sublimarlos. Es como una terapia, aunque con el tiempo también me he dado cuenta de que volver a cantarlos supone revivirlos. Me pasa con algunas canciones del repertorio. No sólo la letra, a veces es la música. Como si fueran huellas sonoras de otras épocas. Así que ahora busco un término medio. No renuncio a nada. Quizá el enfoque es diferente.

Siempre me ha deleitado tu manera de cuestionar el “establishment” de aquello que se denominó “indie” y que hoy es pura fórmula agotada, intrascendente y exenta de todo peligro. ¿Qué precio se paga por no entrar en esa rueda y qué gratitud se logra a su vez por no hacerlo?

Es interesante que lo relaciones con la peligrosidad. Pienso a menudo en eso. El Rock and Roll era visto como un fenómeno demoníaco cuando surgió. Ahora mismo el hip hop o el trap/reguetón pueden llegar a parecer más peligrosos que el “indie”. Supongo que es la decadencia propia de un estilo. Puro ombliguismo por otro lado. No es por buscar tampoco una pose de maldad intrínseca, pero ciertas dosis siempre fueron buen abono creativo. Creo que tiene que ver con estar dispuesto a romper con todo y de esa manera vacunarte contra el discurso mayoritario. Hay que enfadarse a veces para encontrar tu propio camino. Respecto a la rueda que comentas, daría para un libro entero. La gratitud que se obtiene es la de sentir que haces las cosas con cierta coherencia además de conectar con muchas personas que valoran lo que haces. Es como generar un ecosistema saludable a tu alrededor. El precio que se paga repercute directamente en todo el sector puesto que son muchas bandas las que dan ese paso. Son como dos universos paralelos, por un lado las multinacionales y los grupos que aspiran a ese rumbo desquiciado de sucedáneos y el resto que tratan de recomponer un sector con muchos menos recursos. Es un pequeño circo donde la regulación brilla por su ausencia, ya sea en los cachés de los festivales, en los alquileres de las salas o algún tipo de protección a los músicos, véase un sindicato, etc… Eso ha generado por otro lado un tejido muy débil alrededor de los creadores: agencias, técnicos, sellos, medios, estudios, etc. que también pagan indirectamente esta precariedad. Es un círculo vicioso.

Tu espíritu lírico me parece muy personal y absorbente. Me gustaría saber si eres de esos artistas que siempre necesita un mínimo grado de la experiencia personal a la hora de escribir una letra o eres de los que puede escribir una letra completamente ajena y alejada de su estado emocional.

Siempre he preferido centrarme más en lo propio. Me gusta sentir esa verdad para no verme demasiado lejos de tierra firme. Pero también utilizo filtros aleatorios de fuera para darle algo de aliciente.

 

Encuentro el disco muy heterogéneo y ágil, con diversos estados de ánimo, perspectivas y emociones. ¿Ha influido el hecho de no tener presiones y disponer de un tiempo dilatado para su confección en ese resultado que percibo?

Es probable. He dispuesto de más tiempo en el estudio y las voces por ejemplo están grabadas en casa. Ahora consigo estirar más las cosas dentro y fuera del estudio. Tengo un equipo con el que puedo grabar guitarras y voces con más autonomía. Aunque creo que lo importante en este caso es que al no tener un registro previo en solitario he podido jugar más. Era un salto sin red. Cuando estás dentro de una banda el resultado de las canciones es la suma de sus personalidades y suele sonar más homogéneo. No sé si esto es un tipo de presión, pero las canciones tienen que pasar el filtro del grupo para ver si funcionan. Normalmente me gusta explorar cosas nuevas y seguir después en otra dirección. Muchos de los discos que he hecho son reacciones opuestas al anterior. En este caso me preocupaba un poco que el disco pudiera sonar demasiado disperso, pero creo que Raúl Pérez de la Mina ha jugado un papel importante en la mezcla. Lo ha cohesionado todo.

El enfado general con el clima social y político es algo que cada vez se ha ido apreciando más en tus canciones sin caer jamás en la obviedad. ¿Cómo has vivido la instrumentalización tan salvaje de todos los actores y factores sociales con lo que llevamos pasando estos dos años distópicos?

Ha sido increíble cómo durante la pandemia los políticos han estado buscando votos con los toques de queda y las restricciones .Que hayamos normalizado que un joven deba tener preferencia para usar un respirador con respecto a un anciano se carga el juramento hipocrático. Pero no sólo ha pasado aquí. El dinero ha primado muchas veces por encima de la vida de las personas. Lo demuestra el reparto desigual de las vacunas en los países pobres. Tengo la ingenua esperanza de que todo esto nos esté obligando a repensar las cosas que estamos haciendo mal. Mi único miedo al mismo tiempo es que salgamos de ésta todavía más dóciles y desconfiados. Es el caldo de cultivo perfecto del negacionismo. Vienen curvas fuertes y si la sociedad de hoy decide que es más importante competir que cooperar tendremos que enfrentarnos a un futuro nada amable.

Te vi en formato acústico este verano defendiendo las canciones nuevas junto a revisiones de temas de Nudozurdo, me gustó mucho, pese a no contar con las circunstancias habituales de un show. ¿Qué podemos esperar ahora del nuevo directo eléctrico con banda?

Me acompañarán Nieves Lázaro a los teclados y voz, Juanma de Disciplina Atlántico a la guitarra, Ojo de La Débil al bajo y Jorge Fuertes de Agrio a la batería. Tocaremos el disco completo, habrá alguna versión y algún guiño a Nudozurdo. Me gusta porque conservamos toda esa energía eléctrica que teníamos antes pero ahora podemos añadir todos los detalles de los instrumentos y las voces. Nos acompañará Cela de “Reserva Espiritual de Occidente” como invitada especial.

 

No puedo dejar pasar la oportunidad de preguntarte por uno de los discos más importantes de mi vida que me marcó a fuego para siempre, Tara Motor Hembra. Dime qué recuerdas de su gestación y qué supone para ti ese trabajo en lo personal y en lo artístico.

Fue un trabajo intenso. Era la primera vez que esa formación tenía que trabajar para hacer un disco. Había un ambiente muy bueno, pero al mismo tiempo una gran exigencia. Recuerdo aprender mucho de ellos, de sus influencias y de su manera de entender la música; era una banda con mucha ilusión, con ganas de experimentar y descubrir cosas constantemente.

Creo que se nota en el cambio de registro de Sintética a Tara Motor Hembra. Fue un momento donde estábamos creciendo como músicos y nos empezábamos a profesionalizar en muchos aspectos.

Está en un sitio especial en mi corazón. Recuerdo tocar las canciones en el escenario grande del FIB por donde habían pasado muchas bandas a las que admirábamos y sentir mucho respeto allí subidos.

Hay canciones como “Dosis modernas”, “El diablo fue bueno conmigo”, “Prometo hacerte daño”, “Sueño demo”, Laser love”… que me hacen sentir muy orgulloso de lo que hicimos y sobre todo del sonido que conseguimos sacar adelante.

Muchísimas gracias por tu música y por tu manera de trasmitirla.

Escucha Leo Mateos – Demasiado bellos para ser esclavos

3 comentarios en «Entrevistamos a Leo Mateos (Nudozurdo)»

  • Hola, con cariño os comento, ¿añoradísimos?…sería para largo el debate sobre la importancia o no del indie-rock o de los grupos de rock así en general en la actualidad, más allá de nichos y fans. Es un momento complicado para todo el conjunto de grupos de pop o rock, la nueva situación tras la pandemia e internet es del todo imprevisible pero no parece que grupos como Nudozurdo (no opino siquiera sobre la valía o no de la propuesta) sean o serán añorados. Saludos.

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