Los Lobos – Gates Of Gold (429 Records)

Son leyenda. Y eso significa mucho. Por alguna razón, no tienen parangón en la tradición musical chicana ni tantos otros que lo intentaron después han conseguido aguantarles el paso. Ni su inmensa trayectoria (veinticuatro discos grabados hasta hoy) ni su infatigable recorrido (cuarenta y dos años de carrera) por los palos que hicieron del mestizaje una identidad, una razón de ser para componer canciones extraordinarias, parecen tener límite. David Hidalgo sigue capitaneando a unos Lobos que, sin inventar nada nuevo ni pretenderlo, son incapaces de meterse en un estudio de grabación solo por cumplir el expediente. Desde Los Ángeles, acentuando el lado hispano del sonido de la gran urbe, facturan, siempre con pasaporte de vuelta, este Gates of Gold y meten en la maleta las guitarras de Neil Young y la percusión latina de Tito Puente, el blues americano y el corrido mejicano, la pasión y el clasicismo. Nada que no hubieran hecho cientos de veces antes. Ahora, con la bula que les da el prestigio, no tienen que pergeñar excusas ni exhibir aspavientos para seguir haciéndolo.

Entre sus habituales e infalibles recursos se les ocurre hacer un tema como “Made to break your heart” para vestir a un cowboy de negritud cubana y marcar el territorio nada más empezar. También saben, obviamente, confeccionar un traje de hechuras jazzísticas y hermanarlo con swing, como hacen en “When we are free”, y por supuesto acudir a la nueva llamada del soul, a su manera inconfundible, en “There I go”. Como saben más por viejos que por sabios y cada vez quieren ser más demonios, no se despegan demasiado del suelo de esas músicas infernales que transitan, y mascan el rock and roll clásico de “Miss treater boogie blues” a piñón fijo, en una magistral demostración de poderío y fidelidad a sus presupuestos. Algo que “Too small heart”, con Hendrix de guitarrista extra –que nadie se tome esta frase al pie de la letra, aunque podría- confirma en todos sus extremos. A estas alturas de la película, todos sabemos que antes del final el guión dará un giro inesperado y virará hacia sus géneros paternos, léase cumbia en “Poquito para aquí” y tex-mex en “La tumba será el final”, una impecable versión de su (nuestro) admirado Flaco Jiménez. Por el otro lado, y haciendo honor a su capacidad de asimilación musical, graban un góspel rockerizado en “Magdalena” (¡glups!, a ver cómo digerimos la expresión) y aglutinan su decálogo en “I believed you so”, lo cual ya es decir mucho.

Gates of Gold probablemente no es el disco de Los Lobos con el que uno aconsejaría iniciarse en la banda a alguien que jamás los hubiese escuchado, pero funciona perfectamente como catálogo literario-musical de unos músicos que son estrellas desde hace décadas. Es una suerte de road movie clásica, con Steinbeck atravesando el desierto de Arizona en un viejo Mustang alquilado. Las historias de la América profunda, tal y como nos las habían contado, ambientadas musicalmente por unos de sus más avezados conocedores.

 

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