God is an Astronaut (Sala Caracol) Madrid 10/05/18

God is an Astronaut, una de las pocas bandas que en la actualidad nos brinda prolíficas visitas por nuestras latitudes, regresaban el pasado jueves a Madrid para presentar su nuevo trabajo, el emotivo y hondo Epitaph (18).

Y es que el hecho que marca su concepción – la trágica muerte del primo de los hermanos Kinsella con tan sólo siete años-, marcó de manera definitoria y definitiva el desarrollo del concierto. Otro hecho que lo hizo en parte, menor si se prefiere, pero fundamental para el que les escribe, fue la salida del combo el pasado año por parte del inaguantable sobre un escenario Jamie Dean, con el tiempo más preocupado por sus poses estúpidas y las groupies que por otra cosa (lamentable fue su actitud en la última gira de los irlandeses con su anterior disco, Helios-Erebus (15)). La conjunción de ambos permitió a la banda mostrar un sentimiento, una presencia y una transmisión bárbaras.

Abrieron, como no podía ser de otra manera, con “Epitaph”, que sonó majestuosa. Acto seguido, la coda final de “Mortal Coil” ya nos anunciaba lo que fue la tónica dominante: una contundencia apabullante, muy metálica, no exenta, y ahí radica el mérito, de un extraordinario detallismo sonoro. Hilvanaron un sonido muy nítido, para nada apelmazado o grueso.

God is an Astronaut han ganado como músicos, pero también en presencia escénica, consiguiendo alcanzar unas notas de solemnidad mayúsculas, por momentos dignas casi de unos Sigur Rós si se me apura, muy acordes con el disco que presentaban, el cual fue protagonista de la velada, con permiso de All is violent, all is bright (05) la obra clásica de la banda de post-rock. De él recuperaron el tema titular, “Forever lost”, “Suicide by a star” y un “Fragile” que sonó, valga la redundancia, más frágil que nunca. No faltaron, curiosamente, un par de guiños al entramado electrónico de su ópera prima con los rescates de “The end of the beggining” y de “From dust to the beyond”, magníficas ambas.

Si tuviera que poner algún pero al show, se lo achacaría a un set list en el que ningunearon por completo tres discos como tres soles: el homónimo God is an astronaut (08), Age of the fith sun (10) y el infravaloradísimo y, sin embargo, maravilloso desde mi punto de vista Origins (13). Sorprendieron también los dos temas defendidos de su anterior largo, Helios – erebus, que ha ganado con el tiempo y que propició, contra todo pronóstico, los dos momentos más demoledores e inapelables de la noche, “Centralia” y el bis final con la mismísima “Helios – Erebus”.

Antes, los también irlandeses Xenon Field ejercieron de teloneros demostrando ser unos dignísimos pupilos de God is an Astronaut con un barniz electrónico más acusado en su cancionero.

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