Coleccionistas – Coleccionistas (Demian Records)

A veces, saber cuándo parar en la disquisición semántica entre el concepto de supergrupo y el de banda en su concepción más clásica (es decir, grupo formado por músicos de otras formaciones) resulta complicado por lo tentador del primero. Quizá lo más apropiado fuera convenir en una especie de acuerdo tácito que el título de supergrupo se instituyera en un laurel de quita y pon que dependiera enteramente de la entidad del disco, y no del curriculum de los músicos que lo graben. Todo sería mucho más sencillo entonces, y la condición de supergrupo de Coleccionistas, por ejemplo, sería indiscutible.

Y no es que precisamente el trío valenciano esté lejos de la interpretación clásica de supergrupo. Coleccionistas está formado por Remi Carreres, un nombre fundamental en la música local y nacional de los 80 (dejó su huella, entre otros, en Comité Cisne y Glamour), Jorge Pérez (Tórtel, antes en Maderita y Ciudadano) y Víctor Ramírez, una de las sorpresas agradables del año con su debut Book of Youth. Sin embargo, y aunque los tres estratos que forman este ensayo de geología universal se antojan imprescindibles para configurar las tres alturas de la tarta, el resultado de su disco debut está muy por encima de consideraciones teóricas.

Sin duda, el triple corte demográfico e incluso estilístico de Coleccionistas le otorga esa cualidad de excepcionalidad a la breve colección de su ópera prima. El encuentro generacional entre Carreres, que además produce el disco, Tórtel y Ramírez es un extraordinario ejemplo de creación democrática. Una especie de pop mosquetero: uno para todos, y todos para uno. Además, el trabajo del trío cuenta con una producción exquisita, no en vano el castellonense Raúl Pastor (Rauelsson) estuvo involucrado en el proceso de grabación, y presenta un sonido abiertamente sintético que, sin embargo, está dotado de abundantes inyecciones vida desde el otro lado del cristal.

El primer disco de Coleccionistas se mueve así con naturalidad entre el hedonismo pop del baile y la alegre contemplación onírica del descanso. De hecho, la hoja de ruta del disco combina ambas facetas con tal precisión que da la sensación que, de extenderse hasta el infinito más allá de sus 8 canciones, uno sabría en cada momento a qué atenerse. A casi cada acceso súbito de euforia rítmica interpretada por Tórtel (“Amor zombi”, “Pronto habrá más”, “Así salga bien”) le sigue un sentarse en el banco a descansar y observar a la gente pasar con la voz de Ramírez (“Fantástico zorro”, “Por puro placer”, “Quieres ver”); sólo “Buena voluntad”, que amasa las tres personalidades del grupo, y el epílogo instrumental de “Proyectos electrónicos de Adán y Eva” invierten la tendencia.

La primera incursión de Coleccionistas se acaba pronto, pero es certera, y abunda con mucho sentido en el clásico de Macbeth: si todo quedara hecho una vez hecho, entonces mejor que fuera hecho pronto.

 

 

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