Mucho – Pidiendo en las puertas del infierno (Marxophone)

Sorprendente el salto que han dado Mucho, el grupo formado por exmiembros de Sunday Drivers y Underwater Tea Party, desde su debut hace cinco años hasta este Pidiendo En Las Puertas Del Infierno (Marxophone, 2016). Quizás no tan sorprendente para quien tuviera la suerte de poder leer entre líneas en su anterior álbum, El Apocalipsis Según Mucho (Gran Sol, 2013), un disco en el que ya se mostraban más sólidos, con cierta apertura a otros sonidos y unas letras que reflejaban una incipiente conciencia política. De todos modos, aunque en temas como “La larga risa del emperador” ya coqueteaban con la electrónica y jugaban con ritmos funk, no era de esperar un cambio tan importante como el que ha tenido lugar con este tercer disco.

El arranque con “El león de tres cabezas” es un buen aperitivo de lo que podemos encontrar en Pidiendo En Las Puertas Del Infierno. Una voz rota va soltando una especie de letanía que no acaba, con un ritmo monótono pero que va creciendo aunque nunca llega ese estribillo, al menos tal como nos tenían acostumbrados. El mismo esquema se repita en otros temas, como “Fue”, sometiendo al oyente a una tensión emocional que se va calentando sin llegar nunca a alcanzar el punto de ebullición. Líneas de sintetizador toman el control, creando un ambiente inquietante, chirriante, mientras la voz de Martí Perarnau va escupiendo las sílabas a un ritmo repetitivo, como si quisiera empujar a la sección rítmica más y más arriba. Esa es, de alguna manera, la tónica general del álbum.

Hay, sin embargo, momentos para dejar de contener la respiración y soltarse. El tema que da título al álbum tiene un estribillo potente y un ritmo más bailable, además de un sorprendente falsete algo tímido pero que revienta en mil colores con la casi discotequera “Nuevas ruinas”, que parece obra de Mika o Scissor Sisters. También hay otros momentos para la introspección, como en “Perro negro, S.L.”, donde la electrónica casi desaparece para dejar el protagonismo al piano, dejando más en primer plano unas letras que empiezan a volverse explícitas de una manera turbadora, un proceso que culmina en “Sucumbe el Universo”. La canción que cierra el álbum, “Reunión de pastores, ovejas muertas”, funciona como una especie de epílogo experimental en el que se repasan todas las facetas de Mucho, las viejas y sobre todo las nuevas. Las más interesantes, por cierto.

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