Sexy Sadie – Sala Caracol (Madrid)

Llevamos en Madrid 9 jornadas grises. Las noches y los días. No llega a llover (y si lo hace es débilmente, como con miedo), pero las nubes son gruesas y apenas hay sol. El lunes me dijiste que tu novia te quería dejar. Que ya no se sentía especial ni fascinada por tu sonrisa de actor de los años 40. Yo te dije que no, que sólo era una amenaza para que te pusieras las pilas, para que la sacaras a cenar al chino de Moncloa (menú copioso por 5 euros), y para que la llevaras a algún concierto bonito. No me hiciste caso. Te encerraste en tu habitación a llorar y escribir poesías malas como el demonio. Pero el viernes en la cola de la sala Caracol nos sobraba una invitación para ver a Sexy Sadie presentando Lost & Found. Y la llamaste. Y vino corriendo. Lástima que al esperarla os quedarais fuera junto con otra mucha gente. Pero no pasa nada, te cuento cómo fue.

Jaime, como siempre, estupendo. Su voz lo inunda todo y hace de cada canción un mundo de registros y de sensibilidad. Tiene carisma y un modo de interpretar los temas único y especial. Carlos, cada vez más, llevando el peso de las guitarras en Sexy Sadie, arreglando con mesura y calidad. Toni estupendo. Fue el sonido del bajo lo que menos me gustó. Pero fue un concierto bonito, intenso, en el que los mallorquines hicieron concesiones al pasado con “Stay Behind Me” (incluido en el que para mi ha sido su mejor disco, aquél irónico y luminoso “Its beautiful, its love”), o “No Matter how, I feel so fine”, del que había sido hasta la fecha su última entrega discográfica. Es verdad lo que dice todo el mundo de que se nota que el single Dream Covers con versiones de Talk Talk, Depeche Mode o David Bowie les ha influido, sobre todo en temas como “Feel no sorrow”. Las nuevas canciones suenan más descansadas, no hay apenas cuerdas ni pomposa instrumentación. Son los propios temas los que se relajan o aceleran mediante las guitarras. No hay samplers. Hay más desnudez y sencillez. Y los temas en directo me gustan más que en disco, quizás porque a la producción le falte un poco de suciedad (sólo es mi humilde opinión).

Sé que te hubiera gustado “Always Drunk” y “I do” (la mejor del disco). Hubieses saltado con “Tale from me”, distorsión y energía. Y aunque el single no nos gusta nada, fijo que me hubieras mirado para cantarla juntos. En los conciertos de Sexy Sadie siempre nos sucede lo mismo. Nos ponemos delante como quien no quiere la cosa. Miramos por encima del hombro a la gente nueva y nos sentimos viejos, gárgolas del pasado indie, de los 90, cada vez más lejanos. Pero cuando empiezan a tocar saltamos y nos reímos como antes, como cuando teníamos 17 y sonaba “In the water” y nos hacía flipar.

Al salir del concierto me dijiste que ella se había ido, para siempre, que se estaba enamorando de un camarero de Malasaña. Yo te di la púa de Carlos, amarilla y gruesa, me sonreíste y empezaste a cantar “Bye, Bye”.

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