Ojos de Brujo – Sala República (Valencia)

La situación tiene danger, mucho danger: Ojos de Brujo van a culminar en Valencia un año repleto de suerte y una gira Calé-Barí 2002 que les ha llevado por toda la península sin tener ni un solo minuto para descansar. Y es que desde que emprendieron su andadura independiente con su propio sello La Fábrica de Colores todo el trabajo es doble y el resultado todo un éxito.

A pesar de que el tiempo no acompaña y de que el recinto se queda pequeño, ya pueden escucharse aires de fiesta en cuanto los teloneros arrancan con su rumba pegadiza y alegre, muy a juego con lo que se nos vendrá encima un poco más tarde. La sala es una olla a presión que parece no dar cabida para un evento de tales dimensiones pero esa noche harán el agosto ya que se ha agotado la venta anticipada y la taquilla tiene una cola más larga que la de Springsteen.

Y por fin salen al escenario, entre gritos y aplausos, los verdaderos protagonistas de la noche para hacer repaso de dos discos (Vengue y Barí) que aún siendo muy distintos entre sí, no dan lugar a preferencias ni a discusión alguna. Sobre las tablas no falta nadie, tenemos a toda la família reunida por Navidad y a algún que otro invitado de excepción como el primo o el hijo de Loli (corista y bailaora), que se marca un solo de timbales nada amateur. Con Panko a los platos todo es diferente: los temas del Vengue llevan scratches adicionales y además ejerce de showman a la hora de presentar al grupo o de sustituir a Dani “Macaco” en canciones como “Ná en la nevera” o la que se ha convertido en el himno del grupo a partir de esa noche, “Purioletano”.

El contacto entre grupo y público es total ya que no hay vallas de protección (a veces me pregunto de quién nos protegen) y los hay que incluso se atreven a hacer mosh con tanto “hip-hop flamenquillo” (para todas las quillas y quillos). Los ánimos del respetable (como diría Rojiblanco) no cesan, y es que ese fin de año y conciertos ininterrumpidos no tienen que acabar aunque el cansancio hace mella en los músicos y se despiden tras casi dos horas de ritmo, baile y mucho buen rollo. Al que aún le queda cuerda para reto es a Panko, que ejercerá de discjockey durante las próximas horas.

Ahora sólo queda aventurarse hacia el backstage para felicitar entre preguntas y risas a una formación que se ha consolidado en este año y que se ha desmarcado de la incómoda etiqueta del mestizaje fusionando estilos tan variados como la rumba, el flamenco, el hip-hop e incluso el funky, reuniendo a músicos de mucha categoría y a oyentes de toda clase en sus conciertos, encontrando la fórmula, encontrando una fórmula eficaz e innovadora para este experimento sonoro que es Ojos de Brujo.

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