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Pearl Jam – Dark Matter (Monkeywrench / Universal)

Pearl Jam siempre ha sido una banda diferente del resto de su generación. Más allá del debate sobre si pertenecieron al grunge o no (hay quien discute incluso que aquel movimiento existiera; pues vale), de todos sus coetáneos de Seattle siempre fueron los que más claras tuvieron las cosas y quienes parecían tener la cabeza más amueblada, siendo conscientes de que querían hacer algo más con su vida que drogarse y buscar líos en los bares estando de gira. Pensemos en la suerte que corrieron no solo Nirvana sino Soundgarden, Alice in Chains, Screeming Trees y tantas otras bandas que triunfaron en los 90 adscritos a la etiqueta del grunge y salvo casos puntuales como Mudhoney o L7, insospechados supervivientes de la escena, nadie continúa en activo y prácticamente ninguna banda de esa época, dentro y fuera de Seattle, goza de su visibilidad y relevancia, aunque ambas se deban más a la incontestable calidad de sus directos que a sus trabajos discográficos.

Porque artísticamente hablando, el declive de la carrera de los norteamericanos es evidente. Cada fan pondrá el inicio de la caída en un álbum en particular -para mí su último gran disco es el del aguacate de 2006- pero es indudable que las cotas de excelencia artística de sus primeros cuatro o cinco álbumes no han vuelto a aparecer ni por asomo en su obra posterior. Por suerte, incluso en sus momentos más bajos Pearl Jam siempre han mantenido el tipo más o menos, sin entregar ningún disco bochorno. Extremadamente autoconscientes del valor de su propia marca, no se han permitido correr el riesgo de cagarla de verdad. Quién sabe qué habría pasado si hubieran pegado un giro de verdad en su carrera, como tantos otros popes ochenteros y noventeros, pero eso al algo que nunca sucederá. Incluso sus momentos más “experimentales” siempre se han realizado bajo el amparo de un sonido conservador y una estructura clara de canción rock más o menos tradicional. AOR lo llaman.

En las declaraciones previas a la llegada de su duodécimo álbum, Dark Matter (2024), se anunciaba como siempre la vuelta de los Pearl Jam más cañeros, los “de siempre”. De lo que no se dan cuenta con esta estrategia es de que luego acabamos escuchando el disco y vemos que no son los de los 90. Y gracias a dios… No queremos que vuelvan al sonido de Ten (1991) o Vs. (1993), sería ridículo ver a señores que rondan los 60 años queriendo firmar canciones como “Jeremy” o “Animal”. Ni ellos ni nosotros somos los mismos, por suerte o por desgracia. Así, Dark Matter suena como ya suponíamos que lo harían Pearl Jam en 2024: una colección de canciones apañadas, con una producción limpia y sin sorpresas, pero tan poco memorables que, aunque quizá satisfagan al fan más extremo, no podemos considerarlo un gran disco, ni dentro de su carrera ni en términos absolutos. Ni siquiera podemos decir aquello tan manido de “su mejor disco desde…” puesto que su antecesor Gigaton (2020) se me antoja más desprejuiciado y vigente que este Dark Matter que nos ocupa.

La cosa arranca bastante bien con “Scared of fear”, pieza enérgica y rotunda que representa lo mejor que Vedder, Ament, Gossard y compañía pueden ofrecer a día de hoy. Riffs limpios, buena interpretación vocal y un estribillo coreable, qué más queremos. Aunque seguramente le sobre un minuto, para abrir el fuego no está nada mal. En “React, Respond” llega mi primer arqueo de ceja. Me parece la misma canción que les he escuchado varias veces en sus últimos álbumes pero con una producción sospechosamente facilona, con ese bajo tan gomoso y ese ritmo partido a mitad de canción. Un quiero y no puedo en toda regla, pero al menos quieren. Como “Wreckage”, uno de los adelantos, que es la típica canción que sobre el papel funciona, está bien escrita, interpretada e incluso arreglada, pero dudo que mi cabeza me pida nunca reproducir de manera voluntaria. Nadería inocua con buenas intenciones que servirá para recargar la cerveza o ir al baño cuando la toquen en directo.

“Dark Matter”, canción que da título al álbum y otro de los singles previos, aguanta el tipo aunque igualmente queda lastrada por la producción de Andrew Watt, responsable del sonido del álbum así como de los últimos trabajos de Iggy Pop o The Rolling Stones, que tiene una sospechosa tendencia a inflar y abrillantar las pistas cuando no es necesario. A partir de la quinta canción el álbum se convierte en un desfile de medios tiempos y balas de fogueo. “Upper Hand” comienza como balada y va ganando intensidad a la vez que pierde emoción. “Waiting for Stevie” apuesta por un sonido de guitarras cristalina deudor de los noventa pero suena casi más británica que americana pero suena algo diferente al menos porque, por ejemplo, “Something special” es impropia de Pearl Jam. No sé qué intentaron con ella pero no les ha salido bien.

Solo la ya conocida “Running” se salva y me temo que en parte es por su brevedad. Un single contundente y disfrutable que me recuerda a “World Wide Suicide” en su intención y resultado: despista respecto al contenido del resto del álbum, es un señuelo en toda regla, pero funciona bien y seguro que en directo es un pepino. En resumen, un disco que se deja oír con algún destello puntual muy de agradecer que, sin suponer una debacle, no creo que volvamos a escuchar una vez que pase la gira de los de Seattle por nuestro país en unos meses por Barcelona (6 y 8 de julio, Palau Sant Jordi) y Madrid (11 de julio, Mad Cool), directos que serán la verdadera vara de medir del estado de forma de una banda legendaria que pasan los años y sigue siendo pertinente, aunque hayan perdido velocidad y energía por el camino.

Escucha Pearl Jam – Dark Matter

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