Los Evangelistas – Homenaje a Enrique Morente (El volcán música)

Este sentido Homenaje a Enrique Morente (12) vendría a ser el disco que cerrara una imaginaria trinidad compuesta por Omega (96), esa asociación del propio Enrique Morente con Lagartija Nick –con una pléyade de flamencos detrás-, y La leyenda del Espacio (07) de Los Planetas, un esfuerzo por adaptar a su música diversos palos flamencos y canciones populares.

Estos Evangelistas, J, Antonio Arias, Florent Muñoz y Eric Jiménez, implicados de una forma u otra en los anteriores lances descritos, tendrían como fin último el de universalizar expansivamente el flamenco a territorios alejados de su naturaleza primigenia.

Y es que la huella que ha dejado en ellos El Maestro es honda, y como bien dicen, sin darse cuenta fue el propio Enrique quien les empapó de su genio y su cultura infinita cuando, en apariencia, el granaíno lo que perseguía con sus diversos coqueteos fuera del folklore, era ampliar su radio de acción a experiencias más allá del integrismo que por desgracia encorseta en ocasiones el arte.

Y como a ellos les caló, a tantos otros entre los que me incluyo: a ver quién me iba a decir hace años que en mi Ipod iba a encontrar discos de La Niña de los Peines, Fosforito o La Paquera de Jerez…y es en estos momentos cuando, desde el respeto y la casi ignorancia de un universo tan inabarcable, siento y valoro retazos de cultura perdida en el tiempo, debiendo dar las gracias tanto al desaparecido genio por obras capitulares e iniciadoras de mi vida como Despegando (77), como a estos sus evangelistas propagadores de un legado inmortal.

Sin alcanzar la majestuosidad ni las trascendencia –tampoco lo busca- de Omega (96) ni la emoción tan porosa de La Leyenda del Espacio (07) –su flujo es mucho más intrincado-, el trabajo de Los Evangelistas se me antoja inacabable, serio, solemne y matizadamente oscuro. Sólo el respeto mayúsculo de los integrantes del proyecto es lo que impide un enfrentamiento a las interpretaciones menos encorsetado: y es que la sombra de Morente se cierne no sólo sobre los que homenajean su cancionero, sino también sobre los que escuchamos la reconversión de esos temas, con una atención tan reverencial que, inevitablemente, nos lleva a hacerlo a un paso de distancia.

No se puede dejar sin elogiar el papel jugado por otras colaboraciones y nombres implicados. Para empezar, el tratamiento del sonido efectuado por Martin “Youth” Glover (Killing Joke), logrando realzar las canciones aportando un acabado rotundo.

Aurora Carbonell, pareja de Enrique, brinda un sobrecogedor cuadro como portada del álbum que muestra ya la intensidad y quejido intrínseco que supura. Y en cuanto a voces invitadas, destaca el lamento hiriente de Carmen Linares en “Delante de mi madre” y la fulgurante belleza que imprime Soleá Morente a “Yo poeta decadente” y “La estrella”, formando entre las tres los pasajes más sobrenaturales e intensos de toda la obra.

Otras recreaciones hermosas son aquellas que evocan a la propia carrera de los cuatro evangelistas, caso de “Decadencia” que en su desarrollo me recuerda a la sublime “Ya no me asomo a la reja” o la inapelable “El loco”, gemela de la potente “Supercuerda” del reciente Zona de conflicto (11) de Lagartija Nick.

Si bien la oscuridad y el dolor, como no puede ser de otra forma, explotan en este homenaje, no hay que olvidar las ganas de vivir y de conocer que siempre acompañaron al genio andaluz hasta el fin de su días, manifestadas en la sutil belleza de “Amante” o en ese animado final, “Donde pones el alma”, broche a un evangelio que exorciza demonios y celebra la vida apasionada.

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