B.C. Camplight – Shortly After Takeoff (Bella Union)

Shortly After Takeoff es la desembocadura de una trilogía que narra las aventuras y (mayormente) desventuras de su autor, Brian Christinzio, más conocido como B.C. Camplight, desde que tomó la decisión de trasladar su residencia de Philadelphia a Manchester. Antes de cruzar el océano, la vida del antaño cantante, compositor y autor de dos discos editados por One Little Indian y repletos de pop soleado, aunque bastante apesadumbrado líricamente, atravesó por un oscuro, oscuro, túnel. Años y años de lidiar con una severa depresión clínica, aderezada convenientemente con alcohol y drogas, le habían dejado, literalmente, hecho un guiñapo, por eso la conversación por redes con un fan que le aconsejó entrar en contacto con el sello británico Bella Union y la cálida recepción de éste a sus propuestas fue una tabla de salvación a la que se aferró tanto, que decidió cruzar el gran charco e iniciar una nueva vida.

Esa nueva vida no estuvo exenta de problemas, cómo no. En el transcurso de esta nueva etapa que empezó en 2012, tuvo que hacer frente a una deportación a su país por caducidad de visado, que le hizo encontrarse de nuevo en Philadelphia, donde le esperaba una recaída en la depresión. Todo eso fue contado en el segundo capítulo de la trilogía, Deportation Blues (2018), que a su vez daba continuidad a How To Die In The North, que la había inaugurado tres años antes haciéndose cargo de todo lo que había dejado atrás. Llega, por tanto, Shortly After Takeoff, editado este verano, a cerrar lo que él ha denominado la “trilogía de Manchester”. Se completa así un círculo de ocho años y lo hace con pop muy heterogéneo y sinceridad descarnada.

A las circunstancias de la deportación, el abandono de casa, novia y perro en Manchester y el reencuentro con la depresión en casa, se unió la repentina muerte de su padre poco después de conseguir volver a Inglaterra. Eso le volvió a reunir con unos demonios que él ha aprendido a combatir a través de la música, quizá es por eso que el humor (negro) y la melodía mezclada de una forma algo esquizofrénica, imperan en este nuevo trabajo que, dejando a un lado el apartado anímico, es resultado de una evolución en cuanto a sonido que toma razón de las referencias más que claras a Nilsson, Brian Wilson o Todd Rundgren que regían en el primer capítulo de esta trilogía, pasando por el apoderamiento de otras influencias, como XTC o la electrónica que experimentó en el segundo y que en este desenlace se hacen patentes, pero de una forma más coherente con la onda melódica y sunshine pop que ya acarreaba desde los dos primeros discos editados durante sus inicios en Estados Unidos.

El quinto disco de Christinzio es, sin duda, el más consistente de esta trilogía y probablemente el mejor de toda su carrera. Además de que a nivel comunicativo es más franco que nunca con sus sentimientos, sin revestir en forma de metáforas las circunstancias que han motivado estas canciones, no tiene problemas musicalmente hablando a la hora de mezclar cosas que antes no mezclaba. En sus dos anteriores discos las canciones son coherentes con el estilo que están intentando emular en cada caso, aquí, sin embargo, no tiene tapujos al mezclar elementos de tinte oscuro con pasajes luminosos. Una especie de combinación, repito, esquizofrénica y que en cualquier otro resultaría un batiburrillo infumable, pero a la que un músico tan dotado como él sabe dotar de una coherencia que la hace inusual, interesante y atractiva.

Canciones tan bien cinceladas como la inicial “I only drink when I’m drunk”, que es algo así como si un Hank Williams de resaca se encontrara en una habitación oscura con los Beach Boys, Alan Parsons Project y Kraftwerk y entre todos armaran una extraña fiesta, son las imperantes en un disco sorprendente que rezuma aciertos tan deslumbrantes como “Back to work”, “I want to be in the mafia” o “Born to cruise”, que certifican a un autor que sin duda sabe sacar oro puro de sus no pocas miserias. Cualquier otro hubiera hecho, en su lugar, el disco más bajonero del universo, pero él se las ha arreglado para traducir todo eso en un compendio de pop multicolor que le sitúa entre lo más refrescante del año. Trilogía completada con nota alta, desde luego.

Escucha B.C. Camplight – Shortly After Takeoff

 

 

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