Goiko – Sin titular (Gorvijak Music)

 

Un recorrido emocional y emocionado por músicas emocionantes. Así de redundante podría comenzar esta reseña sobre el primer trabajo largo de los catalanes Goiko (no, no son vascos, como se podría suponer), labrado con la piedra preciosa del trabajo duro y la dedicación titánica a un proyecto en el que creyeron desde el principio, del que ahora hacen creyentes a unos hipotéticos oyentes a los que habría que advertir de que no es la suya una propuesta fácil ni mucho menos plegada a fáciles condicionamientos comerciales. Al escuchar sus canciones es imposible evadir una sensación extraña, un aroma a recuerdos amargos pero agradables en cualquier caso, y una falsa impresión de ambiente acústico (al poco tiempo, la tormenta estalla en toda su intensidad).

Tan cercanos a la música experimental desde el tema que bautiza su disco -o no, porque así se presenta “Sin titular”- como a los sonidos de la “americana” contemporánea, las instrumentaciones del cuarteto huelen a música de cámara directa, con una producción cercana que no comprime las canciones y les permite expandirse, haciendo que se aprecie cada uno de los detalles, y son muchos, de delicadezas como “Rosebud” o “Adonde vas”, en las que prima la artesanía sobre el adorno. Lejos de dejarse arrastrar por devaneos tecnológicos que parecerían adecuados en algunos tramos (“Antihéroes”, por ejemplo), apuestan por el costumbrismo y la calidez de unos ambientes no por familiares menos intensos. Y que les comparen una y otra vez con los deliciosos McEnroe no debería preocuparles en absoluto, aunque a veces se acerquen peligrosamente al mimetismo en forma y fondo no solo a los vascos, sino a bandas de referencia obligada en su campo de acción, léase Mogwai o Explosions in the Sky, sin perjuicio de que el post rock solo sea una más de sus influencias. Independientes sí, pero hasta el final. Para algo se han autoeditado este disco y lo han diseñado y estampado a mano, dejándose casi la piel en un proceso creativo completo del que solo han salido indemnes gracias a las canciones.

Y ya que hemos citado influencias, que no clasificaciones: si los amantes del low-fi o el noise atmosférico quieren seguir sumando canciones a sus playlists domésticas, aquí tienen unas cuantas posibles incorporaciones, porque “Días de tres horas” o esa “Nana (para que no duermas)” tienen la suficiente entidad y duración como para satisfacerlos. A ellos y a otra amplia e inteligente minoría.

 

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