Libro: Jayne County – Man Enough To Be A Woman (Colectivo Bruxista)

Editada originalmente en 1997, estas memorias de Jayne County -ahora traducidas al castellano por Ibon Errazkin y Tito Pintado– ponen en relieve la importancia que tuvo en la escena queer underground la figura de esta mujer nacida en Dallas en el seno de una familia con fuertes creencias religiosas.

Bautizada con el nombre de Wayne Rogers, en las páginas de esta excelente biografía que toma prestado el título de una canción de la misma autora, Man Enough To Be A Woman (Colectivo Bruxista, 2022), nos narra las andanzas de un chaval que ya desde pequeño le gustaba jugar a disfrazarse con la ropa de las mujeres de la casa, y que desde el momento que le regaló su madre su primer tocadiscos empezaría su pasión por el rock & roll: de Elvis a Jerry Lee Lewis, sin olvidar a Hank Williams que siempre sonaba de fondo por la pasión que sentían sus padres por el country.

Jayne County, ya a los dieciséis años iba tuneada y glamurosa para formar más de un escándalo con esos looks imposibles, algo que le acarreó más de un problema en una sociedad sureña tan apegada a lo tradicional y decente. La música era el motor que la movía a seguir sacando a relucir su lado más creativo y performativo. El boom popero británico con The Beatles como avanzadilla, la hizo agenciarse de discos de los Animals, The Rolling Stones, los Dave Clark Five y una larga lista de nombre que venían a remover los cimientos de su mente siempre en ebullición.

Su deambular por las calles de Atlanta la hizo convertirse en una “marica chillona” y vivir la efervescencia de la subcultura gay de las drags queens. Motes tenían para dar y repartir: Miss Pollas fue su mejor amiga de aquellos tiempos, y Reina Isabel era su amiga modelo de lencería. County tuvo trabajos no especialmente alimenticios, hasta que por equivocación -se confundió de autobús: cosas de divas al borde de un ataque de nervios-llegó a Nueva York, ciudad que cambiaría su vida por completo.

La ciudad de los rascacielos vio como nacía una artista apta para la interpretación -tuvo el beneplácito de Andy Warhol que la hizo actuar en alguna de sus películas-, y conoció al artisteo vinculado a la Factory o a Paul Morrissey, uno de los directores icónicos de la ficción homosexual. Pero lo que latía muy dentro de ella era su pasión por el rock; un rock de ritmos sincopados y furiosos, con versos mordaces y deslenguados. De esta manera en 1972 formaba el grupo Queen Elisabeth. Las canciones que fueron componiendo tenían, en principio, un sello discográfico interesado –Mainmain, el mismo sello que tenía en nómina a David Bowie-, pero al final resultó que el Duque Blanco tenía la exclusividad de franquicia de la purpurina-androginia. Numerosos dardos envenenados le lanza Jayne a Bowie, tachándolo, en definitiva, como un oportunista que se sabía vender a las mil maravillas.

Anécdotas y experiencias varias con la escena gay tanto de EE. UU como londinense van hilvanando una pieza memorística de primer orden de la primera mujer trans que se subió a un escenario en un mundo de machos cabríos como ha sido el del rock desde que la historia es historia. En el epílogo escrito ex profeso para esta edición en castellano, la cantante comenta que nunca se hubiera imaginado que “una mariquita de la Georgia rural de los años cincuenta llegaría a estar en el meollo de una escena cultural legendaria en Nueva York”. Es la fuerza del destino.

Puedes comprar el libro: Jayne County – Man Enough To Be A Woman en la web de la editorial Colectivo Bruxista.

 

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