Quinta jornada del Wintercase en Barcelona

Ya en la recta final del Wintercase 2002 en Barcelona (acabó el pasado jueves 19), llegaba la noche más intensa de las seis que se vivieron en esta ciudad: The Flaming Lips volvían al escenario de la sala Razzmatazz, dos años después de haberla inaugurado en su nueva trayectoria después de haber dejado de ser Zeleste.

Llegamos tarde y nos perdimos a Elf Power. Imperial Teen presentaron un directo muy correcto y animado, el contraste voz masculina/femenina, blanco para chicos, negro para chicas, y las rotaciones de los cuatro componentes del grupo por los diferentes instrumentos hizo que su actuación resultara muy dinámica. Su power pop guitarrero resulta bastante atractivo y agradable, aunque es música para escuchar con el volumen bastante alto y el de la sala Razzmatazz, durante todo el festival, no ha sido excesivamente fuerte.

The Czars desconcertaron a más de uno. Con imagen más de banda de música country que de grupo pop-flok, arrancaron su actuación con las canciones más melancólicas y lentas de sus trabajos. Sentado al piano, con unas grandes trenzas y camuflado tras unas gafas de sol, John Grant, el vocaclista, fue desmenuzando los temas incluídos en su último trabajo, con pocas deferencia hacia el público y sí mucho sentimiento.

Aunque estos primeros temas resultaron algo monótonos, pronto vinieron las canciones más guitarreras, y la gente se animó más. La sala estaba ya prácticamente llena, y el calor que se deprendía del público ayudó mucho a que el concierto acabara por todo lo alto, con la preciosa Drug en los minutos finales.

Y bueno. Flaming Lips arrasaron. A pesar de los problemas técnicos. A pesar del corte de ritmo en la actuación. A pesar de ver por enésima vez a Wayne Coyne mancharse la cara con un líquido de color rojo, a modo de sangre. Pero eso no importó. Venían a presentar Yoshimi Battles The Pink Robots, un disco repleto de preciosas composiciones y sonidos muy trabajados, y que sonó en Razzmatazz con toda su magia y esplendor.

Y es que más que un concierto, la actuación de The Flaming Lips fue una fiesta. Confeti, osos, tigres y elefantes saltando por el escenario (dos de los osos y el elefante eran el batería, el guitarra y el teclista). Incluso cantaron el “cumpleaños feliz” a un tal Marcel, que ese día cumplía años. La conexión que se estableció entre el público y la banda fue total, hasta tal punto que el Steven Drodz, el batería, acabó en la pista de Razzmatazz, abrazando y dando besos al público, mientras que Wayne cantaba un villancico bajo una nevada de confeti.

Y entre tante fiesta, grandes canciones con efectos luminosos y sonoros (el ya famoso gong de Wayne y el megáfono, por ejemplo). Temas de sus dos últimos y exitosos trabajos, como “Yoshimi Battles the Pink Robots” o “Do You Realize?”. Increíbles momentos que confirmó a The Flaming Lips como una de las grandes bandas americanas del momento. Sus ganas de pasarlo bien y de hacer que el público se lo pase bien son admirables. Ojalá no tardemos demadiado en volver a tenerlos por aquí muy pronto.

Anécdota de la noche: invasión teletúbica del escenario por parte de los chicos del grasa-e-zine. En definitiva, una fiesta por todo lo alto acompañada de la mejor música. Lástima que el concierto resultara tan corto. Todos nos quedamos con ganas de mucho más.

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