Joana Serrat – Dear Great Canyon (El Segell del Primavera)

El universo tiene oasis de justicia poética. A veces. Entre toda esa madeja de mierda y desequilibrio impune y sistemático, de vez en cuando, y sólo si miras de reojo, puedes encontrar un hilo limpio e inocente que ha escapado a ese lío tan grande que es dejarse llevar por la vida moderna. La historia de Joana Serrat es uno de esos hilos. La recompensa de los puros. El premio de los que sacan brillo a su relato con empeño y riesgo. No siempre llega, por mucho que lo digan en Hollywood, y por eso tiene aún más mérito lanzarse a la piscina sin tener claro si uno sabe nadar o no.

Dear Great Canyon le llega a Joana Serrat después de un par de discos que, vistos ahora y en perspectiva, ensayaban el verdadero salto mortal. Para el definitivo, la cantante catalana se ha apoyado en un grupo de músicos que encabeza de forma capital David Giménez, y en el que destaca el alma de los canadienses The Wooden Sky, Gavin Gardiner. Sin red, pero con Gardiner en el estudio y un ex-Arcade Fire (Howard Bilerman) a los botones; el productor, más toque Maple Leaf, recibió un trabajo sobre el que él mismo dijo que apenas necesitaba retoques y lo elevó, cuánto no lo sabremos, hasta donde está ahora. Muy arriba.

El salto entre Dear Great Canyon y la referencia inmediatamente más cercana de Joana Serrat, The Relief Sessions (2012), es más que evidente. A nivel de composición y, por supuesto, de producción, pero sobre todo hay una diferencia crucial que se tiene que encontrar en el tuétano de un disco para que se pueda hacer evidente en el exterior. La coherencia baña de tal manera el esqueleto de Dear Great Canyon que uno, que sólo lo ve por fuera, detecta el peso y la seguridad con que se maneja a cada paso.

Bisagrado conceptualmente entre la montaña (mountain side) y el valle (valley side), el disco se desarrolla con la tranquilidad del que inicia su camino sabiendo que nada ni nadie le apremia. De esta forma, una primera parte descaradamente más pop, que unas veces crece en lo épico (“The blizzard”) y otras languidece cálidamente entre los arreglos de Hammond y Vox Jaguar (“Stop feelin´ blue”, “Summer on the beach”) y pedal steel (“Green grass”), da paso a una segunda entrega más directa en su condición americana. “So clear” se infiltra en la primera mitad y avanza, entre acústica, banjo y mandolina, los mejores momentos del disco, también vocalmente; “Cold”, “Came out of the blue”, “The wanderer” (aroma a clásico), “The secret” (un fingerpicking inicial a lo “Don´t think twice, it´s all right” que crece telúricamente hasta acercarse a la cima del disco) y “Place called home” (claros recuerdos a la americana total de bandas como Heartless Bastards) acaban de rematar un trabajo compacto y esforzado al que sólo podemos echarle en cara una cosa: que dure tan poco.

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