Fat Freddy’s Drop – Dr. Boondinga and the Big BW (K7)

Nada. Guardad el papel. Los Fat Freddy’s Drop ya no hacen reggae. Ahora hacen mainstream de calidad. Sí sí, no os ríais. No. Nada de “antes molaban más”. Ahora siguen molando, bueno, o casi. Los Fat Freddys Drop nunca han sido conocidos por su gusto por la pureza musical. Su primer disco ya era un compendio de distintos estilos que fusionaban a su manera el funk, el reggae, mucho de soul e incluso buenas dosis de jazz y algo de Hip Hop. Un follón, vaya. La mezcla, no obstante, era buenísima. Una banda ideal para contestar a la pregunta de cuál es tu grupo favorito de Nueva Zelanda.

Su segundo disco sigue teniendo buenas dosis de todo lo que hemos dicho hasta ahora. Siguen siendo suficientemente eclécticos como para que dilucidar a qué género pertenecen lleve algo más de tres cervezas. Siguen sin buscar el camino fácil y sin apuntarse a la última moda. Pero esta vez les ha quedado un disco mucho más accesible y, digamos, reconocible para una buena mayoría de gente. Han perdido exuberancia y ritmo, energía y locura, hay menos trompetas y ahora las bases son las que mandan. Pero se han vuelto tremendamente elegantes. De ahí lo de mainstream. Este disco puesto en la recepción anual del embajador de no desentonaría. Donde antes cantaban ahora susurran soul, donde antes el tempo era de dub ahora son las bases de techno las que sustentan la canción, ahora es la insinuación la que manda.

Así pues a este disco se le puede maltratar de muchas maneras. Que si easy-listening, que si chill-out, que si ambient, que si Seal, óiganme. Personalmente prefiero ver a un disco maduro y muy enfocado. Es cierto que su mayor apertura a la electrónica les  hace perder parte de esa magia que les proporcionaba ser un septeto con tantos instrumentos distintos pero a cambio han ganado una estandarización muy bien conseguida que les permite abrirse a una mayor audiencia. No sin casualidad es un disco que ha sido un éxito de ventas en su país, así como lo fue su debut. Tenían mucha presión encima pero han logrado superar con nota el temido trance del segundo disco. Pero han pasado cuatro años desde su primera aparición y eso no puede dejar de notarse. Probablemente, de tener que elegir, me seguiría quedando con su primer disco pero eso solo indica que ese fue un disco enorme. Ahora tenemos a otro que volverá a contentar a los que ya los conocían y probablemente seducirá a nuevos oyentes. Es lo que tiene el mainstream ¿o no?

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