The Flamin´Groovies (Sala Caracol) Madrid 14/04/16

Regresaban The Flamin´Groovies a España, por segunda vez en dos años, después de su exitosa gira del 2015. Ciryl Jordan y los suyos nunca han querido nada de la Industria musical y tampoco la han debido nada, pero en los últimos años parecen querer recuperar el tiempo perdido y hacerse con el beneplácito que la historia contada del Rock & Roll siempre ha negado a la banda. Con las entradas agotadas desde hace días, por el comentado interés que últimamente suscitan los Groovies, y por el excelente trabajo de la promotora I Wanna Management, la abarrotada Sala Caracol esperaba impaciente a la salida del cuarteto de San Francisco.

Puntuales salían a escena los cuatro, capitaneados en el centro por Cyril Jordan y con aspecto de tener energía suficiente para dar un concierto digno. Pero antes de seguir, hagamos un ejercicio de sinceridad, objetividad y, porque no, autocritica. El que esto suscribe muchas veces es de los que va a ver al grupo mítico de turno y, aunque diga que no, piensa desde lo más profundo de su ser, que va a ver al grupo en cuestión, en forma, como si no hubieran pasado los años. Como si hubiéramos arrancado un Delorean y nos hubiéramos presentado en San Francisco en el 69, o en los setenta y no, no se puede ir a ver a ciertas bandas con la ilusión de ver eso.

Los componentes de los actuales Flamin´ Groovies pasan de los sesenta (Cyril Jordan sobradamente, hasta la siguiente década) y la media de edad de la banda la baja el baterista, el mexicano, Víctor Peñalosa que de vez en cuando miraba a lo que estaba pasando en el escenario con cara de pensar “¿Esto está pasando?”.

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Así que, concienciado de que esto no iba a ser un concierto de los de enmarcar, uno se disponía a ver a estos mitos. Los primeros temas no funcionaban, para que vamos a engañarnos, la base rítmica sonaba atronadora y muy energética, eso sí, el bajo de George Alexander martilleaba que daba gusto y de los tres señores era el que más se dejaba la piel y el más coherente. Chris Wilson, golpeaba su Fender Telecaster en el mástil de vez en cuando, enfadado (o algo así) y la levantaba por los aires de vez en cuando, en un gesto que generaba más pena que gloria. La guitarra de Cyril totalmente desafinada (y lo dice uno que no es muy exigente en esos aspectos) y a descompás de la de Chris Wilson. El primer tema de actuación, “Yeah my baby”, del disco, Flamin´ Groovies Now (1978) dejaba un comienzo frío, “demos tiempo”, debía pensar el entregado público, parada para afinar y vuelta a un set de los Groovies más melódicos, craso error. En las distancias cortas es cuando una banda de Rock & Roll se la juega, que decía aquel, y la primera parte del concierto no podía sostener un repertorio con canciones como: “Feel a whole lot better” (The Byrds), “You tore me down”, “I can´t hide” o “Please Please Girl”, con las voces inexistentes de Chris Wilson y Cyril Jordan, este último cada vez que se acercaba al micro para cantar, lo dejaba a medias, como si se hubiera olvidado o de repente de la canción, o se hubiera acordado de la lista de la compra del súper.

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Únicamente en las canciones más broncas y menos melódicas, disimulaban las evidentes carencias de la banda, así, con canciones como: “I want you bad”; la versión de sus amigos, NRBQ, “Yes I am”, o “Tallahassee Lassie”, la actuación cobraba algo de sentido.

Cuando todo parecía estar perdido, aparecía; como su mejor arma secreta, aunque ya era un secreto a voces, el gran Roy Loney, que junto a George son los dos que lograban levantar la actuación hasta sus momentos más emocionantes. Como si el resto de la banda se hubiera contagiado, fue cuando los Groovies volvían a recuperar el tono y ejecutaban los temas sin pedir permiso, sin paradas, sin mirar, sin decir ni hola, Rock & Roll, eso es.

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Lástima que la aparición de Roy fuera sólo eso, una aparición de no más de veinte minutos, pero temas como: “High flying baby”, “Evil hearted ada” o “Second cousin”, nos retrotrajeron a los mejores Groovies, a los mejores que uno que no los ha visto de forma decente pueda recordar, al menos.

Desaparición de Roy Loney y vuelta a la áspera realidad, encarnada por una banda fuera de tono y totalmente desengrasada, pero con un público fiel y educado que había acudido bajo la misma premisa que un servidor, a juzgar por su predisposición a seguir aplaudiendo y jaleando a lo que estaba ocurriendo en el escenario.

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El colofón final de actuación no podía ser menos surrealista que el resto, comenzaban los primeros riffs de “Slow death”, y de entre las cortinas volvía a aparecer Roy Loney, Wilson se apartaba del micro con cara de pocos amigos y el micro de Roy no daba señal, este, visiblemente contrariado, cogía el micro de Willson y comenzaba a cantar. El mejor momento de actuación de la noche, sin duda, y eso que el comienzo fue, como se suele decir, “de traca”. Finalizaban el tema y… ¡Sorpresa! La banda desaparecía sin decir ni adiós y no volvería a aparecer. Decepción entre el público y comentarios tipo: “han faltado clásicos”, “no vuelvo”… eran los más oídos. Sí, faltaron temas del set que no tocaron y se echaron en falta algunos, sobre todo: “Shake some action” o “Teenage head”.

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Podemos especular lo que queramos, ¿hubo sus más y sus menos entre Cyril, Roy y Willson, en los últimos momentos de actuación? Pues parece que sí. ¿Estarán otros veinte años sin hablarse Roy y Cyril? No lo sabemos, aunque parece poco probable. Como nos decía el propio Cyril en esta entrevista, The Flamin´Groovies son una banda de Rock & Roll, y este, como la vida misma es imprevisible. No hagas caso de las crónicas como esta, si pasan por tu ciudad; ve a verlos, eso sí, con paciencia y asimilando que nada es lo que era.

 

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