Richard Ashcroft – La Riviera (Madrid)

Sorprende que quien fuera cabeza de cartel de Benicàssim 2000 y apenas tres años antes conquistara al mundo con el aclamado Urban Hymns no consiguiera más que una discreta media entrada en la Riviera de Madrid.

Richard Ashcroft acudía a la capital de España con su nuevo disco Human Conditions bajo el brazo. Bien es cierto que los ecos del pasado siguen resonando y que tanto este nuevo trabajo como su Alone With Everybody (2000) , no han tenido demasiada aceptación. Pero tal y cómo demostró el artista británico, no renuncia ni al pasado ni a preparar escrupulosamente sus directos.

Con ocho músicos sobre el escenario entre los que había dos guitarras, un bajo, batería (con el ex Verve Peter Salisbury), percusiones, saxo, flauta, un chelo electrónico, dos teclados -incluyendo el de su mujer Kate Radley-… Ashcroft abrió la actuación con una concesión al pasado y rescató “Sonnet”, agradable sorpresa. Poco a poco fue combinando sus nuevos temas con los de su primer álbum demostrando que en ocasiones aún es capaz de crear atmósferas hipnóticas y dejar a la audiencia petrificada. Así canciones como “Paradise”, “Buy It In Bottles” o “Song For The Lovers” funcionan magistralmente en directo, mientras otras como “Nature Is The Law”, “Running Away” o “Check The Meaning” quedan bastante deslavazadas.

A mitad de concierto la banda abandonó el escenario para volver a rescatar en plan acústico sus himnos urbanos. “Drugs Don´t Work” y “Space And Time” sonaron apasionadas, sentidas, aunque esta última fue interrumpida bruscamente tras romperse una cuerda de la guitarra. El final de la actuación fue para una recreación de la magnífica «History» (incluída en A Nothern Soul (95)), “Science of silence”, una conmovedora “Lucky Man” y cómo no, “Bitter Sweet Symphony”, algo distinta a la original.

La noche deparó una actuación que se convirtió en un ejercicio de memoria colectiva, de reivindicación de quizás el último pelotazo del llamado britpop. Una agradable y entrañable cita, que de haberse celebrado cinco años antes hubiera sido considerada histórica. Nos hacemos mayores.

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