Belle & Sebastian

No importa cómo algunas de las canciones hayan acabado estilísticamente, todavía seguimos sonando a nosotros y seguiremos sonando a nosotros pase lo que pase

Cuando a principios de año se publicaba el nuevo disco de Belle & Sebastian, pilló por sorpresa a más de uno. Ya lo avisaron en el single de adelanto “The Party Line”, en el que los escoceses aparcaron la exquisitez característica de sus composiciones para acercarse a un sonido eurovisivo y bailable. Girls in Peacetime Want to Dance, estaba claro, iba a ser un disco controvertido en su discografía.

Por suerte para sus fans, en este nuevo trabajo también se han reconciliado con su sonido más clásico, el que nos lleva a su trilogía Tigermilk, If You´re Feeling Sinister y The Boy with the Arab Strap. Y si a esto le sumamos que han conseguido mantener su identidad pese a ese giro electrónico, el resultado final no es tan traumático. Más bien todo lo contrario (como te contamos en su momento).

Así que hemos querido charlar con ellos para saber cómo es que los abanderados del pop arty han decidido abandonar la biblioteca, desinhibirse y lanzarse a descubrir todo un nuevo mundo de ritmos para la pista de baile y cómo lo han hecho para no perder esa reputación de banda de culto que les acompaña desde hace veinte años. Para la ocasión hablamos con Richard Colburn, batería de la banda.

Tras ocho discos haciendo canciones pop en las que habéis desarrollado un estilo muy personal entre lo delicado y lo cultivado, en Girls in Peacetime Want to Dance habéis decidido dar un giro bailable a los temas. ¿Fue una decisión que tomasteis antes de  empezar a trabajar en el nuevo disco o este nuevo acercamiento ha sido fruto de cómo se han ido desarrollando los temas durante la grabación?

Ha sido básicamente la forma en que las canciones se han desarrollado según trabajábamos en ellas. Creo que “The Party Line” es la única que fue una decisión consciente para que fuera en una cierta dirección.

Aún así, parece que sí que buscabais deliberadamente un cierto cambio desde el momento en que decidisteis trabajar con Ben H. Allen III, un productor que esta detrás de algunos discos con bases rítmicas muy potentes, como el Centipede Hz de Animal Collective o trabajos para Delphic o Cee Lo Green. ¿Por qué os decidisteis por Allen y cómo fue la experiencia?

Barajamos varios nombres y al final quedó el suyo. Creo que por su bagaje entendió que queríamos que nuestras canciones tuvieran un acabado más dance o electrónico y tuvo la habilidad de hacer que siguieran ese camino. Ben acababa de trabajar con Kaiser Chiefs, y anteriormente en muchos otros discos de éxito. Buscábamos a alguien que estuviera habituado a trabajar en proyectos largos, cosa que no es fácil con muchos productores actuales. Además tiene un estudio de grabación fantástico en Atlanta y a nosotros nos gusta irnos fuera cuando estamos grabando, así nos concentramos solamente en la grabación. De hecho, es el tercer disco seguido que grabamos en Estados Unidos y ha sido una experiencia fantástica. Ben trabaja realmente rápido y es muy creativo y estimulante. Al principio nos costó un poco entrar en su dinámica de trabajo, pero una vez que hizo clic, fue todo muy divertido.

De todas formas, no parece que se trate de un simple giro hacia la música dance, también parece haber un acercamiento al soul, el gospel o el funk. Como si hubierais encontrado la inspiración para los nuevos temas en la música pop de los 50 y 60.

Siempre hemos tenido algo de soul y somos grandes fans de la música pop de los 50 y 60. Creo que este disco es mucho más rítmico que nuestros trabajos anteriores, lo que le da un sonido más funky y con un toque más soul. Nos aprovechamos de todo lo que nos ofrecía Atlanta a la hora de grabar, como músicos de sesión con los que trabajamos en capas de nuestros temas. Tuvimos un coro de gospel que vino al estudio a grabar cosas y también una sección de metales fantástica, entre otras cosas. Así que definitivamente todo ello ayudó a conseguir algunos de los sonidos del disco.

Los sintetizadores son muy importantes en este disco. ¿De dónde surge este interés por los sintetizadores? ¿Os costó mucho combinarlos con vuestro particular sonido?

Hemos usado algunos sintetizadores en el pasado, aunque nunca tanto como en este disco. Chris, nuestro teclista (entre otras muchas cosas), tiene una colección fantástica de sintetizadores vintage y además también son uno de los puntos fuertes de Ben, así que se divirtieron mucho creando sonidos juntos.

¿Cuáles son las referencias o influencias musicales que teníais en mente para conseguir este sonido dance / electrónico?

Stuart tenía en mente el europop vintage mientras trabajaba en las canciones en Glasgow. Los Pet Shop Boys aparecieron un par de veces también. Aparte de eso, no recuerdo muchos nombres concretos.

Mientras que para vuestros trabajos anteriores parecía que querías hacer discos pensando en ellos como si fueran “arte” (desde las letras hasta la música todo es intelectual, precioso, inteligente y arty), en este disco parece que simplemente hayáis querido divertiros, como si el propósito fuera pasarlo bien, tanto vosotros como el que lo escucha, sin preocuparos ni siquiera de si en algunos momentos algo suena un poco hortera o fuera de lugar. ¿Habéis grabado este disco con menos inhibiciones que los anteriores?

¡Por supuesto! Creo que trabajar con Ben ayudó en este proceso. Personalmente creo que seguimos escribiendo canciones que son como las describes, pero en este disco hemos sido menos quisquillosos y si algo sonaba bien y nos parecía bien, nos lanzábamos a ello. Al principio nos costó un poco porque tenemos una visión de las canciones muy particular, pero una vez que nos pusimos a grabar y Ben se puso a los mandos, ya no hubo marcha atrás y las canciones parecían indicarnos su propio camino.

Sin embargo, a pesar de los cambios obvios en algunas canciones, luego hay temas como “The Cat With the Cream” o “Ever Had a Little Faith?” que hubieran encajado perfectamente en If You´re Feeling Sinister o The Boy With The Arab Strip. Pero no me refiero solamente a que suenen a Belle & Sebastian, sino a que suenan a los Belle & Sebastian clásicos. ¿Tiene sentido? ¿Es algo deliberado que habéis querido hacer para equilibrar el impacto?

Sí, claro que tiene sentido. No estoy seguro de si fue deliberado, pero ciertamente no le hace ningún daño al disco. Creo que el equilibro entre temas más clásicos y temas más atípicos es bueno aunque sinceramente no creo que el nuevo giro electrónico aleje a aquellos fans a los que siempre les ha gustado Belle & Sebastian. No importa cómo algunas de las canciones hayan acabado estilísticamente, todavía seguimos sonando a  nosotros y seguiremos sonando a nosotros pase lo que pase.

Aunque este disco tiene un acercamiento sonoro más bailable, las letras tienen un alto contenido político y de preocupación por el estado general del mundo, que incluso se refleja en el título del disco y la portada. ¿El hecho de que tengáis familia hace que os preocupen más estos temas?

Es cierto que hay unas cuantas canciones políticas en el disco. No estoy seguro de si es la razón, pero definitivamente tener familia te cambia la forma de ver las cosas.

La portada también es diferente de lo que habíais hecho anteriormente. Tiene algo que la hace preciosa y turbadora a la vez. ¿Nos podrías explicar cuál es la idea tras esta portada y el título del disco? Como siempre, los títulos de vuestros discos parecen sencillos pero son realmente crípticos.

El título es algo que estuvo rondando a Stuart durante bastante tiempo. Desde hace años, siempre lleva consigo una libreta con nombres, frases y cosas divertidas que va escribiendo cada vez que escucha o ve algo que le llama la atención o simplemente le hace gracia. No creo que haya nada más profundo ni complejo que eso en el título. Sobre la portada, Stuart tenía claro que quería que la imagen fuera estilo años 30/40, probablemente para que pegara con el título. La portada y el título son completamente cosa suya, a partir de ideas que fue desarrollando casi paralelamente a las propias canciones: cuando nos enseñó las canciones, ya tenía el título del disco.

Una vez que el disco estuvo acabado, ¿en algún momento tuvisteis el temor de que la gente no lo entendiera?

No, realmente no. Como te decía antes, el disco suena a nosotros aunque por momento sea más atrevido de lo que acostumbramos. Así que más que atemorizados estábamos ansiosos de saber cuál sería la reacción. Creo que ha quedado un conjunto de canciones muy potentes y eso es independiente de cualquier cambio estilístico.

Desde la primera vez que os vi en directo (en el festival de Benicàssim allá por 2002), vuestros directos cada vez son más divertidos y habéis desarrollado un set donde parece que sobre el escenario lo pasáis realmente bien, casi como si fuera una fiesta que compartís con el público. Y es curioso porque la primera vez que escuché Girls in Peacetime Want to Dance pensé que era el paso obvio para llevar toda esa diversión que conseguís en directo, al disco. ¿Fue esa la idea?

¡Absolutamente! Creo que este disco encaja perfectamente con lo que hemos estado haciendo en directo durante los últimos 5 ó 10 años. Por supuesto, ahora queremos evolucionar de nuevo en directo para adaptar este disco y pretendemos hacer esto incluyendo la producción del espectáculo. Vamos a usar proyecciones sincronizadas para algunos de los temas, nuevos y viejos, que creo que les queda muy bien. Creo además que hemos llegado a un punto en el que, después de tanto tiempo haciendo esto, realmente disfrutamos tocando en directo porque nos sentimos cómodos sobre el escenario.

Han pasado cinco años desde vuestro anterior disco. Cinco años en que no habéis parado, pero todo ha sido al margen de Belle & Sebastian. ¿Ha sido difícil reuniros después de todo este tiempo y encontrar la inspiración para volver a crear canciones juntos?

Al contrario, ha sido sorprendentemente fácil. Algunas de las canciones ya las habíamos oído antes, pero otras han sido escritas expresamente para este disco. De hecho, hace un par de años ya nos juntamos para componer un poco, así que no estábamos en tan baja forma. Nuestra química como banda está tan arraigada que es como montar en bici, te puede costar un poco volver a ponerte después de un tiempo, pero enseguida vuelves al mismo nivel de antes.

Después de 20 años haciendo música juntos, ¿qué ha cambiado en la manera en que escribís vuestras canciones?

En algunos sentidos ha cambiado mucho y en otros no ha cambiado casi nada. Como banda, seguimos juntándonos en la misma sala de ensayo para tocar. En eso no ha cambiado nada. Tal vez lo que haya cambiado más es que usamos la tecnología de forma diferente. Los iPads han tenido su papel en la creación de este disco, lo mismo que software como Garageband, Ableton, Logic o Native Instruments. Con estos programas, todos podemos ir añadiendo nuestras ideas a los temas de forma sencilla. El resto es igual que cómo era antes. Empezamos por tener un puñado de canciones y entonces viene lo realmente complicado: encontrar un productor, hacer un presupuesto del disco… De hecho, la música es lo más sencillo normalmente.

En un par de meses Belle & Sebastian estarán tocando en directo en el festival Primavera Sound.

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