The Orwells – Terrible Human Beings (Canvasback Music/Atlantic)

Podríamos acostumbrarnos a que una banda con unas sólidas bases sonoras las reforzara y recordara con cada nueva incursión en el estudio sin mayores pretensiones ni ansias de sopresas; o podríamos exigirle a un grupo de un perfil tan concreto algo más de pasión, un mínimo de espíritu aventurero o al menos unos aditivos diferentes. Conformémonos con lo primero para disfrutar en su justa medida el nuevo trabajo de The Orwells, que tampoco pretende confundir a nadie ni levantar falsas expectativas. Ir a lo seguro es la mejor forma de evolucionar a veces.

La urgencia por integrar el punk en el rock de garage y además hacerlo desde una óptica vintage, es decir, retroceder a la década de los sesenta para extraerle todo el jugo a su propuesta sin perder ni un gramo de contemporaneidad parece seguir siendo la principal preocupación de Mario Cuomo y sus inquietos acompañantes. Se les olvidan otras cosas que podrían ilustrarlos mejor, como el desprenderse de unos fundamentos demasiado inmutables que sin embargo los hacen sonar tan cercanos como siempre, especialmente en himnos rápidos y clásicos como “Heavy head” o peligrosamente enérgicos como “They put a body in the bayou”, donde nada se sale de un guión escrito previamente con demasiada seguridad. La única salida de tono, que no es tal, podría atisbarse en la línea britpop de “Hippie soldier” o en la inclusión de una especie de suite final –pedirle más de siete minutos a una canción de The Orwells es como pedirle concreción a otra de Pink Floyd– que convierten a “Double feature” una forma fresca, por sorprendente, de concluir un álbum. Tan sucia y distorsionada resulta la producción que resulta más que apropiada para otros tramos como el que ocupa la despreocupada “Vacation” y la muy noventera “Buddy”, rock cervecero sin miramientos ni objetivos a largo plazo. Entreguémonos a la escucha intrascendente que parecen buscar.

Sin embargo, sin ser un trabajo que iguale al fantástico Disgraceland (2014), sí que se advierte cierto mimo en las nuevas melodías, un cierto desapego por el lo-fi que los ha caracterizado y su sustitución por un pop dulcificado, inundado de ruido en “Fry” y más trabajado en las guitarras de “Creatures”, que le da al disco un toque de distinción en caso de que fuera el principio (o el final) de una etapa que, quién sabe, porque capacidad tienen de sobra, los haga poder ser comparados de verdad con unos Arctic Monkeys que nunca alcanzarán el nivel de su debut. El disfrute de Terrible Human Beings se hace también patente en un corte tímidamente psicodélico como “M.A.D.” o en esa suerte de homenaje a los Pixies de “Black Francis” (¿se puede ser más explícito?), salvando las (enormes) distancias. Sin embargo, el bajón viene con la simpleza de “Last call (Go home)”, donde acumulan todos los tics que pueden hacer zozobrar un barco que por ahora solo se mantiene a una cómoda velocidad de crucero sin grandes sobresaltos. Acomodarse o morir, esa no es la cuestión.

 

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