Superchunk + The Ships (Sala But) Madrid 04/07/19

Mi compañero Raúl Julián decía no hace mucho tiempo en una entrevista a Superchunk que pueden leer en estas mismas páginas que se sentía tentado por considerar el último disco de la banda, What A Time To Be Alive (2018), como su mejor trabajo. Y la verdad que no seré yo quien contradiga semejante afirmación.

Los de Chapell Hill están viviendo un momento dulce que se traduce tanto en estudio –no dejen pasar su reciente colección de tomas en acústico Acoustic Foolish (19)- como en directo, tal y como pude apreciar en la gira peninsular de Superchunk a su paso por Madrid.

El indie rock norteamericano de finales de los 80’s-principios de los 90’s está completamente en boga gracias a regresos justificados y jugosos, encabezados por la segunda juventud de Dinosaur Jr. y prolongados por otros popes de la escena tales como Steve Malkmus, alma máter de Pavement, o Sebadoh. Lógicamente no es nada desdeñable señalar a Superchunk como otro nombre en mayúsculas al que subir a ese carro.

Abrieron la velada los gaditanos The Ships, con el ínclito Paco Loco a la guitarra entre sus filas. Ofrecieron un enérgico show que basculaba entre el power pop encendido de The Posies y el lado más pulido de Drive By-Truckers. Un concierto que fue creciendo en intensidad y que supuso una manera perfecta de prepararnos para la celebración colectiva que suponía el regreso de Superchunk a nuestros escenarios (de la mano de SON Estrella Galicia).

El jueves no estábamos allí para ver a Superchunk. Entiéndanme: estábamos allí para rendir homenaje al espíritu de una época; a las guitarras flamígeras y bonitas a la par que labraron la última década gloriosa para el rock en cada una de sus facetas.

Disfrutar de Mac McCaughan dando botes sobre el escenario desde el minuto uno mientras atacaba “What a time to be alive” supuso una conexión inmediata traducida en una fiesta hermanada público-banda que ya no se detuvo hasta el final. Es probable que su voz sonara algo sepultada en las primeras canciones, pero el ímpetu guitarrero y la eficaz labor rítmica del combo paliaron este desliz sonoro con creces.

“Reagan Youth” y “Lost my brain” fueron la siguientes canciones en sonar, justificando la confianza ciega que Superchunk tienen depositada en su último trabajo, si bien el momento más celebrado y redondo en ese sentido lo obtuvieron con la inapelable “Erasure”.

A destacar también otros instantes como la inmediatez eléctrica de “Detroit has a skyline”, la preciosa “Just a fool”, la épica lo-fi de “The first part” o la desatada “Hyper enough” antes de un bis culminado por ese himno inmortal y rabiosamente adolescente que es “Slack motherfucker”.

Victoria aplastante de la vigencia más insultante sobre la nostalgia más apocada. Y yo que lo celebro.

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