The New Raemon – El Sol (Madrid)

The New Raemon con los conciertos presentación de Tinieblas, por fin (12), constata el cierre a cal y canto a la primera etapa ramoniana.
Y es que hay que tener una fe ciega en su cancionero actual y mucho coraje para ningunear por completo su reconocido debut A propósito de Garfunkel (08), el principal reclamo para mucha cara guapa congregada aún por el de Cambrils el pasado jueves en Madrid.
Otros tantos hace tiempo que comulgamos desaforadamente con el cambio de rumbo hacia terrenos más escarpados por parte de Ramón Rodríguez. Al final, poco importa de qué etapa se sea más fan, el caso es que la sala El Sol estaba a rebosar y no cabía un alma.

Tinieblas, por fin, sonó al completo, si bien los primeros compases resultaron bastante tibios. “Galatea” y “La casa abandonada” sonaron desangeladas, pero a partir de “Marathon Man” y “Risas enlatadas”, la cosa mejoró sustancialmente y la intensidad y seriedad coyuntural del estado en que vivimos trazaron una actuación de nuevo soberbia.
Acompañado de una mini sección de viento, una violinista y, en total, ocho músicos sobre el escenario, los temas surgían arropados como para conmover adecuadamente, sobre todo a través de los que contiene su obra a mi gusto trascendental, Libre asociación (11). Pocos momentos recuerdo tan sentidos y emocionantes como lo fueron sus temas más conmovedores “Consciente, hiperconsciente” y ese cierre hermosamente doliente y oscuro que es “Llenos de gracia”.

Los rescates de su pasado fueron tan sólo dos: la acústica “El fin del imperio” tan tristemente adecuada para esta zozobra socioeconómica que nos agita sin, al parecer, fin a la vista y “Por tradición”, una canción que me deja al borde de las lágrimas, siempre sonando tan encendida y devota.
Otras sorpresas fueron la revisión desnuda de “Verdugo” y comulgar con las excelencias de nuevas composiciones que requieren su merecida atención y reconocimiento como “Centinela” y “Grupo de danza epiléptica”.
The New Raemon es real, cercano y está jodido, tanto como tú o como yo, que nos levantamos, nos tomamos un bol de cereales, miramos mudos por la ventana y deseamos quemar este injusto mundo que se empeña incesantemente en dibujarnos el rictus del abatimiento. Si tan solo un paso al frente cambiara nuestra suerte…
 

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