Iffy – Biota Bondo (Foodchain / Bittersweet)

Nada nuevo aportan los estadounidenses Iffy al panorama musical. Parecen un grupo creado por la industria de su país para satisfacer a jóvenes universitarios con ganas de fiestas de fin de semana, donde si pinchan, por ejemplo, “Canocope” se aseguran un estallido de adrenalina cervecera y momentáneos devaneos en la pista de baile.

Publicado en 2001 en Estados Unidos, ahora se puede encontrar en España bajo el sello madrileño Bittersweet y apoyado en el rastro que han dejado otras bandas del mismo estilo como Smash Mouth o Big Soul. O lo que es lo mismo, muchos funky beats, un poco de rock playero y algo de hip hop (“Proof”) y lounge (“Larva Rae”).

El trío –Kjustink o Kirk Justin, Dave Pederson y Dutch-, natural de Minneapolis, se agarran al gamberreo en “Double Dutch” o la propia “Canocope” –single que arrasó en su país-, mientras que se acercan, levemente, a Beck en “The citation” o “Joyrider” (de lo mejorcito del disco junto a “Superbad girl”, la más house con falsete tipo Jimmy Sommerville) o reciben aires orientales en “Da Blink” y “Maskman”.

Pero, por supuesto, que en un disco criado en esa ciudad no podía faltar la influencia de Prince, tanto en las baladas (“Georgina” y “Original greenlight”) como en el lado más funky, como por ejemplo “Hi life”, que también recuerda la música del maestro de maestros George Clinton.

Con todo este repertorio e influencias su estética no podía fallar –se les pudo ver hace poco en La 2, en Los conciertos de Radio 3-: aires rebeldes de pijos en pantalones vaqueros y camisetas despreocupadas.

Sin embargo, pese a lo esperado, Biota Bondo te puede servir para amenizar cualquier terraza de verano, ahora que el calor empieza a apretar y que se suda aunque uno no tenga ganas de bailar. Pese a que los norteamericanos, egocéntricos a más no poder, hayan cometido el sacrilegio imperdonable de haberlos comparado con unos Beastie Boys a años luz.

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