Bob Dylan – Dylan (Sony-BMG)

Antes de nada, habría que plantearse qué sentido tiene Dylan ahora. La respuesta está clara, si exponemos desde un punto de vista puramente mercantilista, no debe responder más que al intento de aprovechamiento por parte de discográfica, y del propio Dylan, de la exposición mediática que su figura está teniendo actualmente. No obstante, esto no sería justo en su caso porque su impecable trabajo merece este reconocimiento y más. Partiendo de que cualquier recopilatorio que se haga de Dylan será bueno, éste no podía ser una excepción. Excelencia por descontado, inmejorable oportunidad para neófitos para conocer de primera mano al reciente Premio Príncipe de Asturias de las Artes, antes de que alguien se lo cuente. Presuponemos, entonces, que Dylan tiene poco atractivo para quienes conocen su obra -no hay extras de relevancia, ni sensacionales tomas alternativas de sus clásicos-, empero es justo recomendarla como la perfecta banda sonora para acompañar la lectura de sus Crónicas, ya que están casi todos los momentos álgidos que la crítica, unánimemente, ha reconocido a lo largo de las cinco décadas que el artista de Duluth lleva cantándonos sus prodigiosas historias. Están, también muchas de las canciones que otros grandes –Johnny Cash, The Byrds, The Hollies, Manfred Mann, etcétera- intentaron hacer suyas y que en algunos casos abrieron las miras de Dylan, ayudándole a dar pasos en otras direcciones. Cuenta la leyenda que The Byrds y su excelsa revisión de ‘Mr. Tambourine Man’, electrificaron sus intenciones, con lo que el artista solitario y acústico, decidió amplificar sus palabras y sus acordes, si bien es cierto que la canción se incluía en el álbum Bring It All Back Home, paso intermedio entre el Dylan sólo guitarra y armónica en ristre, y el de Highway 61 Revisited, decididamente al ataque y armado hasta los dientes de electricidad. Entre uno y otro, las tablas del Festival de Newport de 1965 -en el que sorprendería a propios y extraños abriendo su esperado concierto con los epilépticos solos de guitarra eléctrica de “Maggie´s Farm”- sirvieron para asestar el definitivo golpe de timón que Dylan estaba dando a su carrera.

De cualquier forma, la recopilación no es la ideal para el que suscribe. Por un lado, personalmente echo de menos –si no todas- algunas de las siguientes canciones: “Sad Eyed Lady of the Lowlands”, “Desolation Row”, “Billy 1”, “I Threw it All Away”, “Leopard-skin, Pill-box Hat”, “If You See Her, Say Hello”, “I Want You” o “Ballad of a Thin Man”, títulos que a mi juicio ocupan un lugar de privilegio dentro del repertorio del artista. Por otro, creo que b>Dylan se extiende en demasía en los últimos trabajos del artista. Ambas cosas lastran un tanto el recopilatorio, por no hablar de momentos claves de su carrera como Nashville Skyline (1969) o el crucial Blood On the Tracks (1975) que no están suficientemente representados.

La selección es cronológica y, parece, que ha sido realizada por el propio artista y por seguidores de su trabajo. De esta manera, podemos encontrar emocionales composiciones como “Song to Woody” -dedicada a Woody Guthrie– que reconoce la particular deuda de Dylan para con el disidente de Oklahoma; pasando por himnos como “Blowin´in the Wind”, “Masters of War”, “A Hard Rain´s A-Gonna Fall”, “The Times They Are A-Chagin´”, “Mr. Tambourine Man”, “Like a Rolling Stone”, “All Along the Watchtower”, “Knockin´On Heaven´s Door” o “Hurricane”; momentos cruciales de su carrera como “Subterranean Homesick Blues”, “Maggie´s Farm” o “Tangled Up in Blue”, y sensacionales canciones porque sí como “All I Really Want to Do”, “My Back Pages”, “Just Like a Woman”, “Lay Lady Lay”, “I Shall Be Released”, “Changing of The Guards”, “Blind Willie McTell” o “Not Dark Yet”.

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