Miguel Rivera + Ramón Rodríguez (Maga + The New Raemon) – El Sol (Madrid)

Es a veces el destino, camuflado en forma de canción, el que atrae a dos artistas, creando en breve espacio de tiempo un vínculo tan estrecho, que casi podría parecer de enamorados, (si es que no lo son, aunque sólo sea musicalmente hablando).

Uno de estos últimos flechazos, es el que se ha dado en el territorio nacional, entre Miguel Rivera y Ramón Rodríguez, o lo que es lo mismo, entre las almas de Maga y The New Raemon. Un flechazo que ha cruzado la península de punta ha punta, y que ha tenido como feliz retoño la participación del primero, en el último Epés Reunidos del segundo, y una minigira por locales de aforo limitado, entre los que se encontraba la mítica Sala Sol madrileña. Así que decorada con butacas y mesitas repletas de un público notablemente entusiasmado e inquieto por saber lo que escucharían esa noche, recibió la mencionada sala a eso de las once y media, a la deseada pareja andaluza-catalana.

Sobre el escenario, dos sillas, dos guitarras, una batería y un bajo daban la bienvenida a la pareja, que respondió en voz de Ramón con un primer tema de Maga (“hasta despertar”), seguido de “la cafetera” del propio New Raemon. El “comimiento mutuo de polla “ se podía dar por comenzado, y la verdad, que las sensaciones entre el público como “voayeurs” primerizos, no podían ser mejores. Sonidos familiares y a la vez tan distintos, canciones tan queridas, sonando de un modo tan desnudo, y en ocasiones tan extraño que resultaban totalmente novedosas y atrayentes. Así que poco a poco, con mucha calma, y constantes bromas, fueron deshojando la margarita de su amor, mientras el público se iba quedando prendado de uno, del otro, o sencillamente del dúo.

Ahora canto yo tu canción, ahora cantas tú la mía, ahora canto yo la mía, de repente suena un temazo y nos callamos los dos para que el público coree, les pongo la piel de gallina cantando “te debo un baile” de Nueva Vulcano, me levanto y me pongo un rato a la batería y les dejo a todos boquiabiertos, después se pone Miguel a la batería, y les dejo si cabe más boquiabiertos aún, con una técnica tan secreta como depurada… En definitiva, una serie de experimentos cuando menos curiosos, y muy muy agradables que tuvieron como resultados momentos inolvidables como “sí pero no lo soy” o “elenana”.

Así que una vez saciados (o mejor dicho, una vez arramplado con toda la nevera de canciones), y sin moverse de sus sillas, decidieron dar por comenzado el bis, que supuso el lazo más extraño, especial y perfecto, para un regalo de concierto. Como si de dos amigos se tratasen, se miraron a los ojos, y comenzaron una revisión de éxitos de los ochenta y noventa, que sirvieron de inmejorable despedida, y que dispersó por toda la sala los sonidos de REM, Cure y Echo & the Bunnymen. Finalmente, y obligados por los gritos, la pareja tuvo que volver a salir para despedirse finalmente de la sala al completo con “la dimensión desconocida”.

Entretenido, agradable, divertido, extraño, original… Creo que son muchos y muy buenos los adjetivos que se podrán decir de esta minigira que ya veremos qué consecuencias traen… El consejo es claro, si se pasan por tu ciudad, ¡VE A VISITARLES!

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