Lee Ranaldo – Between the times and the tides (Matador/Everlasting)

Es un hecho: el futuro de Sonic Youth está más entredicho que nunca. A los hechos ya conocidos de la separación el año pasado del matrimonio que por más de dos décadas unía a los dos cerebros principales de la banda, Kim Gordon y Thurston Moore, se le vienen añadiendo hechos posteriores como la publicación de discos por partes de los (¿ex?)-integrantes.

El bueno de Lee Ranaldo siempre ha ido un poco por libre, aportando menos composiciones, pero todas dotadas de un carácter muy marcado. Pues bien, si antes los flirteos en solitario de los distintos miembros se destinaban a la experimentación inquieta, en este caso la concreción que adoptan los temas, enciende ya todas las alarmas de que una banda tan trascendental puede haber firmado su finiquito.

Si el año pasado Thurston Moore apostaba por un conjunto de temas intimista y acústico, de clara herencia folk, nuestro canoso protagonista, por el contrario, ha rendido un tributo a los 90’s.

Between the times and the tides (12) es un disco que exuda aroma a toda la inquietud nihilista y feromática de aquella época; una visión que, a los que ahora tenemos treinta y tantos y asistimos absurdos al desencanto social puro y duro que provoca la pérdida de las victorias logradas a lo largo de los siglos, recordamos resignados como aquella insatisfacción entonces era poco más que coartada estética y artística.

El arranque con “Waiting on a dream” es Sonic Youth 100%, con menos tensión, eso es verdad, con menos aristas y más atemperado, pero igualmente adictivo y reconocible. “Off the wall” suena cristalina y pulida, muestra palpable de que el ruidismo y la disonancia no tienen cabida por esta vez, y sí las melodías memorables.

“Xtina as i know her” es el típico tema intrincado marca de la casa de Ranaldo que, sin enmarañarse demasiado, levanta un edificio brumoso de siete minutos. Y tras esta triada inicial tan atractiva, entramos en terrenos que nadan entre la autoindulgencia desenchufada puntual (“Hammer blows”) y el intento por sonar dignamente adolescente a lo The Posies con cincuenta y tantos tacos (“Fire islands (phases)”).

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