El Columpio Asesino + Tahiti 80 – Siroco (Madrid)

Tras tanto oir hablar de El Columpio Asesino durante el último año, premios y finales en diversos certámenes y concursos, presencia en festivales, mucha gente quería comprobar en vivo de lo que eran capaces.

Procedentes de Pamplona, la formación actual es estable desde 1999, aunque se formaron en 1994, El Columpio está formado por Álvaro Arizaleta (batería y voz), Xabier Ibero (bajo), Markos Tantos (guitarra), Unai Medina (sintetizadores), Raúl Arizaleta (guitarra), y Miguel Abril (sampler). También colaboran: David Etxeberria (vientos), Birjinia Ekisoain (coros) y Asier, Mikel e Iñigo (txalaparta). Con esta multitud de miembros resulta difícil imaginarse como entraban en el escenario de siroco sin pisarse.

Empezaron de forma instrumental con Unai, introduciendo poco a poco los sonidos del grupo, para seguir con versión de de «Vamos» de los Pixies finalizada de una manera enloquecida con la trompeta, también tocaron otros temas como «Ceniza» o «Diabolo», aunque ninguno de su última maqueta.

Según cuentan, grupos como los Pixies, Dead Kennedies o The Clash son sus primeras influencias más guitarreras y eléctricas, que han ido evolucionando hacía sonidos más electrónicos y complejos a medida que han entrado nuevos miembros en el grupo y han incorporado teclados y samplers; quizás, tal y como dicen si tienen algún pequeño punto débil es la voz, que aunque muy integrada en las canciones muchas veces queda en un segundo plano detrás de una muralla de efectos.

Esperamos que en futuras ocasiones cuenten con más aforo y podamos disfrutar en el escenario del sonido de la txalaparta y los coros de Birjinia.

La noche continuó recordando al pasado FIB, pues los siguientes en ocupar el escenario del Siroco fueron los franceses Tahití 80, que tan buen sabor de boca dejaron en aquella ya lejana tarde de domingo. Pop dulce y funky, mucho funky, es lo que tienen casi todas las canciones de este grupo que se harta a vender discos en Japón y que en Madrid tuvo que luchar para que su repertorio veraniego pegara en lo pequeño del local (la mesa de sonido ocupaba tanto sitio como el público asistente).

Y así empezaron a caer las canciones de “Puzzle”, su primer y único LP hasta la fecha, con algún recuerdo a “20 minutes”, un EP publicado hace 5 años. A ellos les gusta definirse como un híbrido entre Big Star y Chemical Bros y sí, bueno, podría ser una idea de algunas de sus canciones; pero lo que encuentras sobre todo es Kinks (homenaje Ray Davies incluido: “Mr. Davies”), Beatles o Cardigans en lo que a pop se refiere. Luego aparece el funky en los ritmos o las percusiones a lo Beastie Boys y también la electrónica, como ya parece inevitable al norte de los Pirineos (muchos parecidos con Phoenix y, en menor medida, con Air, por eso de las trompetillas). El resultado final en el escenario eran canciones la mar de agradables como “A love from outer space”, “Yellow butterfly”, “Hey Joe” (otro homenaje; en este caso al líder de los Drifters) o “Heartbeat”, gracias también a la dulce voz de Xavier Boyer, uno de los cocos del grupo. El otro es el bajista Pedro Resende, que se divirtió a lo grande, pasando del bajo a las percusiones o a los platos pare completar una increíble versión de “Revolution 80”.

Es curioso el hecho de que en determinados momentos sonasen como Sexy Sadie, cuando seguramente no les hayan oído en su vida. Desde dos sitios distintos dos propuestas musicales bastante distintas, pero con los mismos orígenes, acaban confluyendo en el mismo sitio. Otra grata sorpresa.

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