Entrevista: Nudozurdo

“Ni siquiera yo tengo claro lo que significan algunas canciones”

De forma ocasional cometemos el error de pensar que las respuestas que no se encuentran en uno mismo están, indefectiblemente, en el otro. Es un error de bulto que demuestra cualquiera de sus desenlaces: tanto como si lo están (y están erradas), como si al final resulta que no. La única realidad palpable al final del día es que la mayor parte del tiempo nadie tiene la más remota idea de nada. La música, como parte de ese arte que tiene en una de sus caras la virtud de dotarse aparentemente de respuestas, a veces es un salvavidas; sobre todo cuando encontramos las respuestas que, en un ejercicio de espeleología sentimental, creemos albergar en alguna cueva interior. Sin embargo, aquí va una realidad: los músicos tampoco tienen las respuestas.

Es más, puede que tengan más preguntas que tú. “Si te digo la verdad, muchas veces no sé muy bien de qué hablar porque ni siquiera yo tengo claro lo que significan algunas canciones”. Leo Mateos, responsable intelectual de Nudozurdo, no duda un instante en reconocer que el hecho de no querer diseccionar las letras de sus canciones responde más a un estado de desconocimiento que a la arquetípica pose esquiva del rock. De hecho, es fascinante escuchar la sinceridad con la que Mateos aborda el misterio insondable de sus propias canciones: “ya te digo que la verdad es que todavía estoy intentando descifrar la canción”, responde cuando se le pregunta por una de las canciones más intensas del disco (“Úrsula, hay nieve en casa”).

El quinto disco de Nudozurdo (sexto, con aquel acústico de 2013) es, como el propio cantante dice, “un disco que resume de alguna forma todos los anteriores”. En mayor medida, los tres primeros: Voyeur Amateur no puede quitarse de encima en ningún momento esa pátina de regreso a la esencia (actualizada). Y más aún tras la experimentación de Rojo Es Peligro que, a pesar de que a más de uno no satisfizo, marcó un hito de independencia creativa que ahora dota de mayor coherencia a cualquier decisión artística. La vuelta a los desarrollos largos, los arreglos de cuerdas, la vuelta a la preponderancia de las guitarras y a la voz original se unen en un disco de inflexión: nueva discográfica, nuevo productor (Ricky Falkner) y el sonido más abrigado de toda la discografía de Nudozurdo. Y más preguntas.

Ha habido muchos cambios en este disco. ¿Estás contento con cómo han salido las cosas al final?

Sí, la verdad es que estamos muy contentos. Creemos que el disco suena muy bien. Ha habido una planificación desde el principio que ha hecho que después todo haya resultado como lo preveíamos. A veces imaginas el disco de una manera y acaba saliendo de otra, que no es que sea algo malo, pero tenemos ya la experiencia de haber hecho varios discos y saber lo que te traes entre manos ha resultado bien.

Te decía lo de los cambios, para empezar, por lo de Ricky Falkner. ¿Por qué lo elegís como productor?

La verdad es que no estaba mucho en el guión, porque nosotros no somos demasiado de productores artísticos. Nos sentimos un poco celosos de lo que hacemos y no nos gustan las injerencias en general, pero Ricky Lavado, nuestro batería, nos lo recomendó y nos dijo que iba a funcionar; que además le molaba lo que hacíamos. Y, ¿por qué no? Probemos porque nunca lo hemos hecho. También un poco la idea era una producción más abierta, menos oscura, menos densa, pero también las texturas están muy trabajadas. Creemos que hemos conseguido un equilibrio entre impacto, por el sonido, y cierta personalidad.

Tengo la impresión de que es el disco más barroco, por decirlo de alguna forma, de Nudozurdo. Esos coros, esa instrumentación sostenida…

Es verdad que es el disco en el que más gente hemos involucrado; entonces, puede que la suma de todas esas cosas haga que lo parezca. Es cierto que es un disco de muchos detalles. No sé, están diciendo que es un disco que resume de alguna forma todos los anteriores. Hay temas con arreglos de cuerdas, hay temas con sintes, coros, muchos arreglos de guitarra… No sé, ha salido así, la verdad, no ha sido algo especialmente premeditado. Nos apeteció dotar bien las canciones y crear algo… no sé muy bien cómo definirlo, pero es como si abres el telón de un teatro y te encuentras con algo con muchas texturas y con muchas distancias: te puedes acercar a lo que está cerca, pero también a lo que está lejos.

Yo no sé si diría tanto un resumen como una vuelta a lo que hacíais en los tres primeros discos. Arreglos de cuerdas como en Tara.Motor.Hembra, desarrollos muy largos…

Claro, es que Rojo Es Peligro es un disco que no es un disco de banda; es una cosa más de experimentación hecha en casa, y entonces no hay desarrollos, claro. Digamos que Ricky (Lavado) entró un poco al final de Rojo Es Peligro, y aquí hemos partido los tres desde el principio, tanto con canciones que yo llevo aportando como canciones que hemos empezado a trabajar los tres juntos desde el principio tanto en desarrollo como en sensaciones. Eso se nota al final.

La consolidación de Ricky Lavado en la batería, con participación total en un disco, es otro de esos cambios a los que me refería.

Sí. Para empezar lo importante es que, claro, ya son dos discos con él, y hay una conexión que con el tiempo facilita mucho las cosas. Conectar y entenderse a la hora de hacer las cosas, esa capacidad que tienes de conectarte con otra persona sin necesidad de hablar. Por otro lado, nosotros somos una especie de caballo loco desbocado cuando nos ponemos a hacer canciones, y él tiene esa capacidad de contrarrestar con las baterías y ordenar todo un poco; sabe darle la energía suficiente para que funcione, pero también moderarlo, de alguna manera. En este disco se nota mucho la energía que transmite él con las batería, que está organizando y dosificando toda esa energía.

¿Por qué ha habido tantos cambios de batería en Nudozurdo?

(risas) Pues porque la vida de los músicos no es nada fácil. No es nada fácil. A veces no es sencillo conectar con una persona en lo musical y en lo personal. Por diferentes motivos: unas veces porque no había conexión musical, otras porque no la había personal, y hemos estado cambiando un poco sin parar. De todas maneras, a veces me hace gracia porque cuando la gente tiene sus carreras en solitario se sobreentiende que puede haber muchos cambios dentro de esa formación; no pasa de la misma manera con los grupos, parece que estuviera más prohibido o peor visto.

Tienes que transmitir una imagen más estable…

Sí. Entonces ves la formación de Stereolab y alucinas. Entiendes que cuando llamas a algo grupo es porque todos los integrantes forman parte de eso, como si tuvieran derecho a una letra en la RAE, algo así.

Otro cambio ha sido el de la discográfica.

Llevábamos ya mucho tiempo con Everlasting, casi diez años y queríamos probar otras cosas. En realidad, más que Mushroom Pillow fue Last Tour quien se interesó por nosotros y durante un tiempo estuvimos con ello y ya fue más natural en el momento en el que ambas habían creado una empresa conjuntamente donde están desarrollando grupos y trayectorias.

Un cambio más: la portada del disco. Es algo que creo que cuidáis mucho. Hasta ahora ni siquiera habíais utilizado el blanco, y en este se impone.

Sí, sí, es puro contraste. Tiene que ver con todo el disco, con la producción que hemos hecho; hay algo hay ahí de ir limpiando. Puede que la producción sea barroca, pero, al mismo tiempo, todo está muy depurado, pensamos que no sobra nada -o esa ha sido la intención-. La portada tiene que ver con eso. Desde Mushroom Pillow nos propusieron portadas y eran todas cosas como las que ya habíamos hecho antes. Hemos querido hacer un pequeño símil también, que ya que hemos hecho un disco con todos nuestros tipos de canciones, de todos los colores… pues blanco. Un resumen, de alguna manera.

Me recuerda un poco a Vivalaguerra, de Standstill.

¡Sí! Me lo dijo ayer Ricky Lavado, y dije: “oh, Dios mío, siempre pasan estas cosas”. No sé, cuando haces algo así, como muy sencillo, empiezan a salir cosas.

Ha habido algún artículo, al hilo de tu poca disposición a explicar tus letras, en el que se decía que esperas que el público explique tus canciones…

(risas) No me hago responsable de eso. En absoluto.

Lo rescato para preguntarte si sigue sin gustarte hablar de lo que significan tus canciones.

Bueno es que, si te digo la verdad, muchas veces no sé muy bien de qué hablar porque ni siquiera yo tengo claro lo que significan algunas canciones. Es complicado. Son cosas que salen y están ahí dando vueltas en mi cabeza. Salen y se trata de eso un poco, no hay que darle más vueltas. Es verdad que, con el tiempo, entiendo un poco de qué estaba hablando, pero es complicado cómo saber de qué va todo esto. Forma parte de la magia, no hacer mucho caso y dejar que salga. Hay una cosa que me ha gustado mucho de Dylan, que dice que él considera que el músico es como un medium, algo que simplemente es atravesado por energía y que en realidad somos cuerpos utilizados por energías que nos atraviesan y la transformamos en canciones e ideas. Si te pones a pensarlo mucho probablemente no salga nada. Vamos, yo creo que es lo lógico. Si lo tienes todo tan tan claro, seguramente lo que salga luego es algo demasiado procesado y muy poco interesante.

Sí me gustaría hablar de la letra de “Úrsula, hay nieve en casa”, que me parece una canción emblemática del disco y de Nudozurdo. En un momento dado cantas lo de “no sé cómo empezar a olvidarte”, y es un hilo, el del recurso del olvido como supervivencia sentimental muy repetido en todos vuestros discos.

La verdad es que, lo que en un principio era la intención cuando la estaba escribiendo, que era hablar de una despedida o una conversación de despedida, con el tiempo, y todavía no estoy seguro de esto, no sé si puede ser algo que pueda estar escribiéndome a mí mismo. Una especie de conducto de comunicación conmigo mismo. No sé. Mensajes que te mandas a ti mismo. Me recuerda un poco al Set The Twilight Reeling de Lou Reed, donde hay una canción en la que habla de que está intentando convertirse en un hombre nuevo; de alguna manera quizá tenga que ver con eso, con estar yendo de una etapa a otra etapa. Pero no sé.

Todo el tema este del olvido y de “Úrsula, hay nieve en casa” es un poco ‘Eternal Sunshine Of The Spotless Mind’. No sé si la has visto.

Sí, la he visto. Buenísima. Ya te digo que la verdad es que todavía estoy intentando descifrar la canción (risas). Me costó bastante, además; fue una de las últimas en acabar, y le di muchas vueltas a la letra porque me salían cosas que a mí me parecían demasiado típicas. Estaba intentando evitar hacer una canción de desamor típica. La segunda estrofa me parece interesante: todo este tema de los diamantes, de despertarse… hay algo ahí que hace se enganche todo.

Debes de ser el primer músico que dice abiertamente que no entiende sus propias letras.

(risas) Te tienes que guiar un poco al final por tu intuición: “esto me gusta y esto no, así que vamos adelante con lo que me gusta”. Todo es demasiado complejo como para entenderlo. Hay otras canciones en el disco que sí te puedo decir lo que significan; no sé, “Voyeur amateur” es mucho más de la calle y más de cosas que pasan.

Esta pregunta ya es más terrenal… ¿Te parece lo más bonito que has escrito en Nudozurdo?

(se lo piensa) Necesito un poco más de distancia para eso. Desde luego, ya estoy notando que a la gente le está molando mucho, y cuando la estábamos haciendo era muy guay, pero no sé. Por ejemplo, a mí “El diablo fue bueno conmigo” es una de las canciones más bonitas. Sí, quizá es la canción más pop que hemos hecho. Nos reímos un poco diciendo que también es la más mainstream. Desde luego, tiene algo.

Yo creo que el single es más mainstream.

Bueno, es un poco coña. Quizá por las cuerdas y por la puesta en escena de la canción, pero no lo decimos en serio.

Nudozurdo actúan en Madrid el próximo 20 de abril –Sala Ochoymedio – Enradas aquí

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