Placebo – Sant Jordi Club (Barcelona)

Sudoroso, agotado, afónico y feliz. Así acabó el público que se dio cita ayer en el Sant Jordi Club de Barcelona para una noche de rock, guitarras y sonido atronador.

La primera banda en subirse al escenario fueron los barceloneses The Last Three Lines. Con una actitud inmejorable y un sonido impecable, se mostraron sueltos y cómodos ante una sala que ya estaba medio llena. Presentaron temas de su primer largo You are a deep forest y de su EP, y desde que arrancaron con “A Prison with views”, pasando por una psicodélica “Interludio” hasta cerrar fabulosamente con “Crows”, tras treinta minutos de set, dejaron muy claro que había salido a convencer. ¡Y vaya si lo hicieron!

Pero el peso pesado de la noche eran el trío Placebo, convertido en sexteto para el directo (con la ayuda de Bill Lloyd, Fiona Brice y Nick Gavrilovic). Y así, al aparecer sobre el escenario fueron recibidos con un rugido ensordecedor del público que abarrotaba la sala. Fue empezar a sonar “For what is worth” y desatarse la locura, la gente coreaba a voz en grito y no dejó de saltar y aplaudir en la hora y media que duró el concierto.

Los de Londres basaron el set en sus dos últimos trabajos, Meds y Battle for the Sun, de los que cayeron “Speak in tongues”, “Breath underwater”, “Devil in the details” o los propios temas que dan nombre a los discos. Aunque para los fans más mayores tuvieron detalles como “Special needs”, “Teenage Angst” o “Every You Every Me”, que enloqueció (más aún) al auditorio. Gran momento con “Song to say goodbay” en la que los cantos del público ahogaron la voz del propio Molko. Menos memorable la versión, algo simplona, de “All apologies” de Nirvana, a la que le faltó nervio. Dejaron para el final “The Bitter End”, con la que se despidieron momentáneamente para volver a rematar la faena en un bis con “Trigger happy”, “Post blue”, “Infra red” y “Taste in man”.

No se puede negar el magnetismo de Brian Molko en el escenario, sobre el que se mueve como pez en el agua, con aplomo y soltura, con estudiada naturalidad y con speeches perfectamente calculados. Y es innegable la fuerza del directo de los británicos, con la dosis justa de espectáculo, interpretando impecablemente y sonando perfectos (o casi, porque el violín y algunos coros fueron casi inaudibles). Y si le tenemos que poner alguna pega, o más bien una apreciación subjetiva, aquellos que les siguen desde sus inicios echaron de menos unos cuantos temas más de sus dos excelentes primeros trabajos. En todo lo demás, Placebo dieron, con creces, incluso más de lo que el público esperaba.

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