Monsters of Folk – Troxy (Londres)

No será la primera vez que se nos solapan dos conciertos interesantes en una misma noche, desde luego, pero lo de la noche del 17 fue un pelín cruel. The Field, ese fenómeno de la electrónica, presentando en primicia su segundo disco. Da rabia no poder ir. También  actuaba The Fall, con el inefable Mark E. Smith y su post-punk fundamentalista, y al que habiendo visto hace un tiempo en el Primavera Sound  da aún más rabia no poder ver – son la auténtica caña. Por si fuera poco, a los Arctic Monkeys también les da por tocar ese mismo día. Pero tampoco fuimos a ver a esos niños prodigio. Entonces, ¿a cambio de qué milagroso grupo renunciamos a semejante cohorte de monstruos del rock? ¡Monsters of Folk, por supuesto!

El supergrupo, compuesto por Conor Oberst y Mike Moggis (Bright Eyes), Jim James (My Morning Jacket) y M Ward casi ná – pasaba por Londres como parte de la mini-gira de presentación (únicamente seis fechas en Europa) de su disco homónimo, fruto de sus casi cinco años de colaboración esporádica. Cabe recriminar que no hayan sabido encontrar un nombre menos cutre en tanto tiempo, pero bueno, no seamos quisquillosos.

De todos modos la ocasión tenía aires de histórica, y el supergrupo saltó al escenario como dios manda: uniformados, con traje y corbata, tarde, y ante un público que hacía esfuerzos para creerse lo que estaban a punto de ver. Y lo que vimos realmente no tiene mucho misterio: juntas a cuatro músicos de ese calibre (cinco, contando con un excelente Will Johnson a la batería) y enseguida empiezan a ocurrir milagros. Durante el concierto tocaron casi en su totalidad su único disco, con una maestría digna de admiración y babeo. Todos y cada uno de los miembros de la banda son grandes virtuosos de la guitarra, el bajo, la mandolina, el piano o lo que se pongan a tocar (se intercambiaron los instrumentos virtualmente en cualquier combinación imaginable), y, sobre todo, están magníficamente conjuntados – con algún desliz muy ocasional. Desde la inicial “Say please”, la épica “Man named truth”, la intensa “Losin’ yo head”, “His master’s voice”… una manada de canciones extraordinarias que le dejan a uno temblando.

Pero como su único disco no tiene ni una hora de música, y el concierto acabó durando tres maratonianas horas, tuvimos la ocasión de recuperar temas favoritos de ayer y hoy. Primero los ex-Bright Eyes nos deleitaron con varios temas, mayoritariamente rescatados del I’m wide awake, it’s morning (lo cual nos hizo saltar una nostálgica lagrimilla): “We are nowhere and it’s now”, “Old soul song”, “Lua”, temas para poner los pelos de punta al más pintado.

También M Ward nos regaló algunos de sus temas, entre los cuales destacó un favorito como “Chinese translation”, que tocó él solito con su guitarra, y que nos dejó de piedra: M Ward es un guitarrista gigantesco, que hace de su voz y su guitarra toda una orquesta. A riesgo de soltar una burrada, diré que quizá haya sido una de las mejores canciones que he visto tocar a un tipo sólo con una guitarra. Simplemente impresionante. Parece que el tipo tenga ocho dedos en cada mano.

En todo esto, Jim James es sin duda el elemento que aporta al grupo su toque especial. Los otros tres, y especialmente el desgastado Conor Oberst,  podrían llegar a tocar folk melancólico hasta que se acabara el mundo (en 2012, como es bien sabido), pero gracias a la especial mezcla de contrarritmos y de electrónica del barbudo James el conjunto toma una dimensión más allá de la simple suma de sus partes; y esto se notó en globazos como “Dear god”, el tema que abre su último disco, así como en los distintos toques que aportó durante todo el concierto: bajos con distorsión, ecos electro, riffs tranceros, y toda la gama de animaladas con las que ha construido la extraordinaria discografía de My Morning Jacket.

A pesar del constante derroche de talento, el concierto se hizo algo duro de sobrellevar ya que tres horas escuchando tantas canciones lentas de guitarra cantadas en solitario (normalmente por Conor, con temas un pelín demasiado largos) acaba por pasar factura, y hacia la tercera hora de concierto el público iba escabulléndose, poco a poco y con discreción. La riñonada empezaba a dar signos claros de fatiga y el grupo no acababa de animar el asunto – especialmente ya que entre tema y tema todo el mundo tenía que cambiar de guitarra, reafinar el piano o vaya a saber qué, y el ritmo del concierto se iba rompiendo. Pero en cuanto la banda se conjuntó para los bises todo cambió; nuevamente dos temas de Bright Eyes, entre ellos la ansiada “Another travelin’ song”, acompañados por la furiosa vena destructiva del showman Conor Oberst (que se cargó a patadas primero la batería y luego, ante el asombro de los roadies, el piano). Finalmente, entre unos imponentes efectos de sonido y luz, los monstruos del folk desaparecieron dejándonos un cuerpo dolorido y la necesidad de ir a casa a reflexionar sobre si lo que habíamos visto no habría sido, quizá, un sueño.

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