Kurt Cobain: Montage of Heck. Analizamos el documental que narra la vida del malogrado líder de Nirvana

Corren buenos tiempos para los documentales musicales. O tal vez deberíamos decir documentales con una excusa musical. La nueva oleada que tienen como protagonista a una banda o a un artista, y ya no parecen tan centrados en idealizar y magnificar su imagen, sino que parece que la tendencia ahora es la de canalizar la narración de una historia a través de la música del artista en cuestión.

Un claro ejemplo de ello es el magnífico documental Mistaken for Strangers (2013) en el que con la excusa de seguir una gira de The National se nos expone de una forma originalísima la relación de dos hermanos tan antagónicos y dispares como lo son Matt Berninger y el díscolo de Tom, que nada tiene que ver con la banda. La misma estrategia también se adivina en el divertido documental que Pulp rodaron con la excusa de testimoniar el último concierto de su gira de reunión, Pulp: A Film About Life, Death and Supermarkets (2014), y que termina convirtiéndose en una descacharrante ilustración sobre la vida de los ciudadanos de Sheffield, su ciudad de origen.

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Esto mismo viene a ocurrir con el sesudo y cuidado documental que el director Brett Morgen acaba de estrenar en cines por tiempo limitado para relatar la vida de Kurt Cobain. La música de Nirvana está presente, sí, al fin y al cabo sería incomprensible entender al personaje sin su creación. Pero no esperemos del documental una reconstrucción de la leyenda de la banda de rock. Al documental solo le interesa la vida personal de Kurt Cobain, hasta el punto de dejar como anotaciones en el margen el rápido ascenso de la banda o la grabación del que resultó ser su último disco de estudio, In Utero (1993).

Si hay algo que hace grande a este documental, y os aseguro que es un magnífico ejercicio audiovisual y de gran poder narrativo, no sólo es la forma, sino su contenido. La hija del propio cantante, Frances Bean Cobain, que aparece acreditada como productora de la cinta y que era sólo un bebé cuando los hechos que se relatan acontecieron, ha sido la impulsora de esta creación y gracias a ello y a, (según palabras del propio director) “la responsabilidad que todos los involucrados en la vida de Kurt sienten por Frances, aparecen en el mismo entrevistas con personajes claves en la vida del mítico cantante que hasta el momento se habían negado a hablar con una cámara delante, como su madre, su padre, su madrastra, una exnovia, Krist Novoselic, o lo que es casi todavía más inverosímil, la propia Courtney Love.

Personajes todos ellos claves en la vida del malogrado compositor que aparecen dibujados de una manera tan brutal y honesta que el espectador no puede evitar sino pensar que la salud mental de todos ellos se ha visto afectada por el brutal desenlace de la corta historia de Cobain. Los primeros planos de un padre elusivo y ausente que transmite gran carga de culpa, mientras su mujer narra con desparpajo los avatares de su hijastro, la madre que sorprendentemente recuerda mucho físicamente a Courtney Love, narrando tranquilamente como echaba de su casa cada dos por tres a un adolescente y problemático Kurt, o la antigua novia de éste que aparece años después con una obesidad casi mórbida, son personajes que hablan sobre la genialidad y el sufrimiento de un chico atormentado y de buen carácter que encontró en la adicción a la heroína un vehículo para calmar su vida interior y que terminó por arrastrarle a un callejón sin salida.

Se echa de menos otorgar más voz a Courtney Love, que hace valientes declaraciones en las pocas intervenciones que realiza, y sobre todo se echa de menos que Dave Grohl hubiera roto su promesa de no hablar de aquellos tiempos desde que Kurt murió. Es sin duda la gran ausencia del documental, la pieza clave para completar un puzzle que hubiera resultado redondo.

Para confeccionar su guión Courtney entregó al director la llave de un almacén donde se amontonan las cajas y objetos personales de Kurt Cobain, pero según nos cuentan no interfirió en su contenido, sólo pidió ver la cinta una vez terminada. Lo que desde luego permite al resto del mundo ser espectador de escenas tan tiernas como las primeras cintas de Super 8 grabadas durante su infancia, a las que le siguen escenas tan grotescas, contenidas en las grabaciones caseras de la pareja ya en la cumbre del éxito, en la que se ve al propio Kurt colocado hasta las trancas de heroína sujetando torpemente a su hija, aún bebé, mientras otra puestísima Courtney Love intentaba cortarle el pelo con unas tijeras.

Los cientos de anotaciones que Kurt realizaba compulsivamente en todo tipo de cuadernos y papeles, o las numerosas esculturas e ilustraciones del genio cobran vida en la película hábilmente y se transforman en imágenes animadas otorgando al documental fluidez en la narración y una potente imaginería que ayudan a disfrutar del tirón de sus más de dos horas de duración.

El documental intenta que entendamos el desvarío emocional que se agolpaba en la cabeza del bueno de Kurt, pero lejos de contar y ensalzar el lado magnánimo de su vida, la fama que alcanzó o el desastre de sus último días, la cinta termina su narración un mes antes del suicidio, se pretende indagar y subrayar, con más aciertos que errores, en todo aquello que rodeaba a aquel joven de Seattle que no dejaba de soñar y que se marchó buscando algo que parece que nunca llegó a encontrar, y todo eso a pesar de haber regalado al mundo sus propios sueños y pesadillas en forma de maravillosas canciones.

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