El Ser Humano – 3 (Luscinia Discos)

El Ser Humano es el proyecto personal del valenciano Gonzalo Fuster, un francotirador artístico que, ajeno a toda moda, crea la suya propia desde hace varios años. Tal vez Gonzalo fue uno de los que, tras ver El Club De Los Poetas Muertos (Peter Weir, 1989), decidió subirse a una silla para ver el mundo de otra manera, con una perspectiva personal, diferente, sobre la que ha basado toda su carrera. Una trayectoria que cuenta ya con cuatro álbumes en solitario (los dos primeros con Malatesta Records, el tercero autoeditado), el último de los cuales ha titulado, haciendo gala de ese sentido del humor tan particular, como 3 (Luscinia Discos, 2016).

Ese sentido del humor, esa visión tan particular de la existencia humana, es lo que hace tan especiales las canciones de El Ser Humano. Se trata de una mirada poética sobre hechos no ya cotidianos, sino imperceptibles para la mayoría de los humanos, como una estatua de Levi-Strauss en un parque. Narra historias que rozan el realismo mágico, como la de alguien que pisó a Elvis Presley sin querer y ahora purga su culpa encerrado en su finca, o la de un señor que vendió Bélgica. Es, sin embargo, capaz también de sobrecoger cuando, haciendo uso de su enrevesada sensibilidad, dedica canciones a gente (supuestamente) cercana, como en “Amiga fría” o “Tito (canción para Alex)”. En definitiva, El Ser Humano es el sentido del humor de 10cc cantando “I’m not in love” sin definir la barrera que separa la realidad del sarcasmo, la locura con fundamento de Syd Barrett, la osadía no exenta de lírica de Kevin Ayers, el dramatismo costumbrista de Astrud, los disparates de Un Pingüino En Mi Ascensor o los irónicos análisis de Franco Battiato.

La voz de Gonzalo está más trabajada, y se nota que le quiere dar más protagonismo. En 3 ha dotado a sus composiciones de un cierto orden, haciéndolas más accesibles, incluso canturreables. El ritmo de “Mis raíces” es totalmente contagioso, como la coda final de “Amiga fría” o el estribillo (sí, incluso hay estribillos) de “Un mystique”. Da la impresión de que, abrazando el riesgo como de costumbre, hay intención de acercarse al formato tradicional de canción. El resultado es, por momentos, delicioso. También turbador, esquizofrénico, delirante y a veces ininteligible. Pero es un delirio delicioso.

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